The Sonics, Joy Eslava

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics: el sonido más sucio en la sala más brillante

Texto: Carlota Purple
Foto: SON Estrella Galicia

Es el cuarto y último jueves del mes de febrero y camino en dirección a la polifacética sala Joy Eslava. Hace frío y falta media hora para que abran la puerta, pero una tímida cola empieza a crecer y un grupo espera paralelo a ella, queriendo creer que el sold out que se anunciaba no era 100% real y que aún quedan entradas para los valientes que se atrevan a esperar con el frío de la tarde madrileña mordiéndoles los huesos. Dan las ocho y con el sonido del corazón de los incrédulos del sold out rompiéndose a mis espaldas entro en la Joy y una figura de Catwoman me da la bienvenida. De no haber sido por las chaquetas vaqueras, camisetas de rallas y camisas de cuadros que esperaban en la cola, hubiera sentido que mis Doctor Martens no estaban a la altura de la sala. Todavía impactada por la maravillosa estética que me rodea, subo las escaleras salpicadas de estrellas y observo el escenario desde un palco del antiguo teatro. La pista de baile se llena poco a poco y como quién no quiere la cosa, los integrantes de Thee Clogs salen a escena, la noche no acaba más que de empezar. El cantante patea algo que parece una caja de sonidos y el eco de unos pistoletazos inunda la sala.

Son tres, vienen de ninguna y de muchas partes a la vez, suenan sucios y aunque parecen cohibidos se nota que están pasando un buen momento. Entre los temas que se intercalan casi sin presentación, suena Maremoto que entremezcla el riff oriental (sonido que ya casi tiene la categoría de meme) con la chulería surfera, todo un acierto que podéis volver a escuchar en su bandcamp. Como si la mera mención de la palabra maremoto hubiera generado este fenómeno en la mente del cantante, las letras de las siguientes canciones se nublan en su cabeza y regala dos temas de risas nerviosas y tarareos. Este minitropiezo, que leído puede parecer grave, es el gesto que les hace quitarse la vergüenza de forma definitiva y lograr que el público se una a su fiesta. El resto de temas suceden sin aparente complicación hasta que el cantante patea de nuevo la caja de sonido marcando el fin del concierto. En base a su show podemos decir que cuando la pasta no alcanza para reponer lo que supone destrozar guitarras, darle patadas a algo es una buena forma de salir del escenario como auténticos señores. Música de ambiente y una rara pareja formada por una mujer enfundada en un traje de monja de látex y un hombre metido en lo que parece la versión BDSM de lo que vestiría un cura, pisan las tablas. Aún no han empezado a tocar y ya tienen a toda la sala mirándolos. Son The Devils y han venido a traernos sonidos cuidadosamente descuidados, ecos, poderosas botas rojas con las que golpear la batería y a un guitarrista al que el escenario se le queda tan pequeño que necesita bajar a domar la pista de baile.

Durante la solo media hora de su concierto, el dúo italiano intercala temas de sus dos trabajos Iron butt (Voodoo Rhythm Records, 2017) y Sin, you sinners (Voodoo Rhythm Records, 2017) como Put your devil into my ass, la increíble escalera de Coitus Interruptus (from a Priest) y Pray you parrots. Quitando el shock inicial que nos hace preguntarnos si lo que estamos viendo son dos personajes que se han escapado de la peli de Zach Clark, Little sister, son magia en directo. Tras tirar temas a diestro y siniestro, trepar a la mesa del técnico de sonido, abandonar una guitarra quejándose en el suelo, restregarse un dildo negro y bendecir al personal, los napolitanos abandonan las tablas ganándose un lugar en las listas de Spotify de los asistentes. La música de ambiente toma de nuevo el dominio de la sala y los pipas salen a preparar el escenario para los cinco de Washington. Tras treinta interminables minutos de preparatorios Jake Cavaliere a los teclados, Rob Lind al saxo, el joven Evan Foster a la guitarra, Dusty Watson a la batería y Don Wilhelm al bajo ocupando el lugar de Freddie Dennis, entran con impecables trajes negros.

La famosa banda de garage americano, con absolutamente ninguno de los integrantes de la formación sesentera original -formada únicamente por Andy y Larry Parypa- toman el escenario con la tranquilidad que desprenden los artistas que saben que no necesitan despeinarse para hacer enloquecer al auditorio. Suenan los acordes iniciales de Cinderella y por un momento la aparente fragilidad de los miembros del grupo desaparece y la música comienza a trasladarnos no solo a otra década, sino a un milenio totalmente diferente. Don’t you like the things I do? preguntan desde la letra de Shot Down a un público que contesta demostrando su agrado. Con la sala caldeada en tan solo dos temas, Rob Lind da un paso al frente y pide a la masa su colaboración para la siguiente canción “en el estribillo tenéis que levantar el puño en alto” y C’mon everybody, cover de Eddie Cochran, comienza a sonar.

Sugary entra suave y el grito que duerme en los primeros diez segundos de Have love will travel, genera una histeria adolescente entre los asistentes más maduros de la sala. Rob vuelve al micrófono e introduce Be a woman, de pronto es 1977 y acompañamos a los Sonics durante su gira por Australia. “Para la siguiente canción vamos a jugar a una cosa: Cuando yo diga ‘hey!’, vosotros decís ‘hey!’, ¿vale?” dice el Rob desde el micro antes de que comience a sonar Get back in the car. La sucede You’ve got your head on backwards, que suena en directo todo lo maravillosamente sucia que debe. Las chicas de Richard Berry, primero Lucille seguida por Louie, Louie salen a sonar al escenario. Concretamente la Louie, Louie que de tantos ha sido: The Kings, Toots & Maytals, Motörhead y muchísimos otros, suena terriblemente descarada, quizás como la joven que inspiró años atrás la canción. “Ahora toca una canción de coches” anuncia Rob antes de empezar a contarnos en Boss home que acaba de comprarse un par de ruedas para su coche con el dinero que gana después del trabajo que tiene al salir del colegio.

Money (That’s what I want) suena y convence al público de que aunque las mejores cosas de la vida son gratis, a veces está bien tener dinero para comprar, por ejemplo, una entrada para ver a tu banda de garaje favorita. Keep a knocking es liberada sobre el escenario y Evan Foster, que se ha pasado todo el concierto dando vueltas y bailando en solitario logra que Rob Lind se desmelene acompañándolo durante un paseíto. El grito de uno de los temas más icónicos de su carrera, Psycho, empapa las tablas y con la temperatura de la sala por las nubes los americanos abandonan el escenario. Ahora ha llegado nuestro turno para gritar y ganarnos los bises. Evan Foster sale a dirigir y tras conseguir los decibelios adecuados, los cuatro integrantes más senior de la banda bajan de nuevo y se preparan para cerrar por todo lo alto el show que todos los presentes ansiaban ver aquella noche. I don’t need no doctor, Strychnine y The Witch ponen el broche al concierto de casi hora, mientras se forma un pogo en la pista de baile. Las luces de concierto se apagan y una luz blanca los ilumina, ha llegado el momento de aplaudirlos esa noche por última vez. De pronto la ilusión de tener a cinco veinteañeros frente a nosotros desaparece y observamos con claridad, por primera vez en la noche, a la historia viviente que tenemos frente a nosotros.

Gracias chicos, ha sido una locura.

Thee Clogs, Joy Eslava

Thee Clogs. © SON Estrella Galicia

The Devils, Joy Eslava

The Devils. © SON Estrella Galicia

The Devils, Joy Eslava

The Devils. © SON Estrella Galicia

The Devils, Joy Eslava

The Devils. © SON Estrella Galicia

The Devils, Joy Eslava

The Devils. © SON Estrella Galicia

The Devils, Joy Eslava

The Devils. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

The Sonics, Joy Eslava

The Sonics. © SON Estrella Galicia

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