Aviador Dro: Cuarenta años navegando por el espacio

Aviador Dro actuaron en La [2] de Apolo de Barcelona. El contexto es muy distinto a los conciertos en la extinta sala Zeleste allá por 1984. Reflexionemos.
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Corría 1983, un año en que la desaparecida sala Zeleste, sita en la calle de l’Argenteria en Barcelona, era el santuario de la modernidad de la capital catalana. En ella habíamos podido disfrutar con grupos tan punteros como Derribos Arias o Golpes Bajos, auténticas leyendas de aquella época añorada por unos y menospreciada por otros. Aviador Dro actuaron tres noches del mes de enero con las entradas agotadas. Los madrileños, pioneros del sonido electrónico en nuestro país, no eran una de mis bandas favoritas, pero debíamos fichar para ponernos la insignia de modernillos, así que me dirigí a verlos y me llevé el chasco del sold out. Se convirtieron en una de mis asignaturas pendientes. Con el propósito de celebrar sus cuarenta años de vida artística, la banda está de gira y pronto lanzará un nuevo disco titulado TechnotitlanCaprichos de Apolo ha querido sumarse también a la efeméride ofreciéndoles un hueco en su distinguida programación. Treinta y seis años más tarde de aquella decepción pude escuchar por fin Selector de frecuencias en directo, ya tocaba.

La primera impresión al observar su vestimenta es que parecen llegar del rodaje de Estallido y no de un viaje intergaláctico, posteriormente la sustituirían por unos trajes rojos más modernos, quizá una metáfora de la evolución en el tiempo. Ese aspecto demodé puede aburrir a las nuevas generaciones criadas en un mundo tecnológicamente más avanzado, en el fondo irreal y falso, definitivamente distinto al vivido, en sus comienzos como músico, por el fundador y único superviviente de la formación original Servando Carballar (Biovac N). Mucho nos tememos que el interés por la ciencia ficción, el futurismo o el dadaísmo, lo que le empujó a formar la peculiar formación, no son motivaciones para empezar a componer música en la actualidad. Parezco una reencarnación del abuelo Cebolleta, pero a principios de los ochenta existía la sensación que un futuro mejor estaba próximo (el dictador había muerto hacía poco), el cambio se antojaba real; hoy, por desgracia, negros nubarrones amenazan con desatar una nueva tormenta, esperemos que el cielo aclare. Si anteriormente el blanco a disparar (verbalmente) eran Reagan o Tatcher, ahora les toca serlo a Trump o VOX. Nuclear sí, estuvo dedicada a esta nueva pestilencia nacida de mentiras.

Dejemos la política y centrémonos en la música. Aviador Dro están claramente influenciados por el sonido Kraftwerk y conservan todavía los siete teclados analógicos de sus principios, ese detalle no está nada pasado de moda. La manera con la que Ralf Hütter y Florian Schneider, desde Alemania, rompieron esquemas, ha sido plagiada y vilipendiada, aunque nunca superada. La técnica jamás superará al ingenio. En esos parámetros se siguen moviendo los Dro, manteniendo su espíritu pop característico. A canciones como La televisión es nutritiva, Amor industrial (inspirada en Computer love de los citados Kraftwerk) o Antimateria, les podría haber pasado una apisonadora por encima sin dejar rastro de ellas, no ha sido así. El tufillo a nostalgia es inevitable, engañando a menudo nuestros corrompidos oídos; sin embargo, y obviando la gris prestancia vocal (nunca ha sido su fuerte ni lo han pretendido), el sentido bailable de la propuesta sigue estando en boga, imprimiéndole un ritmo acelerado para contentar a la poca juventud presente en una atiborrada La [2] de Apolo. Les encantan lo que hacen y no quieren morir en este nuevo intento. Hacía mucho tiempo que no tocaban en directo y lo gozaron plenamente.

Otro abuelete Cebolleta de turno me susurra: «un poco cutres sí que son», a lo que uno le contesta: «puede ser, pero el encanto permanece. ¿No ves qué bien se lo pasan todos?».

De acuerdo, pertenecemos a la asociación ‘Adoradores del pasado sin remedio’. No obstante, por mucho que busco no encuentro nada hoy en día que me haga levantar los pies del suelo. Algo de rocanrol, quizá. Tampoco atisbo ninguna mejora en las recientes propuestas, por poco cansinas y nada atrevidas, hinchadas a modo de globo. Aviador Dro y sus obreros especializados (nombre completo que ya no utilizan) siguen teniendo prestancia y aseguran diversión, dato nada insignificante.

Es mucho comparar, pero unos cuantos seguimos prefiriendo el primer Godzilla a las nuevas adaptaciones, o la magia de Harry Harryhausen. Quienes lo quieran entender estarán de acuerdo. El dinero no crea genialidades, únicamente el cerebro.

Me saqué una espinita clavada y lo hice con mucho gusto. Los viejos amigos del espacio sideral siguen en forma. La nave es vieja y algún mecanismo está atado con cordeles, sin embargo, vuela, es lo transcendental.

He despegado con la lluvia / el viento azota mi rostro / quiero encontrarte en las estrellas / quiero verte brillar de cerca / los rayos cruzan a mi lado / saludando al aeroplano / y yo me siento una vez más / el triunfo de la creación.

(Selector de frecuencias, Aviador Dro)

Aviador Dro | © Miguel López Mallach
Aviador Dro | © Miguel López Mallach
Aviador Dro | © Miguel López Mallach
Aviador Dro | © Miguel López Mallach
Aviador Dro | © Miguel López Mallach
Aviador Dro | © Miguel López Mallach

Autores de este artículo

Miguel López Mallach

Miguel López Mallach

De la Generación X, también fui a EGB. Me ha tocado vivir la llegada del Walkman, CD, PC de sobremesa, entre otras cosas.
Perfeccionista, pero sobre todo, observador. Intentando buscar la creatividad y las emociones en cada encuadre.

Sidecar - Orville Peck

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