Según cierta página web de setlists de conciertos a la que soy bastante asiduo (lo siento si algún lector creía que somos capaces de identificar todas las canciones que suenan en los conciertos a los que vamos), Wednesday, el grupo de noise-rock-lo-fi-alt-country-shoegaze de Asheville, Carolina del Norte, empezaba cada concierto de su gira europea con una canción dedicada a la ciudad en la que paraban. En Milán tocó una de la cantante melódica Ornella Varoni, en Bilbao la Song for Bilbao de Pat Metheny. Aquí, no podía ser de otra forma, sonó la Rosalía y su Millonària. Risas y un poco de pop antes de subir el grupo al escenario e ir a cuchillo con puro ruido y caos de guitarras.
Reality TV Argument Bleeds, la primera canción de la noche y ‘opener’ de su nuevo disco Bleeds (Dead Oceans, 2025) representa la encapsulación perfecta del lado más bestia y ruidoso del grupo liderado por Karly Hartzman. Capas de feedback apilándose una encima de otra para explotar en una melodía pegadiza que te atraviesa el tímpano, con la voz adormilada y siempre en ligero desafino de la cantante.
Got Shocked, del anterior Rat Saw God (Dead Oceans, 2023), dejó entrever un poco del lado country del grupo, pero no demasiado, no aún, y Fate Is…, de su disco de debut, fue puro shoegaze, sin dejar de bajar intensidad, intentando rápido hacer moverse al público de Barcelona. El grupo se dio cuenta rápido que eso es algo que aquí a veces cuesta bastante.
Las relaciones entre el grupo y el público no comenzaron muy bien. Hartzman habló bastante entre canciones, sobre perder el tren de Madrid a Barcelona, sobre atiborrarse de paella y sobre mojar los pies en el mar en enero, y los asistentes no parecían corresponderle mucho en el principio. Pidió alzar la mano a los asistentes angloparlantes y, al ver que éramos la mayoría, dejó escapar un (medio-en-broma-medio-en-serio) “vale, entonces es que no os cago bien”.
La tensión empezó a aligerarse a medido que avanzaba el concierto, eso sí, con el público empezando a mostrarse más responsivo. Gary’s II, Phish Pepsi, Chosen to Deserve o The Way Love Goes mostraron la vertiente más delicada del repertorio de Karly Hartman, con el slide guitar de su miembro Xandy Chelmis tomando protagonismo.
Si había una cosa que todavía faltaba en ese concierto era, sin embargo, algo más de movimiento, un poco de pogo en las primeras filas, vamos. Así lo hizo saber Hartzman, avisando que si bien la siguiente canción, Elderberry Wine, era tranquilita, el resto de las que quedaban del concierto eran los “bangers”, así que instó a toda la gente de la sala que quisiera pegar saltos a acercarse al escenario. “Nos está haciendo ‘soso-shaming’”, dijo una amiga, y así era, pero obedecimos y fuimos hacia adelante, cómo no.
Los auto-denominados bangers que siguieron fueron Bitter Everyday, Townies, los gigantescos ocho minutos de ruido de Bull Believer y, para finalizar, el minuto y medio de punk a grito pelado de Wasp, para terminar uno bien sudado. No hubo bis ya que, como explicó el batería en un perfecto español nivel B2, Hartzman se queda sin voz después de cada concierto, pero ni falta que hizo, el objetivo de la noche (pegar algún que otro salto, escuchar riffs guapos, pasarlo bien, en definitiva), se cumplió.
Autores de este artículo
Miguel Lomana
Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.





