Raphael: El último divo

Miguel Rafael Martos Sánchez, Raphael, regresaba a Barcelona para presentar su último proyecto, ‘REsimphónico’, en un Palau Sant Jordi completamente entregado al artista de Linares.
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El tiempo cada vez parece más corto y las modas cambian sin parar, pero él sigue ahí, impertérrito, algo lastrado por la salud aunque incólume, conservando un tempo vocal milagroso. Sus devotos le siguen adorando y lloran juntos con cada gesto, con cada nota que surge de su prodigiosa garganta. Miguel Rafael Martos Sánchez, Raphael, es un mito viviente, el último divo.

A los setenta y seis años y con casi sesenta años de carrera, el de Linares sigue reinventándose y ahora se ha sacado de una de las mangas de su sempiterna camisa negra un nuevo proyecto titulado RESinphónico que es una continuación de Sinphónico, el anterior show de 2015. Lejos de alargar el truco, ha construido un espectáculo con un enorme despliegue técnico audiovisual, adaptado a la coyuntura que vivimos, en el que una orquesta (en Barcelona concurrió La Orquestra Sinfònica del Vallès) se abraza con la techno music supervisada por el prestigioso Lucas Vidal, riesgo solucionado con valentía, gusto y precisión. Un Palau Sant Jordi reducido a medio aforo, fue testigo de otra gran noche.

El director alza la batuta para que los profesores interpreten Yo soy aquel a modo de introducción. En medio de los acordes aparece la estrella desde la derecha del escenario, vestido con frac de fantasía, camisa y corbata negros, luciendo esos inimitables y altivos andares. El público le recibe puesto en pie, con la emoción a flor de piel, igual que siempre. Comienza la liturgia.

Antes de atacar su repertorio más famoso Raphael interpretó cinco de sus últimos temas, la mejor manera de demostrar que no estaba en escena para que le rindieran honores sino para jugársela otra vez, como en toda su vida. Su voz titubeó en los primeros compases de Infinitos bailes, pero al entonar Igual (Loco por cantar) empezó a calentarse; al sexto tema ya estuvo en plena ebullición.

Igual, igual que ayer pero más fiero, pero más tierno, con más verdad. Con más dulzura que veneno y algo de miedo pero igual, igual, igual de loco por cantar

Versos definitorios de su actitud, compromiso y la felicidad sentida al pisar un escenario, satisfacción que le late en el corazón, contagiada a todos los presentes cual virus incurable. Tiempo detenido.

Sin renunciar a sus gestos habituales, a esos mutis arrogantes tan característicos, Raphael se mostró algo más comedido que antaño, dio la impresión que le preocupa más la faceta de cantante, quizá le empuja la inseguridad de modular actuando, arte perdido en el que siempre ha sido referente. En casi dos horas y media de actuación cantó, apenas sin descanso, más de una veintena de canciones, ninguna de la que no podamos hablar: un guiño, una nota alta aquejada, bellas pausas entre frase y frase, algún desliz, todo mereció atención. Podríamos destinar páginas y páginas para describirlas, no se asusten lo resumiremos.

Hace cinco años asistimos a su actuación en Els Jardins de Pedralbes. Podemos asegurar sin temor a equivocarnos que pasado un lustro el estado vocal ha mejorado, asombroso. Brillante en las notas agudas y muy delicado cuando se trataba de recogerse. En esos espacios íntimos ofreció lo mejor de sí. Preciosista en Estuve enamorado de ti (arreglos evocando a Eleanor Rigby), sensacional en Piénsalo, aislado con el pianista aunque rematado con una coda orquestal (en ella acabó vaciando un vaso con agua lleno de rabia) y rotundo en Sí, pero no, o gigantesco en Cuando tú no estás, una de las maravillosas composiciones del maestro Manuel Alejandro (al finalizarla el respetable puesto en pie le ovacionó hasta el paroxismo, de los ojos del artista brotaron lágrimas, no parecieron falsas).

Digan lo que digan, Mi gran noche, Yo soy aquel y por supuesto Escándalo, fueron tratadas con contundentes arreglos Dance, nada frívolos; mientras que Provación, Volveré a nacer, Los hombres lloran también y Ámame, fueron, a mi entender, lo mejor de la función, Raphael en estado puro.

Debíamos ser escuetos, sin embargo no podemos obviar temas del calado de En carne viva, Qué sabe nadie (y qué le importa nadie) o Como yo te amo, tres piezas angulares de su carrera, inmensa presión sentimental.

La voz de Carlos Gardel surgió de un viejo aparato de radio para juntarse con la suya, homenaje merecido y brillante conjuntado seguidamente con Malena canta el tango, dos interpretaciones de enjundia. El recuerdo a Violeta Parra y Salvatore Adamo aparecieron en Gracias a la vida y La noche (La nuit), ésta en versión apabullante.

En una actuación para el recuerdo, aparecieron algunos lunares. Fallaron el bolero Adoro (Armando Manzanero), gritado en exceso, la innecesaria La quiero a morir (Francis Cabrel) y la horripilante El tamborilero, muy bien acogida (ya se sabe, llega Navidad), villancico transportador a tiempos poco memorables. Nadie es perfecto, el cantante inventor del factor PH, tampoco, aunque a ratos lo parezca.

A Raphael se le pueden reprochar muchas cosas: su pasado en blanco y negro, la auto parodia en la que se convirtió durante un periodo o ese histrionismo odiado por muchos. En cambio nunca se le podrá criticar su honestidad, su conocimiento del oficio, el arte en la interpretación y el respeto que demuestra por su trabajo y sobre todo hacia el público que paga una entrada, nunca defrauda.

Raphael fue, es y será un astro total, digan lo que digan los demás.

Raphael. Foto © Marina Tomàs
Raphael | © Marina Tomàs
Raphael. Foto © Marina Tomàs
Raphael | © Marina Tomàs
Raphael. Foto © Marina Tomàs
Raphael | © Marina Tomàs
Raphael. Foto © Marina Tomàs
Raphael | © Marina Tomàs
Raphael. Foto © Marina Tomàs
Raphael | © Marina Tomàs

Autores de este artículo

Marina Tomàs

Marina Tomàs

Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.

Sidecar - Camellos

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1 comentario en “Raphael: El último divo”

  1. Muy completa su cronica desde Barcelona.Fotos muy bellas que ilustran su critica.Aca en Caracas tenemos demasiados años sin poder disfrutar de 1 Raphael en vivo y por los vientos que soplan como que mas nunca lo podremos disfrutar.Mi primer concierto a lo grande fue en el teatro Español del Paralelo barcelones y por supuesto la primera vez jamas se olvida ! ! ! Saludos desde la abandonada venezuela,

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