La sala Paral·lel 62 de Barcelona, registró una excelente entrada para gozar de las, irrebatibles, aptitudes de Esperanza Spalding, uno de los tótems del jazz convencional, por llamarlo de algún modo.
Siempre deberíamos prescindir de opiniones ajenas, excepto cuando éstas, llegan de acólitos versados en la materia. No podemos despreciar el adjetivo de excelente ni tampoco el de ñoño, ni mucho menos si distan quilómetros entre ellos. De hecho, tampoco nos disgusta situarnos entre medio, porqué, aunque la cantante y contrabajista (al bajo eléctrico no le da ascos), no defraudó, ofreciendo, una de cal y otra de arena (al menos para este humilde redactor), eso es lo que cuenta en la valoración definitiva.
La norteamericana traspasa, de largo, el género del jazz, situándose en tierra (peligrosamente) mainstream, pero su capacidad, tanto vocalmente como puliendo los bajos (no hagan bromas) es de fuera de serie.
Spalding estuvo custodiada por Morgan Guerin (batería y saxo) y Leo Genovese (teclados y percusión), una pareja alérgica al exhibicionismo, únicamente en estado de alerta a lo que proponía su líder y las composiciones: si quieren circo, acérquense a los mediocres. Su capacidad no necesitó de inútiles solos, el juego fue sincero, la hechicería es otro arte.
Su introducción fue fantástica. Spalding sola con el querido contrabajo, ante la numerosa audiencia, atacando Love in time, el Throw it away de Abbey Lincoln y un Overjoyed, del genio Wonder para enmarcar. Aquí podríamos parar ya que, en buena parte del concierto, la sonoridad del incomparable artista de Michigan se hizo notar y mucho como en Fall in o en ese Black Gold (sentenciador) dedicado a todas las familias bien congeniadas o no, tampoco sería prioritario.
Aunque en toda la pulcra función no hubo excesivos instantes álgidos o calientes, Spalding y los suyos, encontraron algún momento para saltarse la monotonía. Saltándose esa corrección, aparecieron Formwela 1 (surgida del conceptual Songswrights Apothecary Lab, 2021) Cantora de Yala, Cais (de la colaboración con Milton Nascimiento en 2024) o el Endangered Species del adorado Wayne Shorter. Congratulada por el recibimiento, ofreció un par de bises: Nothing like you (el jazz más ortodoxo) y un regalo de Shorter (creemos novedoso) que interpretó a modo Bobby McFerrin. Le salió de perlas.
El show de Esperanza Spalding rozó la redundancia, pero el grano venció a la paja. Siempre nos gusta consensuar nuestra opinión con expertos o público clarividente y, como hemos comentado anteriormente, los sentires chocaban. En lo que todos estuvimos de acuerdo fue en la finura exhibida, la calidad y el respeto al género. Eso no tuvo precio
Un último inciso: cuando escuchas a Spalding, es imposible no acordarse de Eddie Jefferson (Manhattan Transfer le idolatraban), de Mingus, Pastorius, Fitzgerald e incluso del inmenso Stephen Sondheim, cuando su voz se eleva a las alturas. No comparen, escuchen y saboreen.
Autores de este artículo
Barracuda
Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.





