Sábado 19 de mayo. Luces apagadas. Silencio. Cuatro hombres con los ojos cerrados, inmóviles, las cabezas agachadas. De repente, una voz desgarradora acompañada por el sonido de un piano quiebra el silencio de la Sala Apolo de Barcelona. Se trata de la voz de Carolina de Juan “Nina”, la vocalista de la banda madrileña de pop rock Morgan, cantando Sargento de hierro, el único tema en castellano de su segundo y nuevo disco Air (North Records, 2018).
Cada vez que la boca de Nina emite un sonido, contener las lágrimas se convierte en un reto y la piel de gallina en nuestra única armadura, y ella, nerviosa, frotándose las manos sin parar, no parece ser consciente de lo que es capaz de inspirar con su voz: “Es un puto milagro que estéis hoy aquí con nosotros”, repite tímidamente una y otra vez. Y, aunque Morgan ya ha pasado, entre otros escenarios de Barcelona, por el Centre Artesà Tradicionàrius y por el Teatre Grec, sigue sin creérselo. Una banda que en menos de dos años y con solo dos discos se alza como la nueva promesa del indie español, al más puro estilo norteamericano y a la que el público tilda de “diferente a las demás”.
Muchos han sido los que han quedado prendados de la voz de Nina, empezando por el cantante Quique González, quien pidió a la vocalista unirse a su banda para cantar el tema Charo y que, durante su gira, decidió darle más protagonismo con De haberlo sabido. Y, cómo no, también embelesó a sus compañeros de Morgan, esos cuatros hombres cabizbajos. Cuando Paco López (guitarra) le enseñó a Ekain Elorza (batería) la primera maqueta que grabó Nina de Be a man (incluida en Air), no tuvieron más remedio que convencerla para que no se fuera a Holanda y formase una banda. Más tarde se incorporaron a sus filas Alejandro Ovejero (bajo) y, recientemente, David Schutless (teclados). “Cinco somos y cinco nos quedaremos”, explicaba Nina en el concierto.
Entre los integrantes del grupo la conexión es brutal, parece que se lean la mente. Con la balada The child nos transportaron a la América profunda, la de sonidos sureños. Pero, por supuesto, no sólo tocaron temas de su último disco, también de su álbum de debut North (North Records, 2016), pasando de la calma al desenfreno con la interpretación de Work. El espectáculo de luces verdes sumado a la potencia vocal e instrumental de todos los miembros del grupo hicieron arder la sala. Sin duda, uno de los momentazos de la noche. Y otra vez acabaron en calma absoluta con ese especial Be a man de Nina que lo empezó todo.
La conexión del grupo con el público fue a la par que la que había entre ellos. Lo demostraron al cantar todos juntos al unísono el ‘oh, oh, oh’ de Praying. Llegando al final del concierto, Nina, que había estado todo el rato sentada, oculta tímidamente tras su piano, se levantó mostrando sus pies descalzos con Flying peacefully y, finalmente, agradeció al público todo lo vivido esa noche con un efusivo Thank you. El escenario se vació.
¿Cómo nos iban a dejar con ese subidón? Sin hacerse mucho de rogar, Nina se apropió del escenario con el primer bis, un melancólico y estremecedor Volver que todos los de la sala conocían perfectamente. El segundo bis que tenían preparado era, cómo no, el ansiado Another road con el que público y músicos se pusieron a bailar. Y, para rematar la faena, nos obsequiaron con su emotiva balada de rechazo el matrimonio, Marry you. “Es un puto milagro que hayáis venido aquí. Muchas gracias”, esgrimió otra vez Nina entre ovaciones.
Autores de este artículo
Celia Sales Valdés
Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.





