Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler. Foto © Montse Melero Arjona

Pastora Soler: ¿Gloria Desmedida?

El Festival Mil·leni 2021 eligió El Gran Teatre del Liceu para presentar el que debía haber sido el primer concierto de la nueva gira de la cantante sevillana Pastora Soler. Su duodécimo trabajo, en estudio, titulado 'Sentir', recibió cobijo del suntuoso coliseo de La Rambla barcelonesa.

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Pastora Soler es una de las pocas cantantes que han sobrevivido al suicidio que representa actuar en el Festival de Eurovisión. Acabó en una honrosa décima plaza, con el tema Quédate conmigo, pequeño descalabro comparado con otros desastres por todos conocidos. Tampoco le han pasado factura sus trabajos como presentadora de TV, construyendo una exitosa carrera musical que la elevó al nº1 con La calma (Warner Music, 2017). Dos años después regresó con Sentir (Warner Music, 2019) álbum producido nuevamente por Pablo Cebrián con el que sueña conseguir un nuevo disco de oro.

Iniciada en el flamenco y tras acariciar el pop electrónico, de manos del productor Carlos Jean, la de Coria del Río se ha afincado, definitivamente, en el mundo de la canción melódica. Con todas estas prestancias y peculiaridades, volvió al escenario del Gran Teatre del Liceu, no para cantar La Traviata (su voz es la de soprano) si no para mostrarnos, en directo, sus nuevas canciones, algunas compuestas por ella misma y también las que le han aupado a su actual status. Se sube el telón. El éxito está cantado de antemano.

Emoción a raudales

 

Cuando más de dos mil personas aplauden a una artista antes de salir a escena, la jalean continuamente, haga lo que haga, la piropean con galantería, corean todas sus canciones desgañitándose y se levantan de sus asientos, al finalizar cada una de las interpretaciones, venerándola cual guía espiritual, el cronista poco puede añadir, como mucho reflexionar en voz baja.
Leyendo estas primeras líneas pueden imaginarse el alboroto que causó la presencia de Pastora Soler, un domingo pandémico de octubre en Barcelona. Probablemente no haría falta añadir gran cosa: el color de sus vestidos (blanco, negro con lunares y rojo reventón), poco más. De todos modos, nuestros lectores se merecen saber nuestra opinión (eso pensamos) de lo sucedido en esa tarde/noche de éxtasis desatado. Lo intentamos.

Caudal despilfarrado

La chispeante andaluza posee un torrente vocal como pocas, utilizado, adecuadamente, según convenga. Aunque lo exprime tanto que uno teme por sus cuerdas vocales y la duración de una carrera en mínimas condiciones deseables. Hablamos del abuso del Do, no como parte esencial de la pieza, si no para conseguir el lucimiento. Se trata de la constante búsqueda del efecto ovación, a fe que lo logra. A la Soler le agrada cantar hacia fuera, cualidad que encandila a una gran mayoría y puede exasperar a los necesitados de recogimiento y hondura, entre los que me incluyo. A pesar de ello, es absurdo no reconocer su sabiduría modulando e incluso templando cuando es necesario. El timbre es bello, el uso de la floritura, excesivo, pero nada tiene que ver con, por ejemplo, Mónica Naranjo; la clase se tiene, no se busca.

Desafíos, aciertos, emociones y banalidades

 

Un quinteto, cumplidor y flexible, que esperó el cambio de vestuario para desatar su amarrado espíritu heavy, la arropó para desarrollar un show bien facturado y variado, en el que los medley tuvieron destacado protagonismo. Acertada manera de comprimir repertorio en pos de satisfacer cualquier paladar.

Apartemos el popurrí dance, algunos medios tiempos, insustanciales, como Sentir o Amigas (las dos piezas iniciales) más una imposible versión de The Best (Tina Turner) y centrémonos en los aciertos. Muy loables estuvieron, Aunque me cueste la vida, La tormenta (arrebatadísima), La mala costumbre (dedicada a su madre, presente en la sala y a su difunto padre) la citada Quédate conmigo, el bonito tríptico Qué pequeña soy yo/A ti/Solo tú o los entrañables regalos a sus dos hijas: Estrella y Al fondo a la izquierda.

Hilvanó con eficacia la celebérrima copla Ojos verdes; entonó, por bulerías, Piensa en mí y Qué no daría yo, desbordándose en Se nos rompió el amor (terreno que pisa con firmeza), dos homenajes a la grandiosa Rocío Jurado, montaña demasiado alta para tocar cima. Cerró la borrachera con una pequeña colección de hits pretéritos, destacando Corazón congelado, curiosamente exhibida a ritmo de reggae.

Conclusiones finales

Pastora Soler es una artista de raza, comprometida (defendió al colectivo LGTBI) y una excelente profesional que se deja la piel en el escenario, estirpe rara de ver en la actualidad si no acudimos a extraterrestres como Raphael, ya al final de su trayecto. El amor y el desamor, hacia su persona, nos llega a través de los gustos que son personales e intransferibles y en los que no nos podemos entrometer.
En plena catarsis y con los promotores entregándole un ramo de rosas, el empequeñecido cronista escurrió el bulto para dejar a los fans festejar el rotundo triunfo.
El conocimiento se forja catando lo que te gusta y fenómenos más alejados de tus preferencias. Lo contrario es tan solo un homenaje a la ignorancia. Huyamos de él.

Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona
Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona
Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona
Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona
Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona
Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona
Concierto de Pastora Soler en Barcelona. Foto © Montse Melero Arjona
Pastora Soler | © Montse Melero Arjona

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Montse Melero

Hacer fotos es la única cosa que me permite estar atenta durante más de diez minutos seguidos. Busco emoción, luces, color, reflejos, sombras, a ti en primera fila... soy como un gato negro, te costará distinguirme y también doy un poco menos de mala suerte.

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