Todos recordamos a la Corinne Bailey Rae de 2006 con sus súper hits Put Your Records On o Like A Star, canciones cargadas de soul y mensaje con las que alcanzó el número 1 en su país de origen, Gran Bretaña. Pero por algún motivo, la artista ha ido pasando desapercibida durante todos estos años. Gran error, porque su último trabajo, Black Rainbows sea probablemente el mejor de su carrera.
En su vuelta a Barcelona el pasado 1 de noviembre, en la sala Paral·lel 62, Corinne presentó el álbum en el que dinamita su pasado musical y decide centrarse en su epifanía creativa que ocurrió durante una gira en Chicago, donde visitó el Stony Island Arts Bank, un centro de historia que honra a los ciudadanos afroamericanos y al mismo tiempo exige responsabilidades por el pasado brutalmente racista del país. En este concierto, la artista se tomaba su tiempo para explicarnos con detalle y cariño, la historia detrás de cada canción.
Aparecen sobre el escenario los excelentes músicos que la acompañaron, y a ritmo de un solo de batería potente, sale Corinne en una túnica transparente britllante y un mono con un estampado de mariposas doradas precioso, e inicia con Black Rainbows. Delicadamente, nos invita a la majestuosa A Spell, A Prayer, donde la artista utiliza un cuenco tibetano y consigue crear una atmosfera inicial impresionante. Iba a ser una noche muy especial.
Libertad artística en su máximo esplendor
Uno de los elementos que más caracteriza Black Rainbows es la exploración de estilos, sin preocuparse por las expectativas ni buscar ser comercial. Un trabajo que va desde el glam-punk hasta el jazz más experimental.
El primer cambio de tono vino de la mano de la poderosa Erasure, un tema palpitante, distorsionado y muy doloroso. Tres minutos de pura furia de guitarras que te hacen querer levantarte del asiento y gritar.
En He Will Follow You With His Eyes, Corinne nos explica que se inspiró en la publicidad de un producto de belleza antiguo dirigido a mujeres blancas: “Ladies, don’t you long for love? / Be irresistible! / With the brighter, attractive beauty / Everybody admires”. Pero a mitad de la canción, le da un giro y se deshace de los cosméticos, con una deformación electrónica en la producción, y declara con orgullo: “My black hair kinking / My black skin gleaming”.
En New York Transit Queen, un tema que surgió de una imagen en Ebony de Audrey Smaltz, quien ganó el concurso Transit Queen en 1954 con 17 años, Corinne interpreta una joya punk ruidosa y desenfrenada en la que se luce con su intensa voz, presencia escénica y habilidad a la guitarra. Contrasta radicalmente con Peach Velvet Sky, una balada en la que se imagina cómo Harriet Jacobs (autora del libro Incidents in the Life of a Slave Girl publicado en el 1861) debía ver el cielo cuando por fin consiguió ser libre.
Podías sentir cómo todos los músicos que daban vida al espectáculo estaban conectados con la música y el mensaje que hay detrás de cada pieza. La presencia del saxo y los polirritmos nos trasladaban a un espacio de jazz espiritual del que no queríamos salir.
La recta final del concierto nos trajo los tres momentos destacados de la noche. En Put It Down, Corinne nos hizo levantar de las sillas y bailar como si nadie estuviese mirando, bajando hacia el público y transformando la sala en una discoteca durante prácticamente 15 o 20 minutos. Animándonos a dejar toda preocupación atrás y durante ese corto tiempo, centrarnos únicamente en bailar y disfrutar del momento. La artista subió al escenario a una fan llamada Atenea, que impresionó a todos los asistentes cuando inesperadamente se puso a cantar con un vozarrón increíble. La chica aprovechó para dedicarle, cantando, unas emotivas palabras a Corinne, diciéndole cómo la había inspirado desde los inicios de su carrera hasta ahora.
Quizás ese bis con Like A Star rompió totalmente el clímax alcanzado en Put It Down, pero se agradeció volver a presenciar en directo ese imprescindible de su carrera. Quizás el público se quedó con ganas de escuchar más éxitos de su álbum debut. Puede ser, pero un proyecto tan sólido, cohesivo y con tanta carga emocional como Black Rainbows merecía tener su momento a parte para brillar y dejar huella.






Autores de este artículo

Aïna López García

Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.