Parejas, familias, mayores y jóvenes se apresuraban a subir los últimos escalones de la montaña de Montjuic para llegar con tiempo a su cita: volvía Maná. Siete años contaba el calendario desde su última visita, y Barcelona era la ciudad elegida para dar comienzo a la rama española de su gira de grandes éxitos: México Lindo y Querido. Un tour que viene a dar continuidad al éxito cosechado previamente en Estados Unidos y Sudamérica, y con el que también desembarcarán por primera vez en tierra inglesas, cerrando la gira en el icónico estadio de Wembley.
La formación no requiere de presentación tras casi treinta años de trayectoria, siendo una de las bandas de habla hispana más exitosa de la historia, ganadora de varios Grammys y superventas en multitud de países. Resulta inevitable no saberse de memoria, casi sin quererlo, las letras de una decena de sus temas más icónicos, al ser unos fijos de las radioformulas y televisiones nacionales desde hace varias décadas. Una banda muy querida y esperada, como nos indicaba el casi lleno que registraba el controvertido front-stage cuando todavía faltaba un buen rato para el pistoletazo de salida. Unos cuantos motivos teníamos pues, dejando de lado opiniones y gustos particulares, para no querer perdernos la cita del domingo. El griterío enloquecido al apagarse las luces nos confirmaba que estábamos en el sitio correcto.
A nuestra entrada, nos encontrábamos con la primera sorpresa, al ver a dos jóvenes teloneros de última hora en el escenario. Se trataba de Docus, un desconocido dúo pop de bases electrónicas que no figuraba dentro de la programación del concierto y que, según ellos mismos relataban sobre las tablas del Sant Jordi, estaban tocando en las calles de Barcelona dos días antes. Llamaron la atención de los Maná, que los vieron actuar mientras daban un paseo y no dudaron en invitarles a abrir el show. Un detalle que sin duda honra a los mexicanos y que los dos jóvenes músicos jamás olvidarán.
Locura desatada
Pasaban ya quince minutos de la hora prevista, cuando un vídeo publicitario de la aerolínea patrocinadora de la gira y Bob Marley a todo trapo anunciaban de una forma más que surrealista el inicio del concierto. Los imponentes golpeos y virguerías con las baquetas de Álex González arrancaban con el primer hit de la noche: Manda Una Señal. El Sant Jordi se ponía patas arriba desde el minuto cero. Seguida venía el Corazón Espinado compuesto para Santana, una fiesta rockero-latina en la que dieron muestra de un magnífico estado de forma como grupo.
Por si hubiera alguna duda, Fher Olvera nos explica la experiencia personal que da origen al siguiente clásico. No es otro que Labios Compartidos, particular Wonderwall coreado con locura por los 16.000 asistentes que llenaron el reciento. Realmente, la gran mayoría del repertorio de Maná se podría explicar de forma similar, al ser el sufrimiento amoroso el tema principal que copa sus letras. Esta característica tendencia al relato del desamor mostró su máximo esplendor con los versos de Mariposa Traicionera, la más explícita y despechada.
Numeroso público latino lucía sus banderas y respondía de forma enfervorecida cada vez que su banda los apelaba. El baile se apodero de pista y grada con Se Me Olvidó Otra Vez, seguida de una potentísima Oye Mi Amor.
En ¿Dónde jugarán los niños? el frontman reclamó a EEUU y la UE acción real contra el cambio climático, ofreciéndoles su particular receta: “fuera las fábricas que contaminan; coches eléctricos; ahorro de agua”. Una declaración a la que siguieron unos peculiares minutos, protagonizados por un elefante inflable gigante en escena y el propio Olvera simulando la polución con un lanzador de humos. La noche dejaría otras escenas bien curiosas, como escuchar al Sant Jordi gritando al unísono “litrona”, para responder a la pregunta del cantante sobre la denominación local de las botellas de cerveza grandes.
Volviendo a lo que realmente nos atañe, la puesta en escena fue simple y efectiva, apoyando con diferentes animaciones o la proyección del propio concierto el gran trabajo ofrecido por los siete músicos. El sonido fue impecable durante toda la velada y el público se rindió a los encantos su banda, a la cual es imposible negarle el mérito del notorio recital servido. ‘El Animal’ González fue el guía qué comandó las dos horas y cuarto con una precisión y fiereza digna de mención, e incluso tuvo ocasión de lucirse cantando uno de los temas. No se quedaron atrás la guitarra de Sergio Vallín o la derrochante energía de Juan Calleros y Olvera, aunque fueran irremediablemente eclipsados por el espectacular solo de varios largos minutos que el hombre a los tambores ofreció. Marca de la casa. Sin duda, un músico al que ver en directo una vez en la vida.
Cánticos, emoción y ropa interior
El set en acústico dispuesto en el centro de la pista sirvió para bajar revoluciones, sin parar de corear, eso sí, temas como la popular El Rey, El Reloj Cucú o Tu Eres Mi Religión. Durante esta última, una joven seguidora tuvo la suerte de poder sentarse entre los músicos y dedicársela a su pareja.
Las masas se apresuraron a recuperar posiciones para el himno En El Muelle de San Blas, interpretada de nuevo en el escenario principal, con atrezzo dispuesto especialmente para la ocasión. Clavado En Un Bar no permitió que el show decayera, a pesar de que empezaban a flaquear las fuerzas. Como última nota inesperada de la noche, le llovió un sostén a Olvera que, ni corto ni perezoso, no dudó en oler “para comprobar si llevaba perfume”. Constatando, ante nuestra incredulidad, la existencia de cierta fragancia mezclada con sudor, se llegaba el vigésimo y último tema.
La harmónica y los canticos del publico cerraron el show con una versión muy rockera de Rayando El Sol, dónde la emoción se apodero de todas las presentes. Mientras algunos se adelantaron para no pillar atasco, el pabellón barcelonés despidió con una gran ovación a sus héroes mexicanos. Resulta difícil escoger un punto álgido dentro del espectáculo, puesto que el nivel se mantuvo muy alto todo el tiempo. Más allá del archiconocido repertorio que la formación latina maneja – con el cual tienen el trabajo medio hecho – la autoexigencia es lo que marca la diferencia, y justo es reconocérselo. Mientras la salud les respete, no parece que vayan a tener ningún problema para seguir cosechando éxitos, a pesar de no haber publicado material en casi una década.
Autores de este artículo
Mikel Agirre
Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.





