La Tania. Foto © Aitor Rodero
La Tania. Foto © Aitor Rodero

La Tania: Impacto descolorido

La cantante alicantina La Tania presentó, en La Paloma barcelonesa, su exitoso LP, Amoríos. La verdad de mi coplilla y el más reciente bundle titulado Palace. Concierto englobado en el GuitarBCN 2026

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Tania García Martínez, alias La Tania, se ha convertido, a pesar de su corto recorrido, en una de las promesas más pujantes, no diríamos del flamenco (palabras mayores), pero sí de un género al que podemos denominar flamenquillo (relacionado con la copla hispana) y, acoplado, inevitablemente (tiempos y multinacionales mandan) a los irrevocables ajustes urbanos.

Su canción Los Almendros (incluida en el documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés, dirigido por C. Tangana) ganó el Goya 2025; de ahí al inminente estrellato. La gira, formada por cinco fechas españolas, debía constatar el supuesto talento de esta artista nacida en Alicante, aunque afincada en Madrid.

Que el precioso recinto del Raval no estuviera repleto, constituyó una relativa sorpresa. Si hacemos caso a la simpática camarera que nos atendió, no se superaron los tres cuartos de entrada (unas 300 personas sentadas). Los avales de esta posible estrella no podían ser más populares. Sin embargo, ni esas garantices lograron un pleno casi cantado; la respuesta, como siempre, resulta enigmática.

Tania, arropada por Manuel (guitarra) y Emilio (hombre orquesta) inició el desafío con Quereles, Besitos de Otro y la entretenida Monigote, tres piezas del debut discográfico. No era necesario ser un experto para darse cuenta que su voz (muy aguda) empezó a denotar carencias de afinación desde el minuto uno (nunca es sencillo dominar tal tesitura). Mejor le fueron las cosas cuando se arrebató con temas tipo Un Besito de mi Compare o encaró Los Almendros (la tiene muy estudiada) que en el intento de modernizar El Emigrante o La Niña de Fuego. El control del instrumento es vital y acaba revelando insuficiencias.

Sabemos que Valderrama o Caracol (imposibles de emular) constituyen parte de su aprendizaje casero. No obstante, también nos consta que Laura Pausini, Estopa o Camela, forman parte del empujón que la llevó a practicar ese sui géneris de estilo practicado. En el fondo (lo de Pausini suena grotesco), tampoco deberíamos llevarnos las manos a la cabeza por este, en apariencia, complicado contacto. Todo evoluciona, el problema reside en saber si el destino es bueno o malo; uno lo tiene claro, aunque abundar en estas disquisiciones, hoy en día, resulta cansado e inútil.

Nos agradó la falta de ampulosidad (una enorme cortina blanca floreció como único decorado), aspecto positivo de la propuesta, que nos podía transportar a la humildad o al frío polar. Desgraciadamente, en general, lo tibio o gélido se apropió de la idea concebida.

La Tania no escatimó esfuerzos en el empeño de agradar. Le echó garbo, pundonor e incluso persuadió a Rita Payés (voz y trombón) y Pol Batlle (guitarra) para acompañarla en Por qué será, pasaje que no cuajó del todo; este tipo de reuniones pueden hacer aguas, por mucho que prevalezcan las buenas intenciones.

Sin ánimos de contrariar a sus adeptos (la exclamación ¡Olé mi chocho! nos llegó al alma), parece indudable que, debido a entrevistas concedidas a medios como Glamour o Vogue, su trayectoria, prescindiendo de los aspectos sonoros (muy mejorables), puede entrar en una dimensión nada recomendable. Está bien que nos cuente, sin tapujos, amores y desamores, su actual embarazo (Payés la acompaña) o muestre despecho ante las malquerencias (Paquita la del Barrio queda lejana). De todos modos, este discurso sonó a impostura marcada, un resentimiento (quizá nos equivoquemos) que, por la emoción expuesta, surgió de la nada, poco creíble. Seguramente lo ha pasado mal (la apoyamos), hablamos de sensaciones arrebatadas, desnudas con el cante soberano, aquellas armonías genuinas que tanto añoramos. En este terreno, falló el empaque, el deleite, es decir, la vibración.

Apreciamos el acercamiento a géneros como la colombiana (acabaremos situando a Ana Reverte en un altar) en Awita o el arrojo sostenido con  la novedosa Teteo (grabada junto a Papá Levante).

Encallada en un repertorio, excesivamente breve (la función no traspasó los ochenta minutos), La Tania nos dejó (al menos a unos cuantos) algo cariacontecidos. La estructura es escasa, tan solo el empeño y el duro trabajo, limarán los defectos. Esperaremos. El tiempo corre a su favor.

La Tania. Foto © Aitor Rodero
La Tania | © Aitor Rodero
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Aitor Rodero

Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.

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