Concierto de The White Buffalo en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Concierto de The White Buffalo en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch FOTO: MARINA TOMAS ROCH

The White Buffalo: Bramidos y susurros

La sala Razzmatazz de Barcelona albergó uno de los conciertos de la gira de presentación de 'On the window’s walk', el más reciente trabajo del bardo de Oregon Jake Smith “The White Buffalo”.

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Por su contrastada calidad como compositor, cantante y guitarrista, Jake Smith “The White Buffalo” no debería haber necesitado los auxilios de la diosa Fortuna. Sin embargo, en 2010, le apareció dicha deidad, en forma de abogado, para lanzarle un cable, a la postre definitivo en el devenir de su carrera.

Corría la tercera temporada de Sons Of Anarchy (Kurt Sutter, 2008-2014) cuando a su letrado (en esos años Smith no tenía representante ni compañía discográfica) se le ocurrió hablar con el supervisor musical de la serie. Creía que las canciones cuajaban con el producto y logró venderles la moto (nunca mejor dicho). Desde ese momento, el camino del Buffalo se allanó y ya nadie puede desasociar su nombre de la epopeya motorizada.

Pasadas un par de décadas y con un bagaje que incluye discos tan trascendentes como Once upon a time in the west (2012) o Shadows, greys, and evil ways (2013), grabó, en tiempo de pandemia, On the window’s walk (Snakefarm Records, 2020), trabajo producido por Shooter Jennings donde se manifiesta que la oscuridad y la luz pueden convivir si son tratadas con belleza. Un puñado de intensas melodías que, por fin, podríamos disfrutar en directo.

Ellas serían protagonistas, pero el ansia residía en escuchar aquellas que iluminaban las correrías de los personajes de SOA. Los silbidos del búfalo llegaban al Poble Nou.

Dominio del tempo

 

Las virtudes de The White Buffalo (apodo místico escogido al azar) son numerosas, no obstante, la que más sorprende en directo es la facilidad con que permuta el compás sin apenas alterarse: de la grandilocuencia a la hondura, del bramido al susurro. Capaz de iniciar un concierto en modo aguerrido con Problem solution y One lone night, bajarle el ritmo, a esta, en la coda y encadenarla con la sedosa The drifter, la cual aceleró en el cierre con el propósito de que la subsiguiente y rabiosa Rocky no se sintiese descolgada; asombroso.

El contraste entre elevación y descenso fue manifiesto durante todo el set, propiciando que la atención del público no decayera, anzuelo nada dañino y truco de altura, sin ases escondidos en la manga. En el binomio Set my body free y la grandiosa Oh darlin’ what have I done (las dos incluidas en la bso de SOA) esta habilidad, intransferible, lució en su máxima amplitud; primera explosión jubilosa de los fans que casi llenaron la Razz.

Al melenudo story teller, quien fue escudado por una vibrante banda de tan solo dos elementos (guitarra, bajo y concisos apuntes de teclado) y lució una T-Shirt de Melvin Tillis (símbolo del Outlaw Country) se le ha comparado, vocalmente, con Cat Stevens, Eddie Vender (Pearl Jam) o Johnny Cash. Jake Smith, con toda la razón de este mundo, prefiere que le asocien con Richie Havens. Si les apetece, pueden escuchar Follow, solemne pieza del cantautor de New Jersey y deleitarse, posteriormente, con Love song #1 o cualquier medio tiempo de nuestro protagonista, las similitudes son evidentes.

Antes del anhelado sprint final, encadenó Sycamore (retorno a los giros rítmicos), Stunt driver (poderoso diálogo junto al baterista Matt Lynott), la delicada Into the sun (introducida por sus típicos silbidos) y No history (novedosa pieza rockera).

Historias de SOA y caminos del oeste

 

No nos engañemos: la mayoría de los presentes fueron a disfrutar con los sones de los hijos de la anarquía, Smith no les defraudó.

El festín lo inició con la gloriosa Come join the murder (recibida cual himno) agrandándolo con The whistler y I got you, terna monumental salpicada con la trepidante Joe and Jolene y The pilot, extraída del EP The White buffalo (2006) y con la cual se encumbró a lo más alto; puro fuego.

Sin despreciar el sonido rock-country impuesto por la electricidad, nos apetecería, en un futuro, deleitarnos con un show acústico en una sala que ofreciera mayor intimidad. Pedimos quimeras, pero viendo lo que forjó con Highwayman (primer bis) se antoja un sueño excitante. Pequeño placer truncado (es un decir) por los dos últimos regalos, ya con la banda en el escenario: Damned (SOA again) y un How the West was won cabalgando a lomos de un caballo salvaje.

The White Buffalo se sobrepuso a un sonido algo apelotado, amplificado en exceso. Gracias a su talento y poderosa voz de barítono, acabó fraguando una actuación de sombrerazo vaquero.

Cantó hasta desgañitarse, aulló, bramó, silbó y hasta brindó con cerveza (bebiéndose una de un trago). El búfalo blanco demostró que, además de ser bestia escénica, es un profesional de los que no abundan.

Hoy me permito el lenguaje coloquial: Bolazo

Come join the murder, come fly with black. We’ll give your freedom from the human trap. Come join the murder, soar on my wings. You’ll touch the hand of god, and he’ll make you a king, and he’ll make you a king”

Come join the murder, The White Buffalo

Concierto de The White Buffalo en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
The White Buffalo | © Marina Tomàs
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Marina Tomàs

Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.

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