El Niño de Elche, BARTS

Niño de Elche: Triturando convenciones

El Niño de Elche es el enfant terrible del nuevo flamenco. Radical y vanguardista, acaba de publicar 'Antología del cante flamenco heterodoxo' (Sony, 2018).

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Traducir la tradición exigía muchas veces traicionarla

Enrique Morente

 

Aparece en escena como si viniera del gimnasio. Se quita las zapatillas, baja sus pantalones, se desabrocha el chándal y descubre completamente el torso. Acabará impecable: camisa blanca con el botón del cuello abrochado, pantalón con tirantes, chaleco y chaqueta. De primera comunión, sentado en una silla típicamente flamenca. Podríamos estar presenciando un número de clown o el inicio de una farsa, nada más alejado de la realidad. Lo acontecido posteriormente debe ser considerado, ya en el mes de marzo, cómo uno de los mejores conciertos del 2018 y quién sabe si en décadas. El Guitar BCN 2018 se apuntó un nuevo tanto.

De Francisco Contreras, El Niño de Elche, se ha hablado y discutido mucho, quizá demasiado. Le han considerado un bluff, tratado de dinamitero o acusado de que, con la excusa de la heterodoxia, maltrata al flamenco. El de Elche pone el puño sobre la mesa y trata de cortar el debate: “Señores, que yo no soy revolucionario ni transgresor, soy flamenco”. Muchos otros, sin embargo, le idolatran considerándolo la gran esperanza para seguir creyendo en el género. La eterna guerra entre puristas e innovadores. Sin ánimo de comparar, deberíamos acordarnos de que a Camarón, Enrique Morente o a Gualberto García (Smash) se les acusó de herejes, y todos sabemos en el pedestal donde están ubicados ahora.

Los viciosos de la crítica frágil, ya tienen otro clavo donde agarrarse. Niño de Elche acaba de lanzar al mercado, con la colaboración del artista Pedro G. Romero y Raül Refree como productor, la Antología del cante flamenco heterodoxo (Sony, 2018). Lejos de introducirse en el mundo del flamenco más comercial (las multinacionales tienden a devorar talentos), mi bola de cristal predice que sentará precedente y será considerado un clásico dentro de unos años. Abrazado a su nuevo experimento, se presentó en la sala Barts e interpretó trece de los veintisiete temas que lo componen.

La farruca de Juli Vallmitjana (cantada en catalán) dio inicio a un recital que continuó con las Seguiriyas del silogismo – Aut semel, aut itrium medius… (Seguiriyas de las reglas del silogismo, Rafael el Entendido, 1934) –, las Soledades de la pereza, y alcanzó su primer punto culminante en El prefacio a la malagueña de El Mellizo. En ella, la voz amorentada del ilicitano, junto al prominente trabajo de Susana Fernández, en los sintetizadores y arreglos electrónicos (cual órgano eclesial), consiguieron elevar nuestro espíritu, haciéndonos sentir como si estuviéramos asistiendo a la plegaria en una gran basílica. Nueve minutos más tarde, la sobrecogedora Saeta del Mochuelo con la Mariana seguido de Plazoleta de Sevilla en la noche del Jueves Santo, dio paso a una trilogía, presentada por el artista como flamenca. George Crumb (Canción de cuna de Crumb), Shostakóvich (Petenera de Shostakóvich) y Tim Buckley (Deep song de Tim Buckley), se conjuntaron para ofrecer una experiencia de connotaciones casi épicas; tan ilusoria como palpitante, tan arriesgada como conmovedora, especialmente cuando Raúl Cantizano agarró el arco de un contrabajo para rasgar las cuerdas de su guitarra con efectos demoledores. Le siguió El tango de la Menegilda, con incursiones de la zarzuela La gran vía de Federico Chueca y un speech sin desperdicio: “El flamenco no tan sólo existe en Andalucía, no debemos nacionalizarlo”. Contreras continuó el exorcismo criticando la exclamación ¡olé!, otra sentencia para seguir enervando a los recalcitrantes. El Fandango cubista de Pepe Marchena, sirvió para homenajear a éste y al mismo tiempo imitarle con afecto. Se permitió pasear por la platea cantando, a la manera como lo hacía el ilustre cantaor andaluz. Una muestra de devoción al ídolo y empatía hacia el público.

“La hierba de los caminos la pisan los caminantes, y a la mujer del obrero la pisan cuatro tunantes de esos que tienen dinero”. Así rezan unos de los versos de Fandangos y canciones del exilio, delirio de antológicas frases, originariamente republicanas, que sirvieron para embocar el tramo final. Con la adictiva Rumba y bomba de Dolores Flores (Lola Flores), y los Tanguillos de Cádiz de 1947, cantados sin instrumentos y bailados por el trío protagonista, terminó el memorable festejo.

Niño de Elche arriesga cual trapecista sin red, se tambalea en un peligroso cable donde puede caer en la genialidad o en la risotada. Allá ellos los que piensen en la segunda opción, caer caerá, pero siempre del lado positivo. Un genuino portento.

Salí del teatro y avancé por el Paral·lel cavilando. Había visto y escuchado algo grande e inusual, posiblemente un cambio de rumbo, quizá una X en mi vida. Todavía sigo cavilando.

El Niño de Elche, BARTS
El Niño de Elche
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El Niño de Elche

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Sergi Moro

Desde que era un crío recuerdo tener una cámara siempre cerca. Hace unos años lo compagino con la música y no puedo evitar fotografiar todo lo que se mueve encima de un escenario. Así que allí me encontraréis, en las primeras filas.

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