Dice el refranero popular que “a falta de pan buenas son tortas”. Pero claro, siempre dependerá de lo buenas que sean dichas tortas. En el caso que nos ocupa, las roscas (por llamarlas de otro modo) adquirieron un gustillo y textura negroide que nuestro paladar debía saborear con pulcritud.
A nadie se le debería escapar lo que The Rolling Stones han hecho para llevar la música negra (léase blues, soul, reggae, etc…) al estatus que le pertenece por decreto natural. Ronnie Wood, integrante de la formación desde 1975, no puede obviar ese loable objetivo y con su dinámica Ammo Band y con las colaboraciones (en el terreno vocal) de Imelda May (desaprovechada) y la muy activa Chanel Haynes (corista habitual de los Stones en las últimas giras), ofrece, en esta gira en solitario, un extenso repaso a la música negroide que le ha marcado.
Wood no es un “frontman” con grandes aptitudes para ese importante cargo. Sin embargo, oculta su frágil voz con estampa de jefazo y esas tremendas dotes guitarrísticas que alguien supremo le ha otorgado. A ello deberíamos sumarle la osadía de, por ejemplo, robarle el lucimiento a Haynes para marcarse un Chain of fools (Aretha Franklin) sobrecogedor, de lo mejor de la velada.
Seguramente, el de Hillingdon, tan solo puede alborozar al público con temas de los Stones en los que participó compositivamente. En este corto viaje, aparecieron la introductoria It’s only rock ‘n’ roll (but I like it), Hey Negrita, la preciosa Honky Tonk (perfecta lectura country del clásico Honky Tonk Women), con la colaboración de una violinista o la descomunal Can’t you hear me knocking. De todos modos, el sabio guitarrista se las agenció para lograr otros momentos soberbios.
Coqueteó con composiciones propias como Show me (Chuck Berry siempre presente), la balada Mystifies me o Outlaws (Dire Straits hicieron mucho daño) y se lució con covers admirables. En el amplio apartado de versiones, destacaríamos el Am I grooving you (Freddie Scott), Take it easy (sensacional rocksteady de Hopeton Lewis), la formidable Seven days (Bob Dylan), Baby what you want me to do (Jimmy Reed), Boogie disease (Doctor Ross) o un glorioso Spoonful (Willie Dixon).
Sin el grandioso Rod Stewart dirigiendo operaciones, el señor Wood (vecino barcelonés) también quiso recordar la época Faces. De ella sonaron Flying, Ooh La La, y Stay with me, penetrante despedida.
Ronnie Wood demostró (no únicamente) en el Guitar solo de los bises, por qué el dúo Jagger/Richards lo ficharon cuando era necesario. Este tipo cuadra perfectamente con la idea que siempre han tenido The Rolling Stones: glorificar la black music.; cuentos chinos para otros.
En un Razzmataz que no se llenó del todo, el músico británico sentó cátedra, aunque su impulso de líder, obscureció a una Imelda May que quizás necesitaba más cancha. En cualquier caso el concierto merece clasificarlo con un notable alto. Un Stone es un Stone.
Autores de este artículo
Barracuda
Víctor Parreño
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