Es día festivo, llueve a mares y encima tengo la regla (mujeres del mundo, vosotras sabéis de qué os hablo). Es un día perfecto para quedarse en casa y escuchar música. No sé si os pasa, pero cuando llueve me entran ganas de escuchar canciones tristes y melancólicas, música que me haga flotar en las notas suave, pero tristemente. Es un sentimiento que diría que es casi hasta contraproducente. Cuando estamos de bajón anímico nos pasa lo mismo. Y debería ser al contrario. Deberíamos ponernos música alegre y dejarnos llevar por el ritmo, bailar, desahogarnos y recuperar el ánimo. Pero no es así. El ser humano es curioso, ¿no creéis?
La lluvia cae incesante sobre la tierra y crea un ritmo determinado. Creo que ese ritmo se nos mete dentro y nos crea sentimientos y emociones, nos provoca y determina en cierta manera lo que escuchamos en esos momentos. ¿Tendrá algo que ver? Seguro que hay estudios científicos al respecto. De hecho, los estudios demuestran que el agua es terapéutica. La música también. Así que algo cierto debe de haber. Sinceramente, en un día lluvioso como estos que estamos viviendo mientras escribo estas líneas no me apetece escuchar precisamente a Joan Jett y bailar como una loca cantando aquello de que me gusta el rock and roll.
Estoy segura de que tenéis vuestra música para días tristes. Esa que os sirve tanto para un roto para como un descosido. Yo tengo la mía que uso cuando estoy de bajona. Me sirve de alimento para el alma. Y creo que cuadra perfectamente con los días lluviosos. Hablando de música triste, sigo siendo incapaz de escuchar un disco entero de Mark Lanegan. Uno de mis discos favoritos de Mark es Field Songs. Le tengo ganas, pero aún no estoy preparada. Me pasó lo mismo con Bowie. Creo que tardé un año en escuchar de nuevo su último disco, Black Star, después de su muerte.
Por poneros unos ejemplos, en días como estos me gusta escuchar a Lisa Hannigan, Ane Brun, Bert Jansch, Sandy Denny, Damien Jurado, Ferran Palau, I’m With Her, The Jayhawks o Linda Perhacs. ¿La conocéis? Linda Perhacs era higienista dental. Uno de sus pacientes fue el compositor Leonard Rosenman que impresionado por sus canciones decidió producir su primer disco Parallelograms en los años setenta. El disco no tuvo mucho éxito y Linda volvió a su trabajo en la clínica. Hasta que, a finales de los noventa, una discográfica independiente reeditó Parallelograms. Artistas como Chris Price y Julia Holter empezaron a reivindicarla y a colaborar musicalmente con ella. Linda Perhacs ha conseguido volver a la música y por la puerta grande. Yo escucho hasta la extenuación I’m a Harmony producido por Pat Sansone de Wilco y The Autumn Defense. Una maravilla de principio a fin y una artista que hay que reivindicar más, pero me estoy yendo por las ramas, merecidas porque hay que recuperar a estas mujeres olvidadas. Su disco es ideal para días así.
Pero si tengo que quedarme con un solo álbum. Mi disco por excelencia para esos días grises y lluviosos, para esos días en los que solo quieres quedarte en casa y olvidarte del mundo, es To Live Alone in That Long Summer de Barzin. Especialmente la canción All The While. Escuchad y maravillaros. Me transmite una paz que pocos discos consiguen. Escuchadlo. Merece la pena. Además, estamos de enhorabuena porque su nuevo disco está a puntito de salir a la luz. Desde 2014 no publicaba trabajo nuevo, precisamente To Live Alone in That Long Summer fue su último disco, aunque no ha parado de producir para otros y componer bandas sonoras para cine y televisión. Ha tardado cinco años en hacer Voyeurs in The Dark, pero seguro que merecerá la pena. Se publica en mayo a través de Monotreme Records. Estoy deseando escucharlo, sea un día lluvioso o soleado.
Autora de este artículo





