Carretera hacia el río

Relato inspirado en canciones del músico estadounidense Bruce Springsteen. "The River" y "Thunder Road" son algunas de las protagonistas.

A veces, en mis días menos lúcidos o más difusos, todavía me permito sentarme en la parte delantera de mi jardín, desde donde se divisa toda la carretera que recorre nuestro pueblo, que termina en una especie de portal hacia la nada y hacia todo lo demás. Allí, sin pensarlo demasiado, vuelvo a recaer y a revolverme en el lodo de mis recuerdos, aquellos en los que todavía soñaba con coger a Mary de la mano, subirnos en mi coche y lanzarnos por esa larga carretera con las ventanas abiertas y su vestido ondeando en el viento.

Después vuelvo a casa, donde las cosas no han cambiado nada desde que tengo uso de razón. Vivimos en un pequeño mundo en el que todo se mantiene siempre igual, donde no hay lugar para correr por las calles sin pensar en nada. En este mundo es obligatorio tener consciencia de dónde estás antes de que todo te arrase. A nosotros, de hecho, todo nos arrasó. Conocí a Mary en el instituto, y siempre solíamos soñar con ser libres, con llegar todo lo alto que nos permitiese el sentimiento que nos unía. Teníamos 17 años y éramos invencibles en medio de todo esto, de todas estas historias llenas de derrotas y de frustraciones.

Nos encantaba hablar sobre abandonar el pueblo y viajar a alguna parte donde nuestras aspiraciones pudiesen convertirse en realidad, algún lugar lejos del olor a gasolina y humo, subiendo por la Costa Este o atravesando el país para convertirnos en estrellas de cine o del rock. Mientras tanto, mis amigos del bloque, los del siguiente y los que pertenecían al pequeño ghetto negro de la manzana vecina no paraban de decirme que bueno, ya sabes, que no ella no era tampoco ninguna belleza, y yo siempre les contestaba que qué iban a saber ellos de belleza cuando, habiendo nacido aquí, ninguno de nosotros había tenido la oportunidad de contemplarla jamás. Mary y yo siempre imaginábamos que ella era la Reina de Arkansas y yo dominaba todo el medio oeste, y que juntos lo conquistaríamos todo.

Pero al final vino la vida y Mary se quedó embarazada y tuve que lanzarme a buscarme a mí mismo. Me dieron un trabajo en la fábrica del pueblo con el que al menos podría mantener a la pequeña familia accidental que había creado, y la sensación general era siempre la misma, la de estar obligado a estar satisfecho porque ya se sabe, son malos tiempos, las cosas son difíciles, es importante saber conformarse y no lanzarse a pedir más de lo que se puede tener, especialmente cuando sostienes un palacio de porcelana sobre tus hombros. En eso consiste hacerse mayor.

Así que, con los años como cura para dos corazones otrora hambrientos y habitantes de estas malas tierras recogidas a este lado de la carretera, todos esos recuerdos llegan a veces para perseguirme como una maldición. Hace tiempo que Mary y yo somos espíritus nocturnos, hace décadas que su vestido no baila y que todas las puertas hacia nuestros sueños se cerraron de golpe, levantando un potente oleaje de arena que ya impide ver el final de la autopista, haciendo que, aquí y ahora, solo exista lo que se encuentra a este lado, en el lado de la realidad, de las facturas, de las raíces que te sujetan al suelo.

Y aunque sé que no conviene recrearse en los sueños, de vez en cuando sigo volviendo atrás, al tiempo en el que me sentía eterno contemplando la impotencia de todos aquellos que la anhelaban y no podían tocarla porque ella quería estar a mi lado igual que yo quería estar al suyo. Al tiempo en el que le decía que se atreviese, que todo iría bien si conducíamos lo suficientemente rápido para que el tiempo no fuese capaz de alcanzarnos. Por aquel entonces habría escrito en la arena mil veces que Mary y yo habíamos nacido para correr, pero lo cierto es que solo habíamos nacido en América, la América del sudor y los sueños de cartón piedra.

Así que, entre todo este ir y venir de mis deseos por regresar al momento en que éramos inmortales, me revuelvo en medio de mis discos de Roy Orbison y pienso, aterrado, que quizá ya no somos tan jóvenes para viajar tan lejos de nosotros mismos. Y me pregunto, abatido, si un sueño se convierte en una mentira en caso de no hacerse realidad, o si quizá se convierte en algo peor.

Autores de este artículo

Marina Leiva

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Qualsevol Nit te informa que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Victor Parreño Vidiella como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos es para gestionar los comentarios que realizas en este blog. La legitimación se produce con el consentimiento del interesado. Como usuario e interesado te informo que los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores de  (proveedor de hosting de Qualsevol Nit) dentro de la UE. Ver política de privacidad del proveedor de hosting. El hecho de que no introduzcas los datos de carácter personal que aparecen en el formulario como obligatorios podrá tener como consecuencia que no atender pueda tu solicitud. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@qualsevolnit.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Puedes consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en nuestra política de privacidad.

Xoel López

Xoel López: “En este momento de mi vida menos es más”

En el Madrid de todas las suertes, el que araña y esculpe mientras te besa y te curte, el poseedor de un cielo capaz de hacernos encontrar lo que nos falta, nos citamos con el cantante gallego Xoel López para hablar de su nuevo trabajo, Sueños y pan (Alafonte/Esmerarte, 2017) el decimocuarto de su carrera y el tercero desde que firma con su nombre.

Suscríbete a Qualsevol Nit

¿Quieres recibir las novedades musicales de Barcelona? Apúntate a nuestra newsletter. Te enviaremos contenidos de autor y sorteos exclusivos de entradas. En primicia. Mola, ¿eh?

Qualsevol Nit te informa que los datos de carácter personal que me proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Victor Parreño Vidiella como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos es para enviarte nuestras publicaciones, promociones de productos y/o servicios y recursos exclusivos. La legitimación se realiza a través del consentimiento del interesado. Te informamos que los datos que nos facilitas estarán ubicados en los servidores de MailChimp (proveedor de email marketing), a través de la empresa The Rocket Science Group LLC, ubicada en EEUU y acogida al EU-US Privacy Shield. Ver la política de privacidad de The Rocket Science Group LLC. El hecho de que no introduzcas los datos de carácter personal que aparecen en el formulario como obligatorios podrá tener como consecuencia que no podamos atender tu solicitud. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en hola@qualsevolnit.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Puedes consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en nuestra política de privacidad.