Sin el histriónico Jello Biafra (se le echó mucho de menos) y D.H. Peligro son menos Dead Kennedys o dejan totalmente de existir como tales. Dicha apreciación no significa que Ron “Skip” Greer (voz) y el baterista Steven Clay Wilson no ocupen sus puestos con calidad y clarividencia, pero es evidente que no son lo mismo ni de muy lejos. No se trata de aptitud (la poseen), sino de credibilidad y en este campo (el que cubre “Skip”) no hay color, o sí, este más bien vira al gris.
El actual “front man” de los californianos tiene un aullido potente, pero este no transmite aquel discurso irónico-revolucionario que hizo famosa a la banda. Escuchándolo cantar la inconmensurable Let’s Lynch The Landford (espídico riff del Black Night de Deep Purple), distinguimos buenas tonalidades, pero estas nos dejaron como si nada hubiera pasado y, a nuestro parecer, aquí reside el gran problema de la actual banda. Cierto es que devolvió la espuma de cerveza que le habían tirado en Chemical Warfare (tema de cierre) y que bajó a la platea, conjuntándose con los saltadores en Too Drunk To Fuck, pero su estatus parece forzado, poco creíble, un actor interpretando su papel: no nos cuela.
La hinchada giró del revés al escuchar Buzzbomb, Kill The Poor, la energía transmitida por MP3 Get Off The Web o ese adecuado adiós con Chemical Warfare, no obstante y sin querer ser aguafiestas, otros no pensamos lo mismo.
Es imposible negar la destreza que todavía atesora, con su bajo, Klaus Floride y las notas rudas y psicodélicas arañadas por el gran East Bay Ray con su guitarra, fue lo mejor de la velada sin dudarlo un instante. Estos dos valores son los verdaderos pilares de un proyecto que se sostiene por el valor de esas canciones provocadoras y de mensajes actuales (Nazis Punks Fuck Off). De todos modos, el viejo descaro nunca surge del todo y la monotonía o el deseado tono cañero, brota en cuentagotas. No diremos que los Kennedys se han transformado en mainstream, quizás nos pegarían.
El volumen puede engañar y de ese punch, lanzado por la mesa de sonido, estuvimos cargados. Salimos sordos y rebosados de energía poderosa, pero faltó ese enganche con temas tan cruciales como Police Truck, California Über Alles, Bleed For Me o la rimbombante Holiday in Cambodia, su canción estrella para un servidor.
Este repertorio, contado a medias, es lo que encontrarán (sin apenas cambios) en una gira en la que, desgraciadamente, no se escupe, tan solo se reproduce, de manera lánguida, un pasado que relució cegadoramente y se ha ensombrecido. Apostar, únicamente, por el carisma, a veces trae aburridas consecuencias. Nuestra opinión seguramente contrasta con la mayoría del público presente que gozó de lo lindo, aunque no llegó a llenar el Paral·lel 62.
Los barceloneses Último Rekurso llevan diez años luchando por el movimiento punk. Motivadísimos, se lucieron con sus trallazos hardcore. Nos gusta su actitud. Vivimos momentos en los que no valen tonterías. El radicalismo se impone. Ellos no van de sobrados, otros quizá sí.
Autores de este artículo
Barracuda
Mario Olmos
Vinculado a la fotografía desde el siglo XX. En los últimos años he juntado mi locura por la imagen y mi pasión por la música. Me consideran fotógrafo, pero me defino como alguien que deja momentos congelados con la intención de provocar una reacción.





