Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño

Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson: Imaginación controlada

El concierto Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson era una de las propuestas más atractivas y arriesgadas del 55 Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona. El Conservatori del Liceu fue testigo de otro encuentro lejano a la cobardía.

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La pianista suiza Sylvie Courvoisier y la guitarrista norteamericana Mary Halvorson habían compartido muchas horas de escenario hasta que se decidieron a grabar Crop Circles (Relative Pitch Records, 2017). Cuatro años más tarde de la esplendorosa experiencia, volvieron al estudio para concebir Searching for the Disappeared hours (Pyroclastic Records, 2021), un segundo asalto que, según palabras de Courvoisier, está más desarrollado que la primera entrega y busca la oscuridad, sin dejar de obviar las melodías armónicas y bellas.

Estas dos improvisadoras (aléjense los proteccionistas) son de lo mejor que se puede encontrar en el panorama europeo (mundial, para ser exacto) en el campo de conjugar el equilibrio con el contraste, léase a modo de elogio y de apertura de sentidos.

El Conservatori del Liceu, fue el auditorio escogido para acoger a dos artistas inconmensurables que tratarían de encoger las dimensiones del espacio, con el objetivo de convertirlo en acogedor; su propuesta sonora así lo requería.

¿Libertad o pentagrama?

 

Cuando dos artistas del calibre y albedrío sonoro se juntan, acostumbran a crear división de opiniones. No por su entrega, indiscutible, sino por su modo de afrontar el reto.

Pocos (menos de medio auditorio) de los que acudieron al recital de estas dos virtuosas quedó descontento, sin embargo, escuchamos alguna discrepancia. Algún reputado músico hubiera preferido que se lanzasen a la pura improvisación, mientras otros aceptaron el carácter serio y meticuloso de la función. Cualquiera de las dos opiniones debería ser certera.

A nadie, si conocen la carrera de las dos protagonistas, le debería extrañar su tendencia a innovar o concebir sonidos alejados de la regularidad. Quizá ese fuera el motivo de la discordia dialéctica, que no fue furibunda, dada la maestría demostrada por un dueto, de tal categoría, que ya nos gustaría saborear, más a menudo por estos lares. Críticas pocas, tan solo cuestión de pareceres.

Piezas cortas

 

Courvoisier y Halvorson se presentaron vistiendo de manera sencilla, más bien informal, porqué así es cómo se toman la música que interpretan. Para ellas, parece ser un juego donde las miradas y los guiños cómplices denotan esa facilidad con la que enganchan los temas, uno tras otro sin trucos malabares ni imposturas vanas; eso no quiere decir que detrás de lo expuesto no haya un enorme trabajo previo.

Después de escuchar las cinco primeras piezas, ya quedó claro que el propósito principal de la actuación era promocionar su último disco, todas pertenecían a él.

Comenzaron con Bent yellow en la que los aires country (retocados) de la guitarra de Halvorson se contrapusieron con el carácter más clásico de las notas lanzadas por Courvoisier. Estos apuntes conservadores pronto desaparecieron: las cuerdas desafiaron a las teclas y el, teórico, descontrol ya estaba en marcha.

El mayor acierto de su propuesta es saber manejar el viaje de ida y vuelta entre lo ortodoxo y lo que no quiere serlo con una soltura magistral. En  la sencillez de acoplar notas del Rhapsody in blue de Gershwin con los punteos siempre punzantes de la norteamericana (un prodigio sobrenatutal), que se repitió durante toda la velada, reside la verdadera magia y la admiración conseguida. Cómplices perfectas.

A un solo sutil de guitarra le seguía otro de piano para acabar juntas como un beso interminable. Quizá la cierta monotonía de la que alguno se quejó (con cierta razón) no dejó que el espectáculo explotara del todo, pero esa brillantez tanto de las composiciones como en la ejecución borró de un plumazo esa supuesta redundancia a la que aludíamos.

Difícil destacar algún momento significativo, pero esa lucha entre el clasicismo y la avant-garde de Torrential, The disappering hour o Gates and pass arrebata a cualquiera, incluso debería hacerlo a los que tienen un oído enfrente del otro.

Folded secret sirvió para que la pianista se acordara de su madre que padece Alzheimer y a quien todavía le gusta seguir bailando. Un triste momento que compensaron con Silly walk, una especie de homenaje al famoso sketch de los Monty Phyton, The Ministry of Silly Walks.

También asistimos al estreno de Esmeralda y abandonamos el Conservatori (qué bien suena cuando no amplifican el sonido desmesuradamente) con una ancha sonrisa después de deleitarnos con Faceless smears y Eclats for Ornette, creación que sirvió de bis y en que pudimos escuchar un arsenal de estilos, desde blues, gipsy e incluso ragtime.

Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson seguirán con sus proyectos propios, que son de un nivel fuera de serie, pero seguro que pronto volverán a juguetear y nos encontraremos con otro proyecto igual o mejor que el último.

Su unión es sincera, tanto que se dividen la labor compositiva y nunca presentan un trabajo personal. A eso se llama cordialidad y educación.

Al finalizar firmaron discos, departieron con los presentes e incluso Mary Halvorson me escribió, de su puño y letra, el repertorio interpretado, incluidas la autoría de las canciones. ¿Quién da más?

Fabulosas.

Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson | © Víctor Parreño
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Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson | © Víctor Parreño
Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson | © Víctor Parreño
Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson | © Víctor Parreño
Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson | © Víctor Parreño
Concierto de Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Sylvie Courvoisier & Mary Halvorson | © Víctor Parreño
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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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