Hay quien hoy en día sigue creyendo en que es posible hacer música de otra forma, lejos de los streams y las listas de éxitos, cuidando a los artistas y al público. El sello barcelonés Aloud Music lleva veinte años tratando de dar cabida a las vertientes más alternativas del rock, publicando discos y organizando festivales minoritarios pero tan necesarios en nuestra ciudad como el AMFest. En estos años han trabajado con grupos como Toundra, Viva Belgrado, Pinpilinpussies, Nothink o Ànteros y llevado a cabo iniciativas como descargas gratuitas o acceso libre a conciertos para menores de veintitrés, todo ello para acercar su música, la música en la que creen, a la mayor cantidad de público. Un sello de bandas nicho, en el que no predomina la cantidad sino la calidad, casi una utopía en los tiempos que corren. Para celebrar y revindicar sus veinte años de existencia, cinco bandas amigas se citaron en un festival de lo más emotivo y especial que tuvo lugar en la sala Paral·lel 62.
Los encargados de abrir la velada eran Doblecapa, y lo hacían con un recibimiento a la altura de la ocasión. El dúo instrumental compuesto por Arianne Picón (batería) y Mario Navajas (guitarra cigarbox) nos esperaba en medio de la pista, con un solo foco en el suelo, pedelara, par de amplis y mucho DIY. Poco tardaron sus guitarrazos de blues-rock, garage y noise en resonar por toda la sala, enganchando al tempranero público que se iba sumando poco a poco. Eficaces y enérgicos como siempre, temas como Cazador/a Recolectora/a o En el Delta del Río Guatén (de La Felpa, producido por Steve Albini) nos hicieron parte de una tribu que se juntó alrededor de la hoguera para mover el cuerpo al ritmo de los golpes. Arianne, a capella y visiblemente emocionada, no dudo en dar las gracias al sello que les ha acompañado desde el primer día y pedir un abrazo a su hermano Sergio, miembro fundador del mismo, que no tardó en cumplir dicha petición. Ofrecieron un set corto pero increíblemente intenso y gratificante, en el que todos terminamos ondeando la cabeza al unísono, mimetizados como una anémona balanceada por la marea.
Seguidamente y ya encima del escenario, empezaba el turno de los únicos invitados internacionales de la noche, los ingleses Nordic Giants. Aquí, o ibas sobre aviso o te llevabas una bofetada nada más empezar. Su propuesta es complicada de describir, radicalmente diferente a cualquier experiencia rock previa –más que la de cualquier otro grupo programado por Aloud, que ya es decir– y, según el mood o conocimiento previo del espectador, mágica o perturbadora. Una especie de distopía instrumentada a cargo de dos músicos ataviados con trajes tribales, que tocan mientras proyectan distintos cortos y animaciones especialmente creadas para su show. En su particular universo, podemos ver nuestra sociedad capitalista representada como una ratonera o impactantes piezas como The Last Breath, dónde unos amigos acaban matándose entre ellos por la última bombona de oxígeno. Todo narrado por piano y batería, acompañados ocasionalmente por trompeta o guitarra tocada con arco (a lo Sigur Rós). Atrevido y perfectamente ejecutado, algo que ver al menos una vez en la vida.
(lo:mueso) son, en palabras de los propios fundadores de Aloud, “la banda que mejor los ha representado”. El cuarteto de Premià de Mar, otra de las formaciones históricas del sello, volvía tras cumplirse siete años de su despedida, no sabemos si con ánimos de un último baile, de recordar viejos momentos o resurgir de sus cenizas. No sería extraño no haber oído hablar de ellos, pero lo que sí quedó claro nada más comenzar su concierto es que quien los siguió quedó marcado y ardía en deseos de volver a vibrar con ellos. Otro grupo nicho que hizo disfrutar –a base de noise y post-rock– a su notable y entusiasmada legión de militantes, tal y como los describió el bajista Carlos Salinas. Los saltos enloquecidos que se vieron en temas como Dancin’ Like Robots dieron cuenta de la energía, emoción y rabia acumuladas durante estos años. La banda se mostró increíblemente feliz y engrasada, poco más se puede pedir. Sería una pena que esto no tuviera continuidad.
Llegaban los platos fuertes de la velada y el primero no era otro que Viva Belgrado, buque insignia del sello durante varios años (con el permiso de Toundra) y que desde hace algunos meses ha emprendido la aventura de la autogestión con el nombre de Fueled By Salmorejo. No por tomar caminos separado la relación se interrumpe, la nueva edición del disco Bellavista es co-editada por ambos equipos, muestra de respeto y admiración mutua. Para la ocasión, los cordobeses habían preparado un set de covers de At the Drive-In, popular banda texana a la que ya habían versionado en el Primavera Sound de 2019. La sala se llenó hasta arriba y rugió con hits como One Armed Scissor, perfectamente ejecutados y llevados a su terreno. Cuando llevábamos media hora exacta de show, saltaba la sorpresa: suena el punteo de Una Soga, tema inicial de Bellavista. “Me subo al escenario, saludo a la afición”, los crudos gritos de Cándido se unen a los del público y todo estalla en una conexión única forjada en el DIY. En está ocasión no hubo lugar para el lo-fi, las descargas más salvajes y crudas de los andaluces se apresuraron a exprimir los minutos que les restaban para incendiar el Paral·lel. Temas sangrantes como Un Reflejo, De Carne y Flor y esta banda, de una brutalidad apabullante que representa lo mejor del hardcore y el screamo. Una auténtica pasada. Esperamos verlos muy pronto de nuevo con disco bajo el brazo.
Para terminar, unos auténticos rara avis de la escena. Desde el barrio de Mosku en Irun (Euskal Herria), Lisabö, grupo de culto aclamado por la crítica y de los favoritos de la familia Aloud, aunque nunca hayan formado parte del sello. No los busquéis en Spotify ni esperéis verlos en largas giras, aparecen en ocasiones contadas y cuando lo hacen parece que el tiempo se detenga. De nuevo en Barcelona tras su paso por el AMFest de 2019, su propuesta de doble batería, triple guitarra y bajo sacudió las cabezas de los numerosos fieles que congregan a cada aparición (“nuestros Fugazi” decía alguien en redes). Allí dónde convergen el hardcore, el noise, el rock experimental y el punk, están ellos, con las desgarradas voces de Karlos Osinaga “Txap” y Javi Manterola turnándose en el recitado de sus poéticos textos en euskera. Los certeros golpeos de los baterías marcaron de forma magnética el recital y los vascos demostraron una vez más ser una formación única y que domina perfectamente el juego de las intensidades, pasando de la nada al todo en cuestión de una mirada de Eneko Aranzasti. No hay otro grupo igual. Agradeciendo a todas las bandas y organizadores la invitación a una fiesta que en principio no era la suya, y tras un brutal último headbang colectivo, se daba fin a una velada realmente especial y necesaria para mantener viva la escena. Que nos queden muchas celebraciones por delante.
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