Secret Vida - Manel
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Secret Vida: Lo local seduce más que lo internacional

La cita invernal del Vida Festival, Secret Vida, fue desvelando nombres locales (Manel, Egosex, Ortiga, Putochinomaricón, Clara Peya) que despertaron más interés que los foráneos, cuya gran apuesta fue Teenage Fanclub.

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Se tiende a, no diré menospreciar, pero sí a no darle a lo local la relevancia que se merece. Y se tiende a pensar que lo internacional es mejor o, como mínimo, más interesante que lo de aquí. Creo que algo así les ocurrió a las buenas gentes del Vida Festival, pues para su versión de invierno, Secret Vida, hicieron especial hincapié en las propuestas internacionales pensando que estas despertarían más interés que los grupos de casa. Y, después de haberme fijado en las reacciones del personal, yo no lo tengo tan claro.

El mejor ejemplo es lo ocurrido con los dos cabezas de cartel: Manel y Teenage Fanclub, que actuaron viernes y sábado, respectivamente. Durante el concierto de los primeros el público estaba tan satisfecho y tan animado que daban piruetas de la emoción — hasta el punto que seguridad tuvo que llamarle la atención a un grupito para que rebajaran sus niveles de euforia—. Lo cierto es que los de Barcelona estuvieron soberbios, generosos e incluso divertidos. Todo encaja: Están en el momento adecuado y haciendo en Per la bona gent (Ceràmiques Guzmán, 2019) la experimentación que les tocaba hacer. Correctísimo. Su mejor show, y les he visto unos cuantos.

En cambio, después de tanto bombo —el periodista Ángel Carmona les introdujo como “el concierto de vuestras vidas”, entre otros tantos inmensos halagos—, Teenage Fanclub, muy populares en los años 90, no gozaron del mismo recibimiento por parte del público. El concierto de los de Glasglow no tuvo ni una nota discordante pero el hype generado jugó en su contra.

Es mejor ir con cero expectativas para que luego te fascinen. Fue el caso de Egosex, trío de Barcelona que mezclan sus raíces africanas con la electrónica más vanguardista y como resultado obtienen canciones tan sublimes como Congo o Chameleon. Después de ellos, Putochinomaricón, que, haciendo repaso a la Miseria humana (Elefant, 2019) vino a hablarnos de las cosas que realmente importan. Sublime. Otro nombre a recordar: Ortiga, la mitad de Boyanka Kostova, que nos subió a lo más alto con sus merengues en gallego pasados por un fuertísimo autotune. Igual de fiesteros los djs que cerraron ambas noches: Machinda Dj y Buffet Libre Dj.

Salvo Seratones, Villagers y Balthazar, el resto de guiris (Fur, County Line Runner, Jealous of the Birds, Wooze) eran todos desconocidos y en general dejaron el ambiente un poco frío, pues quien más quien menos hizo el sota caballo rey del rock alternativo que ya se ha visto un millón de veces. Hubiera puesto en su lugar a las interesantísimas Clara Peya y María Rodés, ambas encargadas de inaugurar las veladas. Puestos a pedir, también me hubiera gustado ver a Núria Graham o a Tversky, que rondaban entre el público, encima del escenario.

Entiendo que es un recordatorio del festival de verano y que quizá no está pensado para ser un festival como tal por sí mismo. Y también es cierto que el público se lleva consigo otras cosas más allá de la música: Esta particularidad de que el line-up sea secreto hasta el mismo momento en el que aparecen los artistas en el escenario le añade un cosquilleo y una magia que raramente encuentras en otro lugar. Y el entorno ayuda mucho, pues la Finca Mas Soler, antiguamente conocida como el Gran Casino de Barcelona, le añade un áurea de exclusividad, de elegancia y de comodidad que la gente fancy resume en la palabra ‘experiencia’. Además, por 60€ ves a 16 nombres, y el presupuesto no da para más. Pero planteo la siguiente cuestión: ¿No sería más interesante aumentar el valor del abono y así poder ver a un Bon Iver, a unos The National, a una St Vincent o Angel Olsen en petit comité? Ese sí que sería el concierto de nuestras vidas.

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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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