Estrella Morente. © Òscar García
Estrella Morente. © Òscar García

Estrella Morente + Israel Fernández: Flamenco en dos versiones

El ciclo Nits del Fòrum, organizado por Primavera Sound, se embebió de credibilidad flamenca con la actuación de Estrella Morente, Israel Fernández y Diego del Morao.

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Los compadres

 

Israel Fernández y Diego del Morao son compadres y como asevera el cantaor toledano: “Quien tiene un compadre, tiene una mina”. Ese es el secreto de su perfecto ensamblaje, complicidad que no se compra con todo el parné del mundo. Ambos andan presentando Amor (Universal Music, 2020) un arrebatador trabajo en el que, por vez primera, toda la responsabilidad compositiva, recae en el ya consolidado artista gitano.

A Israel Fernández le distinguiremos, desde muy lejos, por esa melena leonina que le identifica, pero en la cercanía, su voz clara, aguda (algo más tostada con el paso del tiempo), punzante cual daga afilada, será la que nos cautive desde el primer suspiro. Un quejío inimitable que le ha convertido, con tan solo treinta años, en referente del género.

Las ocho de la tarde o noche (ustedes eligen) de un mes de julio y las dimensiones de un espacio tan desangelado como el Parc del Fòrum, no parecen las condiciones idóneas para que un recital de cante jondo llegue al fondo del alma. Sin embargo, es tanto el talento y la capacidad de seducción que atesoran estos dos fenómenos (a quienes acompañaron en las palmas y jaleos, Pirulo y Marco de Jerez) que ni un sol de justicia es capaz de derretir su duende.

Israel es elegante cantando y vistiendo: camisa años noventa, pantalones estrechos, botines y sobrios adornos de plata. Su porte cautiva y esa dicción que nos permite entender cada uno de los versos emanados, acrecienta el poder seductor. A su lado, le conduce un guitarrista exquisito, de digitalización cristalina, experto en introducir cualquier palo (Soleá del cariño, Seguiriya del desvelo) con la misma destreza y de tejer sonidos embrujadores mientras su capitán enlaza armonías poéticas: “24 horas al día, si tuviera 27, tres horas más te querría” (La amada)

Israel Fernández arriesga, no se arruga ni teme enfrentarse a un canto de levante o a espinosas bulerías. Su seguridad no le permite creer en el error. En ese sentido, la conclusión con unos sobrecogedores fandangos fue el diáfano ejemplo de esa versatilidad. Colosal, pise lo que pise.

Israel y Diego cuajaron un ‘set’ notorio que situó el listón muy alto, casi insuperable para la teórica cabeza de cartel.

Pureza y mainstream

 

Estrella Morente aceptó el reto de medirse ante el paladín de las nuevas generaciones flamencas con fortaleza y humildad. Valoró su calidad, cubriéndole de elogios e incluso le invitó a un duelo final que pareció improvisado. Un fuerte impacto de despedida aunque un poco atolondrado.

La granadina, quien apareció vestida de plata y luciendo un precioso abanico rojo, estuvo amparada por un conjunto de nueve componentes (guitarras, bajo, percusiones, teclado y coros) liderados por el veterano tocaor José Carbonell ‘Montoyita’. Grupo que a pesar de demostrar profesionalidad y fuste, acusó, en ocasiones, la exagerada amplificación sonora, pecado que le acercó al peligroso terreno de la convencionalidad.

La Morente, excelente de facultades vocales, se mostró tan altiva como empática, dominadora, hechicera y sobre todo feliz, jubilosa de pisar escenario. Fantástica en las alegrías preliminares y los subsiguientes fandangos, interpretados con sentido y firmeza.

Estremeció (únicamente apoyada por el toque de ‘Montoyita’), con unos solemnes tarantos, donde aparecieron versos de la Elegía de Miguel Hernández. Iluminada en la Habanera imposible e imponente en la copla Poema de mi soledad (popularizada por Gracia Montes) y obviamente en Volver, éxito perenne.

Si me dan a elegir (como dirían los Chunguitos), me quedo con la lectura del bolero Cuenta conmigo (Chico Novarro), estilo que le va como anillo al dedo y que quizá debería abordar con más asiduidad. Menos afortunadas fueron las sevillanas A Lola –homenaje sincero a La Faraona– aunque faltas de calidad, una especie de popurrí algo populachero.

Estrella Morente estuvo radiante. Su principal problema radicó en que un par de horas antes, pasó un tren de alta velocidad de nombre Israel que, si no lo desvían El Guincho y compañía, romperá barreras.

Israel Fernández | © Òscar García
Israel Fernández | © Òscar García
Estrella Morente | © Òscar García
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Estrella Morente | © Òscar García
Estrella Morente | © Òscar García
Israel Fernández, Estrella Morente | © Òscar García

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Òscar García

Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.

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