Rufus Wainwright
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Rufus Wainwright: Un bigote y sus canciones

El músico y vocalista canadiense Rufus Wainwright celebró el 20 aniversario de trayectoria musical con un extenso repaso de los mejores temas discografía.

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Un piano, una voz y un sombrero de copa. Solo eso basta para que Rufus Wainwright le calle la boca a todo el Liceu por dos horas seguidas en el marco del Suite Festival. Ese silencio solo se interrumpía por aplausos que casi eran innecesarios ante tanta admiración que se sentía. No venía solo, le acompañaban las canciones que han marcado su carrera, cinco músicos de primera y más guitarras de las que pude contar.

Voy a repetir lo que dice todo el mundo sobre este señor: lo tiene todo el maldito. Su voz, cómo escribe y la gracia con la que se planta en el escenario. Lo sé, decir esto suena a cliché. Qué le vamos a hacer.

Llegó con todo el estilo newyorkino que se carga a sus 45 años. Cargadito de plumas y lentejuelas como él mismo, cantó varias canciones que denotan una trayectoria que pocos pueden presumir tan elegantemente. Luego se fue para que todos descansáramos un poco del talento que se nos había caído encima y como quien no quiere la cosa, igual que yo me transporto del salón a la cocina, volvió para tocar todo (¡todo!) el repertorio de Poses.

La cuestión aquí es que muchos pueden llegar a cantar las canciones de antaño. Pero aquí, el señor Wainwright, no le basta y modula su voz como le da en gana. Es aquello de el ‘arte yace en parecer que es fácil’… pues más de uno salimos cantando pensando que lo era. Y según la cara de los que me acompañaron en el metro de regreso a casa me quitó la idea de la cabeza. Un error. No es fácil y menos el Halleluya.

Ya veías que su talento era de otro nivel, pero luego soltaba frases como: “le escribí una canción a mi madre Kate McGarrigle, quien era una mujer increíble pero demasiado sincera” o “una vez me dijeron que Leonard Cohen escuchó mi canción en bucle durante dos días (se ríe), mi buen amigo Cohen”. Eh, ¿hola?

Cabe destacar que los asientos estaban llenitos de fans. De esos que le acompañaron desde el inicio de su carrera. De esos que escucharon sus óperas. De esos que ya se sabían sus bromas personales como si fuese una anécdota del primo que tanto admiras. De esos que mueven la nuca como si estuvieran en un concierto de rock, solo que esta vez están en el Gran Teatre del Liceu, con un pantalón de vestir rodeado de parejas con canas y paraguas (porque supongo que a los 45 años ya ves la app del clima… ¿o el noticiero?).

Pues bien. El evento acabó con una luz morada enfocadas a un piano. Una luz amarilla iluminando su nuevo bigote. Cientos de personas esperando el inicio de la única canción que faltaba. No importaba más. Hasta que se escuchó:

Well I’ve heard there was a secret chord
That David played and it pleased the Lord
But you don’t really care for music, do you?

Que más puedo decir…

Rufus Wainwright
Rufus Wainwright | © Aitor Rodero
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Rufus Wainwright | © Aitor Rodero
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Rufus Wainwright | © Aitor Rodero
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Rufus Wainwright | © Aitor Rodero

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Aitor Rodero

Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.

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