El amor en nueve actos (II)

Primera parte de este Amor en nueve actos.

5. El punto crítico y las dinámicas negativas – With or without you (U2)

 

Cuando publicaron The Joshua tree en el 88, a U2 ya les quedaba poco por escalar en el olimpo del rock irlandés. Con un debut tan arrollador como Boy y una consagración tan espectacular como War, el álbum de su coronación fue más ligero, algo así como un rayo de luz antes de regresar a la oscuridad en su siguiente obra maestra, un Achtung baby que siempre ha vivido a la sombra de un predecesor demasiado imponente.

Dentro de la complejidad de The Joshua tree se esconde el que quizá sea el gran éxito de la banda -con razón-, con permiso de la maravillosa One, que cubrió las paredes del Achtung baby con un atractivo comercial más que necesario. With or without you es el tema alrededor del que pivota toda la carrera de U2 a nivel conceptual y musical. Es el momento en el que Bono, The Edge y compañía pulsaron la tecla adecuada tras varios intentos muy aproximados.

El momento que describe es difícil de definir en términos de una relación, aunque sencillo de imaginar en el sentido de que no se materializa sino que se percibe, es algo que pervive a lo largo de la larga decadencia de un vínculo susceptible de convertirse en moribundo. With or without you te traslada al momento en el que el amor empieza a convertirse en algo enfermizo, algo negativo de lo que anhelas y odias formar parte.

Como siempre, es sencillo extrapolar el concepto de la canción a cualquier otro ámbito. Muchos han afirmado que el verdadero significado de With or without you es el de una conversación con algún tipo de deidad, o que simplemente es una elegía hacia la dependencia emocional. De todos modos, hay pocas canciones en esta lista tan fáciles de bajar al barro. Y es que tampoco deja mucho lugar para la duda.


My hands are tied
My body bruised, she’s got me with
Nothing to win
And nothing left to lose


6. La consciencia de lo inevitable – Late for the sky (Jackson Browne)

 

En lo que al barro emocional se refiere, de hecho, hay poca gente al nivel de Jackson Browne, uno de tantos referentes del rock suave de los 70 -Joni Mitchell, James Taylor, Carole King y cía-. Además de catapultarle al éxito, esta década tuvo un profundo impacto psicológico en Browne, quien por aquel entonces era un veinteañero sorprendentemente angustiado.

Su primer matrimonio, el cual compartió con la modelo Phyllis Major, fue el desencadenante de sus mejores obras, bien por la felicidad que le produjo en sus inicios, por el dolor de saber que se terminaba que se puede leer en Late for the sky o lo destrozado que lo dejó el suicidio de Major, ya divorciados, en 1976. De ahí salieron The pretender y, sobre todo, Running on empty. Pero esa es otra historia.

Late for the sky fue el tercer álbum de estudio de Browne, y llegó justo después de alcanzar pleno reconocimiento de público y crítica por For everyman, un disco que incluía varias composiciones conjuntas con Glenn Frey, cofundador de The Eagles y propietario de un sonido verdaderamente similar al del primer Jackson Browne. En Late for the sky, pese a mantener parte de esa esencia sureña, la melancolía se apodera por completo de sus melodías y, evidentemente, de sus letras. 

El primer corte de la primera cara del disco lleva su mismo título y recoge en sí mismo todo lo que Browne pretende contar. Mantiene una relación, una relación que entiende como inherente a sí mismo, y no es capaz de dejarla ir, pese a ser consciente de que no queda mucho por hacer en ella.

Empieza cantando:


All the words had all been spoken
And somehow the feeling still wasn’t right
And still we continued on through the night
Tracing our steps from the beginning
Until they vanished into the air
Trying to understand how our lifes had lead us there


El nudo en la garganta está patente durante toda la canción, de un modo que exhala frustración y dolor al mismo tiempo que se resigna, como siempre pasa, ante la realidad innegable de que quizá sea demasiado tarde para ese amor. Demasiado tarde para el cielo. 

7. Impasse previo a la caída – Nothing matters when we’re dancing (The Magnetic Fields)

 

Your eyes like two full moons
Than here in this poor old dancehall
Among the dreadful tunes
The awful songs we don’t even hear


De entre las 69 love songs del grupo comandado por el cantautor neoyorquino Stephin Merritt, es difícil encontrar alguna que recoja de un modo tan carnal y, al mismo tiempo, profundamente melancólico, el sentimiento derivado de ese periodo entre la toma de consciencia del fracaso amoroso y el término de la relación, en el cual existen instantes de pura adrenalina, chispazos salidos de las cenizas, que revitalizan temporalmente aquello que ya está sentenciado a muerte.

Desde su letra acongojada y temerosa a sus acordes de guitarra clásica casi desafinados y absolutamente desprovistos de cualquier complejidad, Merritt habla con el estómago de un modo que revuelve los sesos, con un estilo profundamente delicado y visceral. Y pide, por favor, que ese impulso nunca termine: “Let’s pretend this song won’t end / And we’ll never have to go home”.

8. El final – Bookends theme (Simon & Garfunkel)

 

Pero la realidad es que termina. Y si Thunder roads es la canción de los comienzos por excelencia, ninguna otra se encuentra tan cómoda hablando de finales como Bookends theme, que cierra la cara A de Bookends, el cuarto álbum de Simon & Garfunkel. A la poesía sencilla pero inmensamente bella de Paul Simon se incorpora, como en la mayor parte de las canciones de cariz acústico del dúo, la delicadeza vocal de Art Garfunkel, que colorea la narración de su compañero dotándola de vida.

Bookends theme dura apenas un minuto y veinte segundos, pero resulta ser un dardo directo al alma, un símbolo de que, si bien comenzar es algo en lo que conviene recrearse, a nadie le gusta revolcarse en los finales. Además, la letra no aparece hasta el segundo 30, y no pretende dar ningún rodeo. Simplemente apela a la nostalgia del amor perdido, ya desde la distancia de saberlo terminado. Es una visita a la tumba de una relación que otrora vivió pero que llevaba tiempo queriendo morir.


Time it was
And what a time it was, it was
A time of innocence
A time of confidences

Long ago it must be
I have a photograph
Preserve your memories
They’re all that’s left you

9. La culpa es de la memoria – If you see her, say hello (Bob Dylan)

 

Se podría decir que Blood on the tracks, de Dylan, es la materialización del concepto del recuerdo romántico. En él no hay concesiones, sino arrepentimiento, dista de aproximarse a la autocomplacencia y analiza las causas y las consecuencias de haber perdido al amor de su vida, la modelo Sara Lownds. Una vez más, la desgracia amorosa se convirtió en éxito musical.

La historia que cuenta Dylan lo sitúa meses, quizá algún año después de haberse distanciado de su mujer, y pide a su interlocutor que, como reza el título, si la ve le diga hola de su parte, además de muchas otras cosas, cosas que siempre quiso haberle dicho pero, por algún motivo, nunca le dijo. Cualquiera de las canciones del álbum sirven a este propósito, del mismo modo que lo hace My favourite faded fantasy, de Damien Rice, y tantos otros discos de artistas que observan con perspectiva sus relaciones fracasadas. La habilidad de Dylan hace que sea imposible, de todos modos, explicarlo mejor de lo que él mismo lo hace:


If you get close to her
Kiss her once for me
I always have respected her
For doin’ what she did and gettin’ free
Oh, whatever makes her happy
I won’t stand in the way
Though the bitter taste still lingers on
From the night I tried to make her stay

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