Valerie June, Festival Feroe '25. Foto © Víctor Parreño
Valerie June, Festival Feroe '25. Foto © Víctor Parreño

Festival Feroe: Regreso a las raíces

La primera edición del Festival Feroe se hizo realidad. Dos días de música genuina de primera calidad. Un soberano esfuerzo que valió la pena.

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“Con este festival pretendemos dar importancia a lo que sucede en el escenario, más allá del envoltorio que engalana otro tipo de eventos, dicho sin ánimo de criticar a nadie. Queremos hacer las cosas como se hacían antes. Todo está destinado a la juventud, pero todavía quedamos unos cuantos que preferimos otro tipo de formato”.

Estas fueron algunas de las reflexiones que Albert Puig, director del Festival Feroe, nos quiso reseñar al finalizar dos intensos días en que la música de raíces fue la verdadera protagonista. Cierto es que la carpa montada, en el Poble Espanyol de Barcelona, no llegó a llenarse en ninguna de las ocasiones, sin embargo, las caras de todos los presentes, incluidas las de la organización, denotaban felicidad por haber asistido a un tipo de reencuentro postergado por las modas pasajeras invasivas. Obviando géneros (aunque el rock, folk, country o pop se erigieron como protagonistas), el éxito auténtico del Feroe fue la comunión entre amigos y el respeto a un terreno musical, como avanzábamos, escondido en cajones de telarañas mediáticas. Hagamos un resumen de lo acontecido.

14 de noviembre

 

A las 19:00 se levantó el ficticio telón para dar paso a la primera de las actuaciones: The Weather Station. Estos canadienses liderados por la etérea voz de Tamara Lindeman (Joni Mitchell como principal referente), se enfrentaron, además de a la escasa afluencia de público a un sonido algo deficiente. A ese pop-rock sutil que practican le sobró un poco de volumen y claridad, problemas sonoros que fueron solucionándose a medida que avanzó la actuación que terminó con la certera Thirty. El buen nivel de los cuatro componentes de la banda (que incluyó saxo o flautas traveseras) se resintió algo de la frialdad, aunque acabó dejando un buen sabor de boca; temas como Neon Signs o Ribbon, lo justificaron.

Las estrellas de la noche llegaban de Minnesota y se hacen llamar The Jayhawks, grupo bien conocido por la mayoría de los allí presentes, pero de los que escuchamos discrepancias de opiniones sobre su actuación. Algunos comentaron que les gustan más en disco, otros que tocan a medio gas, que si les faltaba otra guitarra, etc… En lo que todo el mundo estaba de acuerdo, es en que su repertorio es inmaculado y difícilmente rebatible, toquen como lo toquen. Con su particular juego conformado por finos arreglos vocales, guitarras, harmónica y percusión, nos brindaron joyas tipo Two Angels, Smile, Blue, la novedosa Kingston Girl, Save it for a Rainy Day o el Bad Time de los Grand Funk Railroad. Un más que decente show de unos prestidigitadores capaces de hacer de Cupido en alguno de sus espectáculos; anécdota real como la vida misma.

En el tiempo de pausa, observamos (en el backstage) como un señor lleno de brío ensayaba con su violín: lo han adivinado, se trataba del compositor sueco Kristian Matsson, más conocido por The Tallest Man on Earth. Ya en escena el peculiar y algo histriónico artista, impuso su ley de luchador, consiguiendo arrebatar a un público que empezaba a desfilar poco a poco. Con su estilo “dylanesco” acelerado, nos invitó a tomar un whisky, bailar desenfrenadamente y seguir tonadas como Like the Wheel (utilizando el banjo), Love is All, The Dreamer o The Gardener. Todo pundonor, gracejo y saber estar. Excelente cierre para una magnífica sesión, superada al día siguiente.

15 de noviembre

 

Échense a los oídos su último disco, titulado Owls, Omens and Oracles (2025) y descubrirán de lo que es capaz la cantante e instrumentista de Tennessee Valerie June. Apuntalada con su banjo y un dueto enérgico compuesto por bajo y percusión, se marcó un bolo de órdago, apretando las tuercas del rock n’ roll más rudo, blues-country alborotador e incluso psichobilly del mejor. Quizá pueda extrañar o molestar (no es mi caso) su voz estridente y ese colorismo hawaiano que no disimula lo más mínimo. No obstante su categoría lo tumba todo y consiguió ser lo más impactante desde la apertura del festival; el problema es que después de ella llegaría “el genio”.

Por mucho que les cuente (seré breve) me faltan expresiones para contar lo que significa Nick Lowe en el campo del pop-rock desde el inicio de su inigualable andadura. En 1976 grabó So it goes (primera canción del ramillete de perlas) y desde ese histórico momento hasta nuestros días; han pasado  casi 50 años.

Hace ya un tiempo (concretamente 37 otoños), apartado de modas inservibles y siempre fiel a su estilo, nuestro inigualable “crooner” se acompaña del grupo instrumental Los Straitjackets, cuatro enmascarados (estilo lucha mexicana) para ofrecer, a sus creaciones, un aire distinto al del pasado. De todos modos, esas maravillas, tan bien tejidas, no necesitan ningún tipo de puesta a punto o pasar por la ITV. Heart, Without Love, Cruel to Be Kind (genuflexión), Half a Boy an Half a Man, (What’s So Funny ’Bout) Peace, Love and Understanding, I Knew the Bride (When She Used to Rock and Roll) o Heart of the City, son monumentos que pueden tocarse de pie, sentado o a menor ritmo (sucedió con algunas); siempre serán inmarchitables. Con el tiempo quizá podamos unirles Went to a Party o Love Starvation, dos de las piezas pertenecientes a Indoor Safari (2024), magnífico LP parido junto al cuarteto encubierto, quienes también nos obsequiaron con una gran versión de The Magnificent Seven. Gloriosa hora de concierto que pasó como un soplo. Queremos más.

Como colofón de este inolvidable Feroe, la organización invitó a Squeeze, que debutaban en España tras cinco décadas de camino. Teníamos dudas de cuál sería su rendimiento actual, pero Glenn Tilbrook y Chris Difford, acompañados de una numerosa y exquisita banda, reverdecieron laureles, regalándonos una estupenda selección de clásicos y alguna primicia de Trixies, trabajo que aparecerá en 2026. Solventes, refinados, fieros e impactantes, sorprendieron a una parroquia que acabó entregada. Cómo no rendirse a Pulling Mussels (From the Shell), You Get the Feeling, Cradle to the Grave, Up the Junction o Tempted. A un servidor, que nunca fue un gran fan, le encantaron. Siguen en boga.

Relflexiones

 

Albert Puig estaba cansado y algo afónico, pero la emoción de lo logrado le mantenía todavía vivito y coleando: “Me apetece crear un relato artístico, poder confrontar tres bandas que entre ellas no se den patadas e intentar luchar contra la especulación: el tema de las entradas dinámicas, pagar con pulseras, etc…, todo esto me revienta bastante, a mí me gusta pagar con dinero o tarjeta, el protagonismo siempre lo deben de tener los músicos”.

Le preguntamos por si hubiera querido tener alguna estrella más relevante en el cartel: “Sí, nos hubiera gustado tener algo que tuviera más “punch”, pero no lo conseguimos por precio, fechas y otros temas que te limitan. De todos modos, también pienso que comenzar con demasiada fuerza es un condicionamiento para años posteriores. Creo que es importante intentar descubrir cosas nuevas, mucha gente no conocía a Valerie June y les ha encantado. Tampoco queríamos levantar mucha polvareda, lo importante era que el público aplaudiera la filosofía del festival; estoy convencido de que lo hemos conseguido. Sabíamos que el primer año sería complicado a nivel económico, pero las felicitaciones que hemos recibido nos dan mucha esperanza para el futuro. Este es un camino de largo trayecto”.

Hablamos del apartado artístico: “Me quedo con Squeeze, porqué habían creado muchas incógnitas, incluso a nosotros, no encuentras un disco de ellos en ningún lado, pero han salido fans de debajo las piedras, es sorprendente. Han hecho un bolaco”.

¿Qué nos deparará el futuro? “Ahora mismo, lo que te puedo asegurar es que el año que viene habrá Feroe 2”

Esta era la noticia que esperábamos. Tan solo queda repetir lo que le dijeron la mayoría de espectadores: Gracias, gracias, gracias.

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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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