El Centre Artesà Tradicionàrius de Gràcia recibió la noche del jueves a un artista difícil de ubicar, en el mejor sentido de la expresión. Art-pop, electro-folk… Las etiquetas no sirven para describir a Patrick Wolf, compositor multiinstrumentalista y cantante nacido en la autoproducción y la experimentación. La cita se enmarcaba en el regreso de Wolf a la carretera tras varios años, razón por la cual, igual que en muchas de las ciudades europeas visitadas, las entradas se habían agotado días antes.
La carrera musical del londinense, como muchas otras, ha sido exitosa a la par que caótica, hasta el punto de resultarnos difícil recopilar con exactitud las diferentes desapariciones y reapariciones mediáticas que ha sufrido su trayectoria en los últimos años. La sobreexposición, los comentarios acerca de su orientación sexual y la gestión de la fama, entre otras dificultades, llevaron a Wolf a entrar en una espiral autodestructiva que lo llevo a la bancarrota en 2017. Un año después, fallecía su madre. No sería hasta 2022, tras conseguir recuperarse de sus adicciones, cuando volveríamos a tener noticias sobre él con el anuncio de ‘The Night Safari’, un nuevo EP en el que recopilaría las vivencias de esta turbulenta época de su vida. Una década más tarde desde su último álbum, nada menos.
Quizás por eso mismo – para propiciar la reconexión con el público y, sobre todo, consigo mismo – su decisión de realizar el tour en solitario, viajando en tren por toda Europa y cargando solo con los instrumentos logísticamente posibles. La funda de la guitarra sirve de soporte para el ordenador, una radio y otros artilugios encima del escenario, mientras que un piano distinto lo espera en cada ubicación.
Media docena de instrumentos y una sola persona frente a una sala sin asientos vacíos. Apareció en escena como si nada, con las luces aún encendidas – enseguida pidió apagarlas – y entonó los primeros temas acompañado únicamente de sus guitarras. Como decíamos, la sala se llenó, tanto de fieles seguidores como de curiosos dispuestos a ser sorprendidos.
El recital electroacústico de casi dos horas pasaría por todas las texturas de sobra dominadas por el polifacético Patrick, desde el ambient con bases electrónicas y arreglos de cuerdas hasta el pop más elemental acompañado de una guitarra. A medio show, arrancando con The Lighthouse, se colocaría en la cabeza su clásica corona de espinos y mostraría su cara más performativa, en la que se le ve más cómodo. El deleite absoluto en este aspecto lo vislumbramos hacia el final, cuando con el arco del violín empuñado como la flecha de cupido, jugó con las luces de forma que lo elevaban a la semejanza de un dios griego. La experiencia performance, en cualquier caso, no fue precisamente la protagonista de la noche, seguramente de forma deliberada.
El talento que desprende es innegable: ejecuta con su voz notas de cualquier rango sin aparentar esfuerzo, tiene personalidad y una mente creativa pasmosa, aparte de la técnica para dominar innumerables instrumentos. Todo ello lo vimos, aunque también percibimos cierta distancia que no acababa de romperse entre el escenario y el público, sobre todo durante la primera mitad. Fuese la luz, que no era la mejor, o el cansancio visible en el cuerpo de Patrick, algo había que no acababa de hacer clic. Puede que la premisa del hombre orquesta tampoco le favoreciera del todo, ya que no quiso ahondar en exceso en los loopeos y sobreposición de varios instrumentos, dejándonos con ganas de más.
Sí que echó mano de bases electrónicas sobre las que cantó y tocó el kantele, violín o piano; con acierto, la mayoría de veces, a pesar de que en temas muy reconocibles como The Days, interpretar sobre arreglos lanzados apagase en parte la belleza del tema. Salir solo a escena y tener tantas cosas que hacer tiene sus inconvenientes.
Reconociendo que solo deseaba encerrarse durante un par de días, hasta llegar a los conciertos de París, invitó al público a ponerse de pie para cantar The Magic Position, en lo que fue la única participación de los presentes (más allá de los intensos aplausos que brindaron al final de cada tema). Nos fuimos con la sensación de que las mejores noches de Patrick Wolf aún están por regresar, aunque seguro que la velada colaboró en un proceso necesario después de un parón tan largo. Nos quedamos con lo bueno: haber recuperado a un artista de tal calibre.
Autores de este artículo
Mikel Agirre
Marina Tomàs
Tiene mucho de aventura la fotografía. Supongo que por eso me gusta. Y, aunque parezca un poco contradictorio, me proporciona un lugar en el mundo, un techo, un refugio. Y eso, para alguien de naturaleza más bien soñadora como yo, no está nada mal.
![Atom Rhumba, La [2] de Apolo](https://qualsevolnit.com/wp-content/uploads/2018/02/180216_Atom-Rhumba_©VPV_296-DESTACADA-768x384.jpg)




