Mark Oliver Everett para principiantes

Mark Oliver Everett, aka Mr. E, líder y espíritu de Eels, es persona y también es sombra. Se podría decir que su trayectoria es una suerte de diálogo divertido y profundamente triste entre ambos. Hoy, pese a las vicisitudes del camino, este hombre insólito y tierno cumple 56 años.
Anna Andreu - 'Vigilia' (Hidden Track Records)

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La luz se enciende y se apaga. La luz parpadea. Mark Oliver Everett es un personaje de ficción, un humano inventado. Sus anchas gafas de pasta, su barba tupida y su rostro caricaturesco escriben el relato antes de que la música comienza. Un cisne en medio de una galaxia triste: Eels es el acero afilado que atraviesa la tristeza. Al otro lado hay niños felices, jóvenes bailando, un mundo verde por descubrir. Descubramos, pues.

Mr. E: ficha básica

1. La belleza de lo extraño

En su famosísimo libro de memorias Cosas que los nietos deberían saber (Blackie Books, 2013), Mark Oliver Everett relata todas las cosas que tuvo que hacer antes de lanzar su primer álbum en solitario, A man called E: ver morir a su padre, trabajar en gasolineras, comer poco, caminar en soledad por calles desconocidas. Las cosas cambiaron poco después de aquel disco, lanzado a comienzos de una década, la de los 90, que sería fundamental para comprender la carrera posterior de Everett.

En 1996, ya liderando esa extraña formación llamada Eels —en la que, a lo largo de más de dos décadas, sólo él ha permanecido inamovible—, alcanzó finalmente el reconocimiento, Beautiful freak mediante. Poco después, su hermana se suicidó y su madre enfermó de cáncer. Teñido por la tragedia, compuso uno de los álbumes más hermosos de la historia de la música moderna: Electro-shock blues.

En el hueco de la tragedia, Mark Oliver Everett enfrentó al mundo empuñando la belleza. En P.S.: You rock my world, canción que cierra el disco, canta: ‘everyone is dying / and maybe it’s time to live’.

2. Vencer a la sombra (o hacerla compañera)

La historia de Everett está teñida por una inevitable tristeza. Sin embargo, la música de Eels dista mucho de enfocar la tragedia dejándose invadir por ella. Su alegre empleo del teclado resulta de lo más expresivo en este sentido: mientras su voz entona los versos más amargos y la guitarra sirve como acompañamiento, el teclado se interpone siempre como un lugar luminoso, como una esperanza que parpadea en el horizonte.

Las canciones de Eels se articulan siempre en torno a un enfrentamiento entre las luces y las sombras. Everett intuye las cosas que lo persiguen y gira, sonriente, en busca de espacios de belleza inexplorados. Hay algo de aprendizaje en su estudio de la muerte, una resignificación de la vida como un territorio en permanente transformación. Incluso en sus canciones más crudas —pienso en Elizabeth on the bathroom floor o en las dos partes de Going to your funeral—, la música logra elevar la pesadumbre de esas letras secas, prácticamente depositadas como registro del dolor. El giro fundamental de Electro-shock blues es el de convertirse, en el momento menos esperado, en un disco sobre la vida: algo fascinante cuando la muerte invade cada rincón de su premisa.

Esa dualidad, ese claroscuro musical está presente también en la discografía de Eels si la leemos de una manera global: si bien álbumes como Electro-shock blues o Blinking lights and other revelations —posiblemente los dos discos más significativos y relevantes del grupo a nivel conceptual— poseen una corriente sombría que pelea contra la voluntad de Everett, es lícito oponerlos a otros trabajos como Daisies of the Galaxy, Souljacker o el reciente The deconstruction, todos ellos decididamente lúdicos y entregados a la celebración colorista del mundo.

3. Pensé que me había olvidado del pasado

La influencia de su experiencia personal es fundamental a la hora de analizar la poética de Mark Oliver Everett, el arma que afila su pop rock vitalista. Sin embargo, amén de un escritor cuya búsqueda principal reside en los mecanismos de la vida íntima —casi heredero de la escuela poética de Nueva York y los poemas de la nevera de William Calos Williams—, Everett también es un soberbio productor: su trabajo atmosférico en cada uno de sus álbumes es un acompañamiento primordial a la hora de liberar a las letras de necesidades ajenas a lo lírico. La música anticipa los lugares emocionales a lo largo de la discografía de Eels, y esto es importante para comprender por qué, pese a toda la tristeza que invade el pasado, sus canciones siempre acaban mirando hacia el futuro. La música de Mark Oliver Everett pertenece por completo a la vida.

En cualquier caso, pese a esa prospección permanente, la latencia de las sombras nunca llega a extinguirse por completo. En cierto modo, esa es la magia del asunto: el leve viento que mece la llama, que amenaza con apagarla, que nos mantiene alerta.

4. Un niño raro con el mentón acentuado

Everett habla, nosotros callamos.

La vida está llena de belleza impredecible y sorpresas extrañas. Algunas veces, me resulta complicado manejar esa belleza. ¿Conoces esa sensación, la de cuando algo es simplemente demasiado bello? Cuando alguien dice algo, o escribe algo, o toca algo que te emociona hasta las lágrimas; quizá incluso hasta cambiarte.

5. La casa y el hombre solitario

En Cosas que los nietos deberían saber, Mark Oliver Everett se refiere a Dead of winter, antepenúltimo corte de Electro-shock blues, como la canción más triste que jamás ha escrito.

En ella, se sitúa a sí mismo en el exterior de la casa en la que se crió junto a sus padres y su hermana, todos ellos ya desaparecidos. Es de noche, es invierno y ya sólo queda él.

Thought that I’d forget all about the past / but it doesn’t let me run too fast / and I just want to stand outside / and know that this is right / and this is true / and I will not / fade into / fade into the night

(Pensé que había olvidado por completo el pasado / pero no me deja correr demasiado rápido / y yo sólo quiero pararme fuera / y saber que esto está bien / y que esto es verdad / y que yo no / desapareceré dentro / desapareceré dentro de la noche)

Cuatro álbumes fundamentales de Mark Oliver Everett

Beautiful freak

1. Beautiful freak (1996)

Bello, enérgico y profundamente extraño, este álbum -coronado por una portada con una niña con misteriosos ojos a lo Margaret Keane- demuestra que, en 1996, Mark Oliver Everett tenía su mirada totalmente definida. Novocaine for the soul, canción que abre el disco, arranca con el sonido de una aguja rodando por el vinilo antes de empezar la música; después llega la batería, después la voz de Everett… y después aterriza la tormenta guitarrera. Posiblemente Novocaine… siga siendo, más de dos décadas después, el gran éxito comercial de Eels, pero Beautiful freak también sirvió para introducir la ternura en la que Everett indagaría a posteriori. Canciones como Susan’s house, My beloved monster o la que da nombre al disco son buenos ejemplos de ello.

Electro-shock blues

2. Electro-shock blues (1998)

En sus memorias, Everett relata los acontecimientos del día en que reprodujo por primera vez la copia definitiva de Electro-shock blues en los estudios de DreamWorks SKG, la discográfica que acogió sus cinco primeros trabajos, hasta Shootenanny. Cuenta cómo, tras finalizar P.S.: You rock my world, última canción del álbum, se giró por primera vez para comprobar cómo todos los presentes estaban llorando. Ese es el grado de emoción que desprende este álbum, un prodigio de sensibilidad, un conato de lirismo transparente que alcanzaría, años más tarde, su prolongación ideal en Blinking lights.

Daisies of the galaxy

3. Daisies of the galaxy (2000)

Mark Oliver Everett entró al siglo XXI mordiendo la manzana. Después de la catártica experiencia de Electro-shock blues, el grupo accedió a un territorio más calmado a través de un disco que se destapa como un ardid veraniego, como una pequeña fiesta en el jardín. Desde sus temas —Packing blankets o I like birds hablan, directamente, de acampadas— hasta su sonido estival, Daisies of the galaxy defiende con fiereza el derecho a la paz y reivindica la alegría como foco. Y uno puede bailar, claro, al ritmo del Grace Kelly blues.

Blinking lights and other revelations

4. Blinking lights and other revelations (2005)

Este es el disco central, el capitolio del universo de Eels. Todas las luces, todas las sombras, todos los veranos en el parque y las noches frente a la casa solitaria están en Blinking lights, un disco que Everett compuso para amalgamar pero también para empezar a construir: un esfuerzo lírico extraordinario que se culmina con esa canción que anticipó el título de sus memorias: Things the grandchildren should know.

En ella, canta: ‘So in the end I’d like to say / that I’m a very thankful man / I tried to make the most of my situations / and enjoy what I had / I knew true love and I knew passion / and the difference between the two / and I had some regrets / but if I had to do it again… / well, it’s something I’d like to do’.

(‘Al final, me gustaría poder decir / que soy un hombre agradecido / que he intentado sacar el máximo de mis circunstancias / y disfrutar lo que he tenido / que he conocido el amor y la pasión / y la diferencia entre ambos / y que me arrepiento de algunas cosas / pero que si tuviese que hacerlo todo otra vez… / bueno, es algo que me gustaría hacer’).

Imagen de portada © Andreea Dragomir

Autores de este artículo

Picture of Andreea Dragomir

Andreea Dragomir

Hice mi primer curso de dibujo cuando tenía cinco años. Ahí comenzó mi camino. Años después me doy cuenta de que no podría haber sido más bonito. Soy diseñadora gráfica y tengo un bebé, la marca Meraki Design, que ilustra tradiciones.

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