Lee Fields en Razz 2. Foto © Víctor Parreño
Lee Fields en Razz 2. Foto © Víctor Parreño

Lee Fields: Suma y sigue

Colosal show de Lee Fields en un abarrotado Razzmatazz 2. Si hubo reventa, alguien se puso las botas

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Una motivadísima Eneida Fever, agarrada a sus maravillosos y originales 45 RPM, nos ofreció una extensa y palpitante sesión soulera para comenzar a calentar motores, como acostumbraban a decir los más viejos del lugar; incluso mayores que el insigne protagonista de la memorable y apretujada velada que íbamos a presenciar.

Recordábamos  sus prestaciones de 2019 o 2023 con inmenso regocijo. El tiempo no pasa en balde y debemos reconocer que algunos nubarrones nos impedían saber, con claridad, lo que iba a acontecer en este nuevo tour del entrañable “Little JB”. Lee Fields ya ha cumplido 75 inviernos y el poderío vocal o ese ardor que siempre le han distinguido, podían causar mella; el puñetazo recibido ante tales dudas, fue doloroso.

Aunque no aparecían en las notas promocionales, el de North Carolina se presentó, en una Razzmatazz 2 embutida hasta la exageración, con su banda habitual, es decir, The Expressions, grupo dirigido por el bajista Benny Trokan que desata admiración allí por dónde aterriza. La tremenda base rítmica, ese imaginativo teclado y los dos vientos huracanados (permítanme destacar al eminente saxofonista Freddy DeBoe) nos derrumbó desde el inicio del primer asalto; el instrumental Strawberry, con el que comenzó el festín, dejó las paredes del local hechas fosfatina. KO total.

Con esa autoridad mentada, Trokan pudo presentar, con garantías, al jefe de filas, quien, esbozando una sonrisa de empatía y seguridad, arrancó con un You can count on me animoso, presagio de lo que nos iba a venir encima.

Fields acostumbra a jugar más por la zona del medio tiempo (Still hanging on) que por arrebatos harmoniosos desencadenados. Sin embargo, el compás del show no decae un ápice en ningún pasaje, sea con una versión extendida del hit Ladies, o las más animadas Talk to somebody o ese funy-soul, de primera categoría, titulado Never be another you.

El soulman norteamericano no ha sido un artista de grandes éxitos. Su carrera se ha fundamentado en una especie de conceptualidad renovadora del soul añejo, convertida en una seña de identidad que no admite dilema: sentimiento. Dentro de esa pasión pueden incluir, sensibilidad, ardor, amor (repitió, varias veces, la frase “in the name of the love”), profesionalidad o todos los adjetivos que les vengan en gana, siempre que surjan del alma. Es muy probable que gracias a todos estos epítetos haya conseguido que, a su edad, se le note jovial, complaciente, físicamente como un roble y luzca una categoría vocal parecida e incluso superior a las postreras actuaciones con las que le hemos gozado;

A pesar de la ausencia de ese bombazo, que sí tuvieron alguno de sus predecesores, nadie discute la intensidad de Time, la coreada Wish you where here (dedicada a su padre fallecido, nada que ver con lo de Pink Floyd),  Forever (balada a lo Otis Redding)  o ese Honey Dove (“My baby love, my honey dove, i can’t live without your love”)  introducida de modo magistral por los músicos y con la que despidió una actuación arrolladora e inolvidable, en la que los presentes no pararon de  gritar y saltar, regocijándose con las arengas del showman.

Si uno no peinara canas y le dolieran las extremidades, comentaría: “de mayor quiero ser igual que…”. Ese deseo no es posible. Ni para un servidor ni para nadie que aspire a llegar al nivelazo de la estrella de chaquetas brillantes y  deslumbradoras, tanto como su talento: Mister Lee Fields.   

Lee Fields en Razz 2. Foto © Víctor Parreño
Lee Fields | © Víctor Parreño
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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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