Los conciertos son un tanto adictivos, como las cookies del Starbucks o los cunnilingus (hablo en general). Cuando llevas un tiempo sin ellos no reparas en lo mucho que los extrañas porque son pequeños comparados con el placer de recibir un mensaje de Fintonic que diga ‘hey, te han ingresado la nómina’. Pero cuando sientes la primera vibración de repente se cae tu embrujo y sabes que eso era justo lo que necesitabas. Me gusta pensar que esto es lo que sintió el público de la sala Bikini con el primer guitarreo de Luis Alberto, capitán de L.A.
Fue un bolo un poco tristeliz. Mucha gente estaba viviéndolo al máximo. Pero precisamente estaban dándolo todo porque quizá era la última vez en la que podían hacerlo. Y es que hace un par de meses la banda formada por Luis, Angel, Pep y Dimas anunció con un comunicado oficial que harían una parada indefinida tras diez años como L.A. porque, según ellos, ahora “es momento de cambios, de reflexionar y de experimentar”. Pero no sin antes realizar una última gira: “Hemos venido a despedirnos como es debido con vosotros”, dice Luis desde el escenario. Madrid, Donosti, Valencia, Sevilla… En total 11 paradas sin contar esta de Barcelona ni la próxima y ultimísima del tour: 22 de diciembre en su ciudad natal, Palma de Mallorca. ¿Y luego? “La vida abre nuevos caminos, cosas maravillosas vendrán. Paremos los relojes”, decían.
Por supuesto no faltaron los hits a la cita: Perfect combination o Hands, del debut Heavenly hell (Universal, 2009); Oh, why? o In the meadow, del rebelde Dualize (Learning to fly, 2013); o Living by the ocean o Revolutionary disguise, del From the city to the ocean side (Sony, 2015), para mi su mejor disco. Fue interesante también el triplete formado por Killing me, Helsinki y Stay, de su reciente King of beasts (Sony, 2017), ya llegando al final. De este último disco Luis dijo en alguna entrevista que era más comercial que los anteriores, pero que no consideraba ese adjetivo como algo malo per se. Quizá porque es un tipo con bigote que se ha hecho una banda a su medida o porque también coquetea con el mainstream desde el rock, el caso es que me recuerda a Freddie Mercury. O tal vez porque desde hace semanas está en boca de todos.
Antes de ese trío de ases con temas de su último álbum, L.A., Luis Alberto, regalaba a sus fans un set de varias canciones, a ratos cantadas a capella y a ratos con su guitarra como única acompañante en su viaje intimista. Algunos asistentes mandaron callar y en la sala no se escuchó un chío durante varios minutos, ni siquiera un susurro. Algo realmente inaudito. Lo único que se sintió fue un “¡puto amo Luis!” justo antes de que los aplausos estallaran. Un momento bastante representativo de cómo fue la noche.
Autores de este artículo
Paula Pérez Fraga
Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.





