“Eres magia”, se podía leer en una pancarta. Él no sé, pero su pletórico éxito no es cuestión de magia. Es fácil suponer que su colaboración con Natalia Lacunza, finalista de la última edición de Operación triunfo, le ha dado a Guitarricadelafuente el impulso que le ha llevado a llenar —sold out anunciado ya semanas atrás— un domingo la sala grande de Apolo.
Pero los hits se olvidan, con eso no basta. Da igual tener millones de reproducciones si luego nadie recuerda tu nombre. Álvaro Lafuente ha conseguido hacerse recordar mezclando tradición latina (tenemos por ejemplo la guantanamera, el mezcal…) e hispana (por momentos, casi podíamos estar en una plazuela de la aldea medieval de interior en la que Guitarrica pasa los veranos) con sonoridades poperas y romanticonas. Y si además coqueteas con rumba catalana, sazonas con altas dosis de flamenco y a todo este cóctel le añades azúcar, especias y muchas cosas bonitas… ¡Pum! Te encuentras a dos mil personas palmeando, cogiendo la manzana y más felices que unas castañuelas en una Barcelona marcada por un bajoneo político cuanto menos complicado. Quizá sí que es un poco mágico.
Una receta, la de mezclar y modernizar el folklore cantado en español, ya utilizada por otros cantautores como Rosana o Alejandro Sanz en su día, con el diferencial de que la propuesta del maño es muchísimo más fresca y menos encorsetada, pues la ha pasado por un filtro postmillennial que le otorga la insolencia que le hacía falta al género. Sea fórmula mágica o no, la cuestión es que su música llega a la patatica, seduce y encanta. Y no hay más vueltas que darle.
Reinterpretando a Manu Chao, con Bienvenida a Tijuana, Guitarricadelafuente nos introducía en su mundo, uno en el que la vida es tan bonita que parece de verdad. Y a partir de ese primerísimo momento, el público cantó y bailó todo lo que se le fue dado. Desde el más oldie —que como mucho habría nacido a mediados de los noventa— hasta el más joven, quien más quien menos gritó “te queremos”, “guapo”, etcétera; e hizo estruendosas ovaciones; pero también se quedó en absoluto silencio cuando la ocasión lo requería. Cosa rara esto último. Pero sí: ocurrió sobre todo con El conticinio, cuya sonoridad marcada por la letra S se acentuaba todavía más gracias a un entregado público cantando a la par todos los versos. Precioso.
Tablas sobre el escenario, una banda exquisita y altibajos emocionales… un show redondo. Le falta quizá explicarse un poco mejor entre canción y canción, pero incluso esa torpeza y timidez al hablar es parte de su encanto y realzaba esa sensación de fraternidad y cercanía que pocos consiguen. Sorprendió con una cover de Catalina (original de Manuel Vallejo, aunque es mérito de Rosalía que la conozcan las nuevas generaciones) y con una versión de Nana triste tan animada que aquello parecía una romería. La peña estaba living, evidentemente. La última, y no podía ser de otra manera, fue Agua y mezcal, que cuenta la historia de una amiga suya llamada Carmen que echa de menos su tierra (Cuba). Y aquí hace frío, y la gente es más seca, y todo se junta. Guitarricadelafuente finalizó el concierto con ritmos latinos por todo lo alto.
Solo queda añadir que de un tiempo a esta parte me fijo mucho en la canción que escogen los artistas para despedirse. Por ejemplo, Novedades Carminha se despide con Suavemente, del sempiterno Elvis Crespo. Ninguna otra define mejor el espíritu de una buena verbena gallega. Magistral. Y la elección del Guitarrica también me pareció mejor imposible. Un Achilipú kitsch pero efectivo: las manzanas seguían siendo mordidas. Señores, la fiesta no se acaba. La fiesta empieza ahora.








Autores de este artículo

Paula Pérez Fraga

Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.