A Albert Pla le podrán vapulear, sobre todo los que se aburren, no tienen sentido del humor o detestan la transgresión. En nuestra humilde opinión, ni el más ciego o sordo debería ignorar su salvaje poder corrosivo, su alta capacidad irónica y esa genialidad que le visita muy a menudo.
Durante el confinamiento, el sabadellense creó una canción río de más de diez minutos (a lo Dylan) titulada ¿Os acordáis? Esta larga y sarcástica meditación sobre el momento insólito vivido (contemplada desde una perspectiva apocalíptica), le ha dado pie para construir una función fiel a su estilo. ¿Qué nos ofreció en el Teatre Joventut? De todo un poco, y eso, en el caso de Pla, acostumbra a ser valiosísimo.
Albert Pla está catalogado esencialmente como cantautor, faceta plenamente demostrada en sus grabaciones, sin embargo, es encima de un escenario donde demuestra todo su poderío.
El excéntrico artista es un actor de tomo y lomo e incluso magnífico escenógrafo. Tan solo con su guitarra, el escueto decorado de un sillón, un viejo amplificador y el sostén añadido de unas adecuadísimas luces (más un poco de humo magnetizador), Pla es capaz de dar rienda suelta a todo su ideario de modo magistral. Y lo consigue gracias a su capacidad innata como contador de historias inverosímiles que en su boca se transforman en coherentes verdades castigadoras.
Monólogo cantado
Saludar al público de Barcelona con Están cayendo bombas en Madrid, fue el primer guiño sarcástico de un concierto calificado por él mismo de raro, elaborado por un tipo raro, no le vamos a contradecir.
¿Os acordáis? está formado por un carrusel de historias y canciones entrelazadas en las que la improvisación aflora de tanto en cuanto, aunque en el fondo todo está perfectamente calculado. Ni tan siquiera su paseo por la platea (ataviado con un casco iluminado por tres luces LED) nos engañó. Cierto que el cambio del castellano al catalán es provocado por la ciudad en la que actúa y su transformación en una especie de sádico queda muy creíble, pero el óptimo enganche con El lado más bestia de la vida nos devuelve a las matemáticas.
Muy pronto apareció la más que mentada ¿Os acordáis? (en versión interminable). Prosiguió con Corazón (una de las mejores performances de la velada) para más tarde etiquetar sus composiciones de manera harto curiosa. La sequia fue bautizada cual canción de amor y Teófilo Garrido como canción propia para manifestaciones, ejemplos de esa chispa tan exclusiva.
Sin temor al horario prestablecido, tuvo tiempo de quemar los Estados Unidos con La colilla; pegarse una noche de borrachera por Catalunya en Juerga catalana (Bona nit, molt bona nit, m’en vaig al llit, estic borratxo, sóc feliç…); aceptar peticiones (Somiatruites); hacer Pipi antes de acostarse o apoyarse en las palmas de los presentes para entonar “a capella” Sol de verano.
Todo un personaje
Albert Pla es estrafalario, quisquilloso, histrión, peca de pretencioso, e incluso, en ocasiones, es también insolente. Todos estos rasgos, en principio negativos, juegan a favor suyo desmantelando cualquier oposición. Su tremenda agilidad verbal, la extraña empatía que te envenena y ese atrevimiento desbordante, que le permite crear versos sangrientos, nos acaba sometiendo, situándole entre los más grandes creadores de este soporífero país donde nadie arriesga. Ganador desvergonzado.
El más raro y listo de la clase.
¿Os acordáis? Mejor voy a repetirlo Se pensaban los humanos que si se ponían de acuerdo Si luchaban todos juntos, podrían dominar el mundo ¿Os acordáis? Fue un completo fracaso A ese mundo que antes era todo nuestro A ese mundo del que nos creíamos los dueños Simplemente seguía girando sin nuestro permiso
Os acordáis?, Albert Pla






Autores de este artículo

Barracuda

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.