¿Alguien osa declarar que Dylan o Gato Pérez cantan mal, en el sentido más ortodoxo del término? Si lo hacen meten la pata hasta el fondo.
En el arte del canto, quien mejor entona o farda de vozarrón no necesariamente es el que más transmite o emociona y, en este terreno, María Isabel Quiñones Gutiérrez, Martirio, gana a la mayoría por goleada. No decimos que su voz carezca de cualidades, sino que sus virtudes centellean debido al estremecimiento que provoca interpretando. La onubense creó, a mediados de los 80, un personaje cercano al folclorismo que podría despistar. Su talento y conocimiento, tanto de la copla como de otros géneros (flamenco, bolero, tango, jazz y cualquier música apasionada), quedaron escondidos tras las estrafalarias peinetas y sus eternas gafas de sol; debíamos saber encontrarlos.
Con esta sabiduría, no resultó chocante que en 1997 se atreviera, junto a Chano Domínguez, a grabar Coplas de madrugá (El Europeo), primeriza fusión entre la copla y el jazz. Mixtura no superada (rechazada por los visionarios de turno) y que ha sufrido excesivos desmanes. Sentaron cátedra.
Cinco lustros después, los dos ilustres intérpretes han querido desempolvar la joya, ofreciendo unos recitales acompañados por Horacio Fumero (contrabajo) y David Xirgu (batería). Un cuarteto excepcional, infalible, seguro de arte grande.
Los músicos
Quizá presintiendo que su amiga Maribel le iba a robar casi todo el protagonismo, Chano Domínguez encendió la mecha con una magnífica interpretación de la emblemática El Toro y la Luna (1992), pieza propicia al lucimiento. El gaditano se introdujo en el flamenco gracias a su padre, pero pronto orientó sus pasos por el camino jazzístico y en este trecho es donde más reluce. Sus pulsaciones son más efectivas y libres que en su otra pasión en la que, a mi entender, no puede competir con luminarias tipo Dorantes, sirva como ejemplo. Chano calculó todos sus objetivos y lo bordó, especialmente en Compuesta y sin novio, vibrante final en clave bebop.
Junto a él, Fumero y Xirgu. El gran Horacio se mostró algo dubitativo en la apertura, aunque acabó por todo lo alto con ese aplomo característico y su eterna sonrisa; maestro. Cuando se complementa con David, el placer se multiplica. El baterista de Badalona estuvo estratosférico. Sutil, preciosista, haciendo sencillo lo difícil, acariciando tambores y platillos para dar lecciones a los que aporrean sin sentido. Enorme. Martirio estaba muy bien protegida, lo habíamos anticipado.
Historia de la copla en clave jazz
El concierto transcurrió sin apenas sorpresas, ensalzando a los maestros Quintero, León, Quiroga, Valverde, Solano… historia viva de nuestro menospreciado cancionero. Uno por uno, fueron desgranando todos los temas del disco (no en el mismo orden). Exentas de la grabación, aparecieron La bien pagá (segundo bis y cierre) y Yo soy esa, celebérrima copla entronizada por Juanita Reina. En ella, donde la Pantoja berrea, Martirio se balancea, ofreciendo todo el sentido a los poderosos versos. Conocedora de ciertas carencias vocales, las disimula con sapiencia y gusto innegociable, huyendo de cualquier histrionismo (a pesar de su atuendo), valores que le sacan de muchos apuros. Aparecieron notas desafinadas, demasiadas en la zona grave (Ojos verdes) que aderezó gracias a su oficio y el buen apoyo de Chano.
Comentábamos al inicio que su fuerte no era el canto ortodoxo, ni creo que nunca haya pretendido hurgar demasiado en él. Lo suyo es aunar múltiples facetas con el propósito de conseguir ser una artista completa. He aquí el gracejo con que encaró Te lo juro yo o la Locura de mi querer (puro swing), los aires a lo Bola de Nieve en No me digas que no, su complot con el pianista para teatralizar Tu eres mi marío (homenaje a Rosita Ferrer) y la facilidad con la que ejerce de contadora de fábulas, tanto cantando, primorosamente Torre de arena, Con el alma en los labios, Tatuaje (apreciable lectura) o Me embrujaste (fabulosa) como explicándolas cual monologuista (soliloquio alargado en exceso).
Martirio se toma con cierta sorna algunas de las terribles estrofas (rozando el gore) del repertorio que interpreta, a ellas dedicó unos minutos, de los más hilarantes de la velada. Elijamos una: “Dios me clavará en los ojos alfileres de cristal, pa no verme cara a cara contigo y con tu verdad”. Ahí queda eso.
Un Paral·lel 62 abarrotado, agradeció el esfuerzo de acercarse a lo jondo (Martinete a Don Juan) y el despliegue de arrestos de los protagonistas. La ovación definitiva no permite más observaciones que las comentadas.
Martirio y Chano Domínguez arriesgaron creando una obra, a ojos vistas, perdurable. “Quien no lo vea que se ponga gafas” espetó, con rotundidad, la intérprete andaluza, no le llevaremos la contraria. Veremos lo que sucede, en un futuro, con las invenciones psicotrópicas actuales que nos inundan y confunden. ¿Estallarán?
La recuperación de Coplas de madrugá ha sido, en muchísimos aspectos, tan oportuna como necesaria. Algo así como un soplo de esperanza.
Autores de este artículo
Barracuda
Òscar García
Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.
![Tomasito en concert a La [2]](https://qualsevolnit.com/wp-content/uploads/2017/04/Tomasito_001-DESTACADA-768x384.jpg)




