Música de verano, ¿a qué han sonado los tuyos?

Verano, la estación donde quien más o quien menos, puede disfrutar de un pequeño respiro en forma de vacaciones. Verano, tiempo para detener el reloj, para viajar, descubrir y saborear cosas nuevas. También aquellas canciones o artistas que nos acompañan en los meses calurosos. ¿Qué música suena en vuestro verano?
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Los veranos siempre han sido de helado de turrón. De lecturas, sobre todo policíaca, y de música. De melón y sandía. De Belalcázar, en Córdoba, el pueblo de mi padre. Al menos lo fueron hasta que dejaron de serlo. Hasta el instituto, la universidad. Hasta que creces y te apetece hacer otras cosas. Aún recuerdo a mi abuelo Antonio cortando una tajada de melón mientras estaba sentado debajo del olivo que plantó cuando nació mi padre en el patio de la casa. Me lo ofreció, estaba fresquito. Me preguntó que qué me parecía. Le dije que sabía a pegamento y medio. Se rió. Mucho. “¿Pero tu has comido alguna vez pegamento y medio?”, me preguntó. La respuesta es no, pero sabía igual que olía el pegamento. Ya sé, ya sé. Es una tontería. Es el único recuerdo que tengo de él y quizás el más vivido de mi infancia. Yo era muy pequeña. Murió pocos años después. Pero durante muchos años el melón me supo a pegamento y medio.

Mis veranos han sonado a muchas cosas. A Triana y El Cabrero cuando íbamos en coche rumbo a Belalcázar, el pueblo de mi padre.

El verano sabe a cosas diferentes. Pero también suena a cosas distintas. No siempre suena igual. Muchos seguramente tendréis una canción del verano, esa que escucháis y os hace recordar momentos vividos. No la típica canción que las discográficas se sacaron de la manga para ganar dinero. Eso es otra cosa en la que mejor ni entramos.

Mis veranos han sonado a muchas cosas. A Triana y El Cabrero cuando íbamos en coche rumbo a Belalcázar, el pueblo de mi padre. Horas y horas de carretera desde Barcelona o desde cualquier lugar en el que ese año estuviera mi padre trabajando. Veranos en movimiento. Años después, esos mismos viajes sonaban a Alice in ChainsL7Nirvana o Pearl Jam. Mis pobres padres aguantaban estoicos nuestros cassettes, los míos y los de mi hermano Toni, compartidos con los suyos, por supuesto. El Cabrero seguía ahí, también Triana, Ana Reverte y muchos más.

Luego llegó el walkman. Bendito sea. Porque en el pueblo, el verano eran siestas silenciosas y ahí la música brillaba por su ausencia. ¡Hasta que llegó el walkman! Reconozco que nunca he sido capaz de echarme la siesta. Me ponía a dar vueltas en la cama y no había manera. Así que las tardes eran de pelis en la tele, lectura, el Cluedo o jugar a las cartas. Pero sin hacer ruido, claro. Si todos dormían, eran también de música en el walkman.

En el pueblo de mi padre había solo un heavy y era un tío evidentemente. Así que mi hermano y yo con nuestras camisetas negras de Iron MaidenMetallica o Guns N’Roses llamábamos la atención. Y si eras una chica, más aún. Así me reconoció una amiga que hice allí, Paula, una prima de una prima con la que compartimos cassettes. Era superfan de Sheryl Crow y No Doubt. Por fin algo de música que no era lo que todo el mundo escuchaba. Las noches de esos veranos sonaban a pachanga y a música típica de fiestas de pueblo. Horror. Aún me sangran los oídos. Si un día hubieran puesto en uno de esos chiringitos a L7 me hubiera muerto del gusto. Evidentemente, nunca pasó. Ya me hubiera gustado a mí. Lo salvaban mis primas y mis primos con los que nos reíamos hasta reventar. Eran lo mejor del verano.

Mi primer concierto en el pueblo fue uno de Mecano. Como el primer concierto al que he ido en mi vida. También Mecano en una fiestas de verano, bueno finales de agosto, principios de septiembre, pero en mi Santa Coloma natal. Fuimos con mis primos Susi y David, ¡no nos dejaban ir solos! Que emoción el primer concierto. En el pueblo creo que fuimos todos los primos y primas en tropel sin padres. En los pueblos los niños y niñas siempre tenían más libertad.

Recuerdo ver a El Cabrero en las fiestas de Belalcázar con mis padres. Y a Loquillo, que se hizo el borde con una pobre niña fan que le pedía un autógrafo. El verano eran mis tías y sus historias. Madre mía que risas nos echábamos y que bien comíamos. Lo que más me gustaba eran la comidas en familia todos juntos. Las anécdotas. Las visitas al castillo. Las aventuras con nuestros amigos del pueblo. La lluvia de estrellas. Ver las Perseidas o lágrimas de San Lorenzo. Nada que ver como se ven las estrellas en el pueblo a lo que vemos en la gran ciudad. Cuando volvíamos de juerga a las tantas de la mañana y aún era de noche, me gustaba mirar al cielo y observar. Era y es un espectáculo precioso.

No sé si os pasa pero me he dado cuenta que la música que escucho en verano no es la misma que la que escucho en invierno.

Luego empecé a viajar y se acabó el pueblo. Nuevos destinos, nuevos rumbos. Nuevas músicas. Aunque reconozco que viajo más fuera de temporada, algún viaje siempre hago en verano y conmigo siempre llevo lectura y el ipod. No faltan.

No sé si os pasa pero me he dado cuenta que la música que escucho en verano no es la misma que la que escucho en invierno. No me había fijado hasta que se lo oí decir a Henry Rollins en su programa de radio. Para él hay música que escucha cuando hace frío y los días son cortos y música para los días cálidos y largos. Y la verdad es que creo que me pasa lo mismo y no me había dado cuenta. Lo pensaba el otro día mientras hacia zafarrancho de limpieza en mi habitación. Me puse un directo de Nico titulado Heroine grabado en 1980 en el Manchester Library Theater. La voz de Nico te atrapa, no cuesta sumergirte en ella, era casi como un mantra. Pensé que podría usar el disco para hacer yoga tranquilamente. Hacía calor, ese calor que parece que te ralentiza el cuerpo, y creo que se adapta mejor a un tipo de música más tranquila. No es que no me de por ponerme a Joan JettTomahawk o Le Butcherettes a toda leche, pero creo que el cuerpo me pide más cosas como WaxahatcheeDave Simonett o I’m With Her.

Mi último verano antes de este tan raro sonó a Wilco. Sin duda. Sonó a Solid Sound, el festival que organizan en North Adams. Y también a toda la música que descubrí allí desde Rough Francis pasando por Mellotron Variations hasta OHMME. Sonó a EEUU, sonó a Nueva York, sonó a música compartida con amigas y amigos. Fue tan diferente de este verano raro y extraño que estamos viviendo.

De momento, suena a Linda Guilala, con los que acabo de reconectar gracias al programa de Henry. Les perdí la pista después de que se separaran Juniper Moon, el grupo anterior de sus miembros. También suena a Scandal Jackson, el grupo de mi buen amigo Fredi que han publicado un disco la mar de interesante llamado Malnombre. Es lo que estoy escuchando más estos días. ¿Y vosotros qué? ¿A qué suena vuestro verano?

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