Emma Pollock. Foto © Marina Tomàs
Emma Pollock. Foto © Marina Tomàs

Emma Pollock: Estridente sensibilidad

La artista escocesa Emma Pollock estrenó los Concerts Delicatessen de 2026 (obra y gracia de Albert Puig) en L’Antiga Fàbrica d’Estrella Damm, sita en Barcelona, concierto hermanado con el Festival Feroe. Calidad atestiguada.

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Solamente por adorar el 1919 (1973) de John Cale (pudimos gozar la canción que da título al disco), Emma Pollock merece mis infinitas rendiciones. Evidentemente,  tiene muchas más cualidades, pero el buen gusto y el respeto por los genios (quizá postergados por la típica ignorancia) ahí quedan. 

Muchos conocerán a esta singular intérprete (natural de Glasgow) por ser la fundadora de proyectos cruciales como The Delgados, The Burns Unit o The Fruit Tree Foundation, este junto al guitarrista Rod Jones. A pesar de estas exitosas empresas, Pollock osó iniciar un admirable camino en solitario, en 2007, con Watch the Fireworks y que, de momento, finiquita con el primoroso Begging the Night to Take Hold, uno de los mejores discos de 2025 según la prensa especializada. El delicado resultado de esta obra (se permite la redundancia sobre el nombre del evento), obligaba a visitar L’Antiga Fàbrica d’Estrella Damm para deleitarnos con la supuesta exquisitez programada. El tiempo presente es el que ahora cuenta.

Con la sala totalmente repleta (sillas y mesas ocupan mucho sitio), la catalana Eva Fort inició la sesión con una selección de sus temas predilectos y presentó Overthinking (2025), severo envite del sello Great Canyon. Basándose en un folk de carácter íntimo y algo lánguido, logró avivar, tímidamente, el ambiente antes de la aparición de la estrella de la noche. En teoría, la sutil cantautora debía ser la eficaz compañía de Pollock, pero esta quiso apretar las tuercas.

El cello de Peter Harvey, Grane John Smillie (teclados y bajo) y la punzante guitarra eléctrica de la carismática Emma rompieron los cánones prestablecidos y se lanzaron a la búsqueda de un pop-rock entre apasionado y malicioso.

Su último trabajo no destaca, precisamente, ni por los riffs de guitarra ni por acercamientos al rock puro y menos a la psicodelia (Prize Hunter podría ser la excepción). Sin embargo, en esta visita a Barcelona, optó por lanzarse a una piscina con poca agua. Su talento impidió el trompazo.

Aunque serios especialistas, en este tipo de acontecimientos, nos contradijeran (quizá pudieron ocupar lugares más adecuados), los que pudimos sentarnos en las primeras filas notamos exceso de volumen, un sonido demasiado estridente que restó fineza al resultado general. Los agudos se comieron a los graves, de tal manera que las melodías del violonchelo de Harvey quedaron atrapadas en un batiburrillo sonoro que incluso llegó a ser molesto en varios pasajes. En este sentido, cuando menos ruido escuchábamos mejor era el efecto. Este (debatible) problema no se notó tanto en Confessions o la definitoria Parks and Recreation (tendencias rockeras) como en Fire inside (fiel a la esencia de la grabación) o I Used to Be a Silhouette, fresca dupla muy atrayente, sobreviviente a la explosividad; el sentimiento vocal de la cantante lo agradeció.

Si me dan a elegir (recuerdo rumbero), me quedo con Paper and Glue (2007), Jessie My Queen (estreno en directo para la gira española) y la versión de Paris 1919, la obra maestra de John Cale. Pollock atizando el bajo y Harvey rasgando cuerdas, revivieron una de las cimas de la música, en mayúsculas, del pasado siglo. Esta reiteración del principio de la crónica sirve para huir de alguna lacra ya mentada.

Emma Pollock posee una voz bien modulada, teje canciones admirables y con gancho. ¿Necesita añadiduras con el fin de mejorarlas o atrapar al público? La respuesta no es sencilla. Pueden aprovechar el silencio.

Emma Pollock. Foto © Marina Tomàs
Emma Pollock | © Marina Tomàs
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Picture of Marina Tomàs

Marina Tomàs

Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.

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