Con tan solo trece años, Joscelyn Eve Stoker, Joss Stone, ya había ganado un concurso de talentos de la BBC y con quince, The soul sessions, álbum de debut, se convirtió en disco de platino. La cantante nacida en Dover (UK) que tuvo, en sus inicios, a Aretha Franklin como máxima fuente inspiradora, llegó a vender, de los tres primeros discos editados, más de 5 millones copias, si sumamos Reino Unido y Estados Unidos. En principio pueden parecer cifras huecas a las que han llegado muchos artistas. La diferencia estriba en que, mientras otros lo han hecho utilizando estilos más comerciales, Stone ha librado la batalla sumergiéndose en los excitantes mundos del rhythm & blues, soul e incluso en el del reggae. La cosa tiene mérito.
Aunque su voz nunca llegará a tener la calidez de las cantantes negras (ese esmalte es intransferible) el desgarro y la tonalidad resultan ideales para cantar soul o variantes similares. Tanto que le han servido para forjar una esplendorosa y premiada carrera que no ha decaído durante las casi dos décadas de duración.
Llegados al 2022, nuestra inquieta protagonista ha grabado, junto a Dave Stewart (Eurythmics) como productor, Never forget my love (Bay Street, 2022) un refinado álbum que le ha llevado a embarcarse en una extensa gira mundial. El Festival Jardins de Pedralbes sirvió de puerto donde escuchar alguna de las recientes composiciones y repasar los hits que la han encumbrado.
Impecable sonido, delicado canto
Los eventos benéficos acostumbran a desplazar la concepción artística hacia el rincón de la bondad y olvidarse de lo que, en otra circunstancia, se hubiera tratado de distinto modo. El show de Joss Stone corría esa inexpugnable traba, pero lo remedió a base de profesionalidad y gusto.
Una de las muchas cosas que distinguen, positivamente, al festival de Pedralbes, es su inmejorable sonorización. Cuando a los mandos del equipo hay alguien que domina el oficio, el estilo importa poco. Llevamos unas cuantas veladas de géneros disímiles y el nivel siempre ha sido sobresaliente. Con el soul, género que obliga al sutil tacto, íbamos a presenciar un nuevo milagro. Los portentosos seis músicos, más las dos laudables coristas, se beneficiaron de la calidad acústica y ofrecieron toda una lección. Stone, embarazada, estuvo pletórica en el aspecto vocal, sin embargo, la banda, a quien se le debió ofrecer más cancha, se comió el concierto de cabo a rabo.
No sabemos, a ciencia cierta, si el embarazo o la singularidad de la velada afectaron en la construcción del set ofrecido en Pedralbes, lo que fue incuestionable es que la de Dover optó por el tono meloso, al menos en el primer tercio del espectáculo.
La futura mamá se mostró cariñosa, feliz, empática, quizá en demasía. En un quinteto inicial donde, únicamente, se soltó algo la rubia melena en Free me (tema con sabor a Stax) aparecieron la solemne Chokin kind, Big ol’ game, Stuck on you y la novedosa Never forget my love. En este manso tramo abusó de los soliloquios que adormilaron más que interesar. Tampoco deberíamos cebarnos con este intervalo, muy bien dispuesto y ejecutado. Prueba de ello la tuvimos con el mix de Tell me what we’re gonna do now y el Turn your lights down low de Bob Marley, excelente interludio en la poderosa parte final.
La poderosa Stone
El cambio, ya no de actitud, sino de ritmo debía llegar en cualquier momento y aterrizó con Super duper love, You’re my girl (estreno al estilo Motown), Harry’s Symphony (reggae bañado en oro con destellos Dancehall) y sobre todo en uno de sus mayores éxitos: la inmarchitable You had me. Pedralbes, por fin, pudo bailar.
Sin necesidad de maltratar su cuerpo (bailó elegantemente y hasta con garbo), Stone volvió a deslumbrar y hacernos vibrar como en sus mejores tiempos. Aquellos en que los gritos casi alcanzaban a los de Janis Joplin y la calidez se colocaba a la altura de Mavis Staples.
Exquisita en Oh to be loved by you, enérgica en Music (cierre a lo Foreigner) y estupenda recreando el Clean up woman de Betty Wright, un puntazo inesperado. Para la despedida se guardó Right to be wrong, enfática composición incluida en el disco Rolling Stone Original (2005).
En general, al espectáculo le faltó algo de punch (posiblemente con la intención de adaptarse a todos los públicos), no obstante, mostró todas las virtudes que han hecho de Joss Stone una auténtica estrella y no de plástico, de las que brillan con fulgor durante largo tiempo.
Soul mainstream, de acuerdo, pero si esa calidad fuera una constante, otro gallo nos cantaría. Las gloriosas épocas no volverán, disfrutemos de lo poco bueno que nos queda.
Martín Pérez, director del festival, presentó la gala junto a uno de los directivos de la empresa CUPRA, patrocinador del acto. Entre los presentes, Pere Aragonés, President de la Generalitat de Catalunya y el doctor Bonaventura Clotet Sala quien pudo recaudar, para La Fundación Lucha contra las infecciones, setenta mil euros gracias al sold out generado por el excepcional concierto. Todo un logro.
Autores de este artículo
Barracuda
Marina Tomàs
Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.





