El cantante de The Prodigy, Keith Flit, nos avisaba en uno de sus máximos hits Breathe, de The fat of the land (Maverick, 1996): ‘come play my game; inhale, inhale, you’re the victim; come play my game; exhale, exhale, exhale’. Y, efectivamente, ha jugado con nosotros hasta dejarnos sin aire: Con tan solo 49 años ha sido encontrado muerto en su casa de Dumnow, Essex, en Gran Bretaña.
Como hemos podido leer en el Instagram de la banda, Flit decidió quitarse la vida dejando a sus compañeros —y seguidores— con un sentimiento de profunda conmoción y tristeza. Tras la muerte de un famoso, las redes sociales son un verdadero asco, pero comentarios como los del compositor de The Prodigy, Liam Howlett, arrojan luz sobre toda esa purria de neofans: “Estoy conmocionado…cabreado, confuso y con el corazón roto”. O los de su banda: “Un verdadero pionero, innovador y leyenda. Lo echaremos para siempre de menos”.
Keith, que empezó en la banda como bailarín, acababa de volver de girar por Australia y estaba descansando antes de su tour por Estados Unidos y de su visita a España, donde tenía diez citas en festivales confirmadas —entre las que se encuentra el Doctor Music—. Además, os contábamos en octubre que los chicos de Essex acababan de sacar su séptimo álbum, No tourist (Take Me to the Hospital, 2018), y no parábamos de enamorarnos una y otra vez de sus canciones.
Es difícil entender qué es lo que lleva a personas que tienen el mundo a sus pies a decir ‘yo me bajo’. Puede que su nueva vida en el campo —para alejarse de las drogas— lo aburriera más que poco, o que decidiera que los 49 son los nuevos 27… Pero el resultado es el mismo: nos hemos quedado sin él. Sin su manera exagerada de moverse por el escenario y su griterío ininteligible. Sin sus ojos desorbitados y ese peinado que parecía obra de un peluquero con parkinson. La voz de Keith Flit acaba de apagarse para siempre, pero cuando le echéis de menos solo tenéis que darle al play.
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