En los días previos al concierto que nos ocupa en esta crónica, durante esa fase que podríamos llamar “de preparación” que ocurre cuando no eres extremadamente familiar con los grupos que vas a ir a ver, he acabado escuchando una canción más que ninguna otra. La canción se llama Ben’s My Friend y habla sobre agostos lentos de veranos poco memorables, de pequeñas crisis existenciales, de restaurantes y visitas familiares y de ir al concierto de tu amigo Ben, aquel que conociste en un festival en España en el año 2000, y de la pereza que da porque pilla lejos.
Y no, ni esta canción sonó anoche ni es de Death Cab for Cutie ni de The Postal Service sino de Mark Kozelek y su banda Sun Kil Moon. Pero el Ben de la historia sí que es el mismo, subiendo de nuevo a un escenario medio perdido en otro final de verano, celebrando los 20 años del mismo disco que celebraba hace diez años, cuando Kozelek escribió esa canción.
Esta vez, sin embargo, la celebración era por partida doble, ya que en 2003 Ben Gibbard, el protagonista de esta historia, sacó los dos discos definitorios de su carrera: Transatlanticism, tótem del indie rock sentimental, tristón, un poco emo, publicado bajo el nombre de su banda principal, Death Cab for Cutie, y Give Up, única referencia de The Postal Service, proyecto de tiernas canciones pop embadurnadas en glitches y bases electrónicas creado junto a los músicos Dntel y Jenny Lewis.
El dúo de garage rock The Kills fue la banda invitada a esta especie de doble cabeza de cartel liderado por el mismo hombre. Surgidos en la misma época que Gibbard y en la misma estela de rock minimalista y agresivo de nombres como The White Stripes, su directo desecha incluso la adición de batería, optando por bases pregrabadas, la voz de Alison Mosshart y el montón de riffs distorsionados del guitarra Jamie Hince.
Puntuales, a las 20:45, Death Cab for Cutie no perdieron tiempo alguno en repasar de cabo a rabo su Transatlanticism, en su orden original, una canción tras otra, sin apenas más pausas que para saludar el público y decir el nombre de la banda (por si algún despistado no se había dado cuenta). A los 50 minutos finiquitaron el álbum para darse una pequeña pausa e iniciar el cambio entre grupos. Si no comento mucho sobre las canciones en sí es porque la diferencia con su versión de estudio fue tan mínima que el lector podría ponerse en este momento el álbum y sacar de la escucha a grandes rasgos la misma experiencia salvo, claro está, por la emoción del ambiente y de las miles de personas. Yo, personalmente, como parte neutral con respecto a este álbum, tampoco saqué mucho en ese aspecto que se pueda plasmar aquí, por escrito.
The Postal Service, por otra parte, sí es un grupo que me resulta más cercano, gracias principalmente a Such Great Heights, una canción cuya existencia recuerdo de tanto en tanto y que, con cada escucha, se confirma una y otra vez como un tema perfecto. Redescubrir las otras nueve canciones de su repertorio, primero en versión álbum y días más tarde en directo fue una experiencia más grata en la que incluso el propio Ben Gibbard parecía más inmerso, interactuando más con el público, permitiéndose pausas en las que contar breves anécdotas, disfrutando de canciones que, al fin y al cabo, llevaba diez años sin tocar. Hacia el final de la noche el cantante recordó su primer concierto en Barcelona, allá por 2003 en la sala Razzmatazz, lleno de gente bailando que quizás estaban bailando de nuevo, veinte años mayores, esta noche.
Al acabar con el frenético clímax de Natural Anthem y despedirse de los asistentes al concierto, hubo un momento de duda sobre si cabía esperar un bis de una banda conocida por un único álbum que acababan de interpretar al completo, pero la tradición es la tradición. Gibbard y Lewis reaparecieron para realizar un dueto acústico de Such Great Heights anunciado por el cantante como “una canción de Iron & Wine” en referencia a su cover de este tema, casi tan popular como la original.
La decisión de acabar con una versión de Enjoy the Silence, de Depeche Mode, juntando tanto a Death Cab como a The Postal Service sobre el escenario, aunque efectiva, se presentó como una idea algo discutible, borrando de alguna forma el impacto de lo que había sucedido apenas minutos antes y sustituyéndolo momentáneamente por la sensación de estar escuchando a una buenísima banda de covers. Qué se le va a hacer.
Autores de este artículo
Miguel Lomana
Marina Tomàs
Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.




![Black Lips, La [2]](https://qualsevolnit.com/wp-content/uploads/2018/05/180513_Black-Lips_©VPV_675-DESTACADA-768x384.jpg)
