Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch

Bob Wayne: Entre amigos

Ante la inminente aparición de ’13 More Truckin’Songs’, Bob Wayne se ha lanzado de nuevo al duro y caliente asfalto. Su gira, de seis conciertos en España, comenzó en la sala Laut de Barcelona.

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El cierre de la sala de conciertos Rocksound, sita en el barrio del Poble Nou (Barcelona), provocó desesperanza a los amantes de todo lo que huele a rock serio en general. Por suerte, las promotoras hermanas Rocksound y Acaraperro continúan en su cruzada para no dejar huérfanos a los seguidores de un estilo que, como ya hemos contado en varias ocasiones, no goza del seguimiento que merecen un buen puñado de músicos de gran calado.

Como el mago que saca cosas inverosímiles de su chistera, esta pareja de tenaces inconscientes iban a regalarnos, en tan solo una semana, el placer de disfrutar, en vivo y en directo, con dos figuras fundamentales del country-rock actual. El primero, nos ocuparemos de inmediato, fue Bob Wayne & The Outlaw Carnies y, cuatro días después, subirá al escenario del Paral·lel 62 el veterano Jason Ringenberg, menú de alta calidad y sin esferificaciones.

A pesar de sus inicios metaleros, Wayne y su troupe se han ganado, a pulso, ser referentes del country más agudo y peleón que existe hoy en día. El norteamericano ha creado su particular mundo a base de historias de fueras de la ley, camioneros, bares, carreteras y hoteles, que basculan entre lo crudo y lo campechano, sin caer en lo artificial o manido.

Su nueva apuesta discográfica se titula ’13 More Truckin’Songs’ y es la continuación del celebrado ‘13 Truckin’Songs’ (Randale Records, 2022). Escuchar alguna de las nuevas composiciones y repasar sus mejores hits, eran motivo suficiente para acercarse a la sala Laut del Poble Sec, primera cita de su periplo español.

El forajido estuvo acompañado por Matt Thomas (guitarra), Sandro Pitarri (batería) y Daniel Schwarz (contrabajo). Subamos al tren.

La locomotora

 

Simulando el pitido de un viejo tren del oeste (woo woo) el extrovertido Wayne arrancó a 300 por hora. Till the wheels fall off, Hell yeah y Dope train formaron un triplete demoledor que fascinó a la concurrencia desde el primer instante. Algunos fans nunca habían pisado el Laut, pero rápidamente se acomodaron al pequeño espacio. Y es que, a los amantes del country, familia muy bien avenida, lo que les importa es escuchar esos ritmos trotones sea donde sea. Puede que el local de la calle Vilà i Vilà se convierta en su nueva casa.

Con el calor del enfervorizado público, Bob Wayne y su competente banda (percibimos algún desajuste provocado por el escaso rodaje, era el primer concierto del tour europeo) continuaron el viaje con Everything’s legal in Alabama (excelente final acelerado), Mack (historia de traficantes) y Space trucker, nombre de la gira y auténtica primicia incluida en el próximo álbum que está punto de salir a la venta.

Empezando por los títulos de sus dos últimas grabaciones y el nombre de varios de los temas escuchados como Truckin’ for Jesus, Ain’t no diesel trucks in heaven o Still truckin’, llegaríamos a la conclusión que el grandullón y simpático Wayne está obsesionado por los camiones. Hablando del tema con una miembro de la crew (que nos ayudó muchísimo en nuestro trabajo) dedujimos que, más que una obcecación, se trata de un interés extraordinario por el mundo de los camioneros, quizá provocado por las horas pasadas en infinidad de carreteras.

Como buen narrador de ficciones o de crónicas basadas en hechos reales, Wayne introduce las canciones explicando su significado. Lo hizo en My cowboy hat ain’t clean, Fuck the law (sobran los matices) y especialmente en la gigantesca Blood to dust, composición en la que nos cuenta lo que le gustaría que sucediese con su cuerpo y sus pertenencias después de morir, utilizando un tono irónico que mezcla comedia con oscuridad, rasgo característico en su manera de escribir.

La actuación mantuvo, casi siempre, un ritmo trepidante como en Driven by demons, Home (desafiando al maldito lunes) o en el colosal cierre con Spread my ashes on the highway. Sin embargo, fue en los momentos de quietud donde descubrimos la verdadera calidad de este artista auténtico que no necesita zarandajas ni trucos baratos para encandilar. Le basta la profundidad tonal de su garganta y una guitarra, solamente eso.

Se le ha situado en el subgrupo del neo-country. No se lo crean, es la enésima patraña para vender. Bob Wayne es bueno y tiene un toque distintivo que le engrandece, pero no hace nada excesivamente novedoso, el estilo tampoco lo pide. También le han comparado con Johnny Cash, en el aspecto vocal, y a Kris Kristofferson en el compositivo; aquí podríamos coincidir.

En ese espacio de hondura, destacaron La diabla, Reptile (de lo mejorcito de la noche, lo más cercano a Cash escuchado) y la fabulosa The hanging tree. Tres joyas a medio tiempo que supieron a gloria, refrendando al talento aludido.

No entraremos, nuevamente, en el cansino debate de confrontar grandes estadios con clubs de poca cabida. Cualquier recinto tiene sus pros y sus contras, lo que parece irrebatible es que la cercanía proporciona conexión con el artista y más si este reacciona positivamente a cualquier petición. Fue el caso del señor Wayne.

Al finalizar, bajó del escenario, se fotografió con quien se lo pidió y firmó todo lo que le llegó a las manos, demostrando que su categoría artística se extiende a lo humano. Por si fuera poco, en los aledaños del local, volvió a ser asaltado por otros incondicionales ilusionados, no les defraudó. Wayne desprende buenas vibraciones en todo momento; favores de tipo grande.

El recorrido de este Space Trucker será largo y mejorará prestaciones. Incluso los que puedan volver a disfrutarlo, tendrán el gusto de escuchar a Matt Thomas tocar la Steel guitar, gozada que, por circunstancias desconocidas, nos perdimos en Barcelona.

Bob Wayne se marcó un estreno divertido y poderoso que promete mejorar concierto a concierto. Persíganlo. Disfrutarán como posesos.

Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Bob Wayne | © Marina Tomàs
Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Bob Wayne | © Marina Tomàs
Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Bob Wayne | © Marina Tomàs
Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Bob Wayne | © Marina Tomàs
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Bob Wayne | © Marina Tomàs
Concierto de Bob Wayne en Barcelona. Foto © Marina Tomàs Roch
Bob Wayne | © Marina Tomàs

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Marina Tomàs

Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.

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