Black Rebel Motorcycle Club
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Black Rebel Motorcycle Club: Distorsión en la niebla

Los californianos Black Rebel Motorcycle Club presentaron en La [2] de Apolo su nuevo trabajo 'Wrong Creatures'.

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La gran mayoría de artistas aparecidos después de la década de los setenta, no han inventado nada, eso no significa que no los haya habido de altura, pero si hablamos de puras invenciones como las del doctor Franz de Copenhague en el inolvidable TBO, el desierto come territorio. El uso de la electrónica podría merecer un punto y aparte, aunque hasta esto, sería motivo de debate.

Cuando Robert Levon Been y Peter Hayes, fundaron en 1998 The Elements (nombre al que renunciaron por existir una banda llamada igual), ya eran conscientes que no podían crear nada totalmente distinto dentro del estilo hard, garaje, o noise; etiquétenlo como les guste. Su pretensión fue levantar, con los cimientos de Led Zeppelin, un edificio habitado por The Velvet Underground, The Stooges, Suicide, Sonic Youth, The Jesus and Mary Chain y algún individuo ruidoso e ilustre más. Desde su nacimiento en San Francisco, Black Rebel Motorcycle Club han construido una sólida carrera con éxitos, problemas con discográficas, deserciones (la del baterista Nick Jago, substituido por Leah Saphiro), llegando hasta el día de hoy desgastada. Ligero declive que no impidió el lleno en la 2 del Apolo barcelonés para escuchar las nuevas canciones de Wrong creatures (Vagrant, 2018) y recordar algunos de sus trallazos pretéritos.

Una espesa niebla lumínica acompaña al sonido distorsionado, a la voz distorsionada. La harmónica de Hayes parece suavizar el estruendo, no lo hará. Ese alboroto continuará hasta el fin de la breve Little thing gone wind, pieza introductoria de su reciente grabación, abrazada de inmediato por King of bones, del mismo disco, más extensa y dinámica. La fiesta iba a dar un giro absoluto con el binomio Beat the devil’s tattoo y la fabulosa Ain’t no easy way, oscuro pasaje deudor de Woody Guthrie, muestras suficientes para demostrar que cualquier tema pasado fue mejor.

Lo mismo sucedió con el blues transfigurado Berlin o la coreada Conscience killer, otros dos ejemplos del talento compositivo atesorado años atrás. B.R.M.C. (abreviando), han evolucionado a peor, la trascendencia les encoje. Los guitarrazos, fieros, libres y rítmicos, son su mejor compañía, gracias a ellos se lucen dinámicos demostrando fuerza y sapiencia, aquella que los hizo famosos. Enredarse en lamentos entorpece el discurso aburriendo al personal, lo obtuso no conduce a nada. La agitación final del público con Spread your love y la explosiva Whatever happened to my rock’n’roll (Punk song), no pueden ser, en ese sentido, más clarificadoras.

Esa bruma citada, de color azul, roja o amarilla, según soplaba el foco, unido al habitual buen sonido de la sala, presidió un concierto adaptado para incondicionales a los que se les veía felices con el reencuentro, a pesar de esa humedad esparcida por el escenario.

La escasa y pobre evolución musical de los californianos, abocada sin remedio al influjo indie, no impidió apreciar su buen hacer y el impacto que todavía provocan cuando pisan tablas. Esos guitarrazos contundentes siguen siendo únicos. Quizá el post punk no esté muerto todavía (si algún día existió en realidad).

Hayes & Levon Been, escogieron el nombre de su formación a raíz de la sacudida causada por The wild one (László Benedek, 1953), film protagonizado por Marlon Brando, en la que encarnaba a Johnny Strabler, capo del grupo de moteros Black Rebels Motorcycle Club. Tal vez la ruta del sonido rápido y salvaje, debería ser la senda por donde continuar el recorrido. Subamos a la moto y esperemos el arranque.

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Autores de este artículo

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Mario Olmos

Vinculado a la fotografía desde el siglo XX. En los últimos años he juntado mi locura por la imagen y mi pasión por la música. Me consideran fotógrafo, pero me defino como alguien que deja momentos congelados con la intención de provocar una reacción.

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