Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García

Beat: El triunfo de la aristocracia

Beat (Adrian Belew, Tony Levin, Steve Vai y Danny Carey) ofreció en el BARTS Festival un concierto de altísimo nivel técnico recuperando el repertorio de los King Crimson de los años 80.

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La mitad de los King Crimson de los 80, Adrian Belew y Tony Levin, acompañados de reconocidos instrumentistas, como Steve Vai y Danny Carey, reviviendo temas de los tres álbumes que esta formación produjo. Un plan imperdible, porque sabías que te encontrarías grandes canciones interpretadas por grandes músicos. Y, tras las dos horas de concierto, divididas en dos sets, te retiras con la impresión de que ha sido un gran concierto que mira al pasado. Es una sensación agridulce, porque lo ofrecido tiene un nivel superlativo, pero se presenta de forma inmaculada, estática, como en un museo.

Adrian Belew tiene todo el derecho del mundo a explotar el legado de lo que él mismo creó. El líder perenne de King Crimson, Robert Fripp, siempre ha sido más un ideólogo (y un guitarrista con capacidades fuera de este mundo), que ha sabido rodearse de grandes músicos y creadores para que vistan su filosofía de música. Así pasó en el histórico In The Court Of The Crimson King, de 1969, que es, en gran medida, obra de Ian McDonald y de Greg Lake, que se fueron tras esa supernova que crearon. De los King Crimson de 1972 a 1974 se tiende a olvidar el papel fundamental del bajista, compositor y cantante John Wetton. Lo mismo ha pasado tradicionalmente en la etapa 1981-1984, donde Belew fue la fuerza motora que convirtió a King Crimson en el más improbable grupo de New Wave progresiva.

Ese ejemplo de menosprecio se puso en evidencia en las últimas giras del mastodóntico King Crimson de tres baterías, en las que la única mención a la etapa Belew era un Indiscipline en que Jakko Jakszyk creaba una nueva melodía para un tema que era originariamente hablado, como queriendo eliminar todo vestigio de la participación de Belew en su gestación, en una más de las acciones pasivoagresivas tan típicas de Fripp (como poner tres baterías en la formación para intentar sustituir a Bill Bruford, sin conseguirlo, pero esa es otra historia).

Por eso, ahora, con la bendición (ejem) de Fripp, estos Beat con B de Belew giran para darse un merecido homenaje. Estamos hablando, en el caso de los dos componentes originales del grupo, de dos músicos que, o ya han llegado a los 80 años de vida (Tony Levin), o están cercanos, (Adrian Belew tiene 76 años). Ese es el primer hecho a destacar. Es increíble ver a dos músicos tan mayores ofreciendo un recital que hace imposible creer que tengan los años que indican sus documentos de identidad. Belew volvió a ser el niño que ha venido a divertirse; sonrisa perpetua, saltitos y bromas con el público, y grandes solos de guitarra, mientras su voz es virtualmente indiscernible de la que tenía hace casi medio siglo. Tony Levin, como siempre, parece venido del universo Matrix, dominando el futurista Chapman Stick, guitarra y bajo en un único mástil.

De las capacidades de Steve Vai con las seis cuerdas nadie puede dudar. Es un guitarrista superlativo, excesivo, que casi se autoparodia, pero que, si dejas de lado su exhibicionismo y te pones a escuchar, te gana sin remisión. De él son, probablemente los momentos más inspirados de esta encarnación de los Crimson con otro nombre, en el solo psicodélico de The Sheltering Sky y en las imposibles digitalizaciones de Frame By Frame. Por último, Danny Carey es un gran batería, no hay duda, pero vuelve a toparse con la densa sombra de Bill Bruford, uno de los mejores baterías de la historia, y uno de los mejores de King Crimson, ya que no podemos olvidar al grandioso Michael Giles.

Si a todo ello le añadimos persistentes problemas de sonido durante la primera mitad de la velada, la sensación no es todo lo completa que se podría haber esperado. No ayudó la inclusión, en la primera mitad, de tres temas que, como explicó Belew, no solían tocar en directo, como Model Man, Dig Me o Man With An Open Heart, que son, quizás de lo más flojo de la producción de Belew.

Finalizó la primera parte con el Larks’ Tongues In Aspic part III y, durante los veinte minutos de espera, sobrevoló la noche, de nuevo, la presencia de Fripp, con una de sus composiciones creadas con notas grabadas y repetidas rítmicamente con dos magnetófonos de bobina abierta interconectados, lo que él llamaba Frippertronics, que te hipnotizan con una cadencia similar al rítmico sonido de las olas del mar al romper en la orilla.

Y el segundo set sí que fue apoteósico, con The Sheltering Sky como vórtice infinito, como El Aleph que lo es todo y parte al mismo tiempo.

Tras casi dos horas de concierto, en los bises, un guiño a los King Crimson de los 70, anteriores a la inclusión de Belew en el grupo, con el canónico Red, piedra filosofal del metal más pesado, y que Belew presentó con un desliz, agradeciendo todo el trabajo de Fripp y Bruford y dejándose en el tintero al tercer vértice de aquella formación, el ya tristemente desaparecido John Wetton. La invocación de ese gran tema fue otro de los momentos mágicos de la noche. Acabaron en todo lo alto con Thela Hun Ginjeet, en lo más parecido a una sesión de baile que los King Crimson pudieran imaginar.

Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Steve Vai, Beat | © Òscar García
Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Tony Levin, Beat | © Òscar García
Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Adrian Belew, Beat | © Òscar García
Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Beat | © Òscar García
Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Danny Carey, Beat | © Òscar García
Beat en BARTS Festival. Foto © Òscar García
Steve Vai, Beat | © Òscar García

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