Pasados veinte largos minutos de espera desde la hora prevista de arranque, Eric Burton sale ante el Sant Jordi Club haciendo el gesto de la victoria. Las primeras notas de misa gospel suenan mientras el frontman mueve las manos como queriendo abrir las aguas del mar. ¿Va a saltar al foso? Efectivamente. Con la técnica de un atleta, se eleva y aterriza en el pasillo abierto entre la multitud para interpretar Next To You mientras pasea entre sus feligreses. Así comienza un concierto de los Black Pumas.
La sociedad formada por el guitarrista Adrian Quesada y el propio Burton llegaba por primera vez a Barcelona, de nuevo en tierras catalanas un par de años después de su paso por el Vida Festival en 2022. Colgando el cartel de sold-out en el recinto menor del Sant Jordi, la esperada visita de los de Austin congregó a una gran cantidad de público deseoso de ver a un grupo que se ha convertido, prácticamente desde su debut – Black Pumas (ATO Records, 2019) –, en uno de los mayores exponentes de la música negra en nuestros días. Sus varias nominaciones a los Grammy así lo certifican.
Para alegría de las primeras filas – y desesperación de los fotógrafos que solo contaban con permiso para tres temas –, la velada continúa desde el mismo lugar al ritmo del machacón bajo de Gemini Sun. Ya desde el escenario, More Than a Love Song y Know You Better invitan al público a cantar y bailar con sus pegadizas melodías con toques psicodélicos y funk. Empezamos a ver en todo su esplendor a Burton, que alarga las notas con pasmosa facilidad, levantando las primeras ovaciones. Para los que tuvimos ocasión de presenciar una actuación del cantante en directo por primera vez, fue el encuentro con un artista que deslumbra desde el momento en el que se sube al escenario: excelente como frontman, enganchándonos al instante, y excelso en su ejecución vocal e interpretación. Al fin y al cabo, soul significa alma. A su izquierda, en un plano más discreto, Adrian Quesada esperaba tema tras tema su turno, para elevarlos todos con sus precisos y contundentes solos de guitarra.
No solo de soul viven los pumas. El espectáculo transcurre navegando por sus diferentes influencias y siempre equilibrando perfectamente los distintos ritmos y ambientes presentes en sus dos trabajos de estudio. Entre lo mejor de la velada, nos quedamos con el hechizo Angel – solemne con Burton a la guitarra -, el apoteósico ascenso en Confines, el baile a lo Jackson 5 de Ice Cream (Pay Phone) o el incendio R&B de la celebrada Fire. Por supuesto, coronó el concierto el himno Colors, cantado y bailado (y grabado) por todo el recinto. Su perfecta rueda de acordes, la progresión, la línea de bajo y los coros dejaron sin palabras a los asistentes, en un final memorable que no se resintió en exceso a pesar de que para el bis no acertasen con la elección de Rock and Roll, tema que también cierra su trabajo más reciente Chronicles of a Diamond (ATO Records, 2023).
Probablemente no sorprendió a nadie que el espectáculo rozara la excelencia en muchos momentos. La exquisita capacidad vocal de Burton, de sobras conocida, fue catapultada por un directo de una fuerza perfectamente balanceada y medida por Quesada y compañía. Sección rítmica, impecable; coristas, impecables; guitarras, qué decir. Igual que sucede con sus discos, el espectáculo de los texanos parece deliberadamente creado para el éxito más rotundo.
Imagen de portada © Mario Olmos








Autores de este artículo

Mikel Agirre

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.