Los programadores del Festival de Jazz de Barcelona han tenido el acierto de invitar para esta edición tan especial a tres guitarristas de postín. Pat Metheny visitó el Teatre Grec en la previa del mes de julio, la próxima semana lo hará, en solitario, Bill Frisell y, entre los dos, el virtuoso y protagonista de esta crónica: John Scofield. Un trío totémico.
En una semana en la que musicalmente sólo se habla de los ‘prestigiosos’ premios MTV y Rosalía, el legendario músico nacido en Dayton, Ohio, (obviemos comparaciones) pisó el escenario de la sala Barts para presentar su nuevo trabajo, Combo 66 (Verve Records, 2018), ofreciendo una lección magistral. No creemos necesario presentarle, aunque, por si alguien es neófito en el tema, sólo con recordar que ha colaborado con Gary Burton, Charles Mingus, Miles Davis o Jaco Pastorius, sobra cualquier tipo de comentario suplementario.
Heredero del talento de Wes Montgomery, Tal Farlow y Barney Kessel, entre otros, Scofield ha querido ir siempre un paso más allá. Por citar un ejemplo cercano, hace dos años grabó el imprescindible Country for old men (Impulse!, 2016), una selección en clave jazz de viejos éxitos de country music. Combo 66 (número alusivo a su edad actual), fue el eje central de la actuación, pero no esquivó tan señalada joya. Cerró la noche, por todo lo alto, con la balada You’re still the one (John Robert Lange/Shania Twain) y también pudimos deleitarnos escuchando la versión de I’m lonesome i could cry (Hank Williams), actualizada según los parámetros establecidos para la actual banda . En ella, Scofield regaló un solo eterno lleno de juegos mágicos. Notas afiladas, limpias, sorpresivas, repletas de acepciones distintas, narradoras de sueños impenetrables. El teclista Gerald Clayton, le secundó desde su Hammond a base de toques psicodélicos, creando nuevos caminos, bellos parajes por descubrir.
Ésa fue la tónica generalizada, un discurso musical coloreado por músicos sobrenaturales. A Clayton le acompañaron Vicente Archer al contrabajo y el grandioso baterista Bill Stewart. Atención, paren máquinas: el rubio y fino estilista no toca su instrumento, lejos de aporrearlo como muchos colegas de oficio, lo acaricia, lo abraza. Su trabajo con las escobillas, sumado a los clarividentes punteos de Scofield en I’m sleeping in, debería tratarse en las escuelas. Numerosas veces la filigrana equivale a tostón, pero en sus manos se transforma en musicalidad extrema. Baquetazos armoniosos, sí, existen de verdad. Un portento capaz incluso de componer temas en tono free experimental de la magnitud de F U Donald, pieza burlona inspirada en el presidente falaz del que todos conocemos su apellido.
John Scofield admira a sus acompañantes. Se queda embobado observando al pianista besando las teclas en Combo theme y gira la mirada escuchando encandilado el agitado bajo de Archer en Icons at the fair, un maestro en continuo aprendizaje. Simpar loco necesitado de tocar sin parar, remedio que agudiza la capacidad creadora, pues nadie improvisa sin saber, y es necesario seguir practicando. Facultad imprescindible si uno quiere evocar a Dexter Gordon (Second balcony jump), o atreverse con el blues de la añeja Green tea mejorándola aún más si cabe. Capacitado para atacarla sinuosamente en su comienzo, descontrolarla como un émulo de Jimmy Hendrix después y finiquitarla con una mansa coda conmovedora. Cree firmemente ser mejor intérprete que hace cuarenta años, nadie le puede llevar la contraria.
Charlie Parker o Jim Hall son referentes en cuanto a musicalidad, pero adora a los guitarristas rotundos, él también es un héroe estrujando cuerdas, Scofield es todo.
Veladas en las que el talento te supera, sonidos superiores, alta calidad.
El listón del festival empieza a estar alto. El desafío está servido.
Próximo capítulo: Bill Evans & Randy Brecker Soul Bop XL ft. Simon Phillips.
Autores de este artículo
Barracuda
Montse Melero
Hacer fotos es la única cosa que me permite estar atenta durante más de diez minutos seguidos. Busco emoción, luces, color, reflejos, sombras, a ti en primera fila... soy como un gato negro, te costará distinguirme y también doy un poco menos de mala suerte.





