Las bandas que relucieron entre finales de los 80 y mediados los 90, no dejan de intentar reverdecer laureles, aunque su cosecha musical parezca haberse finiquitado. En el caso que nos ocupa, ese sonido creado en Manchester (Madchester para ser más palmarios) ni duró mucho, ni resultó ser un cambio absolutamente diferencial que abatiera las modas en boga. Sin embargo, ese cruce entre rock, funk y gotas de soul, sigue agitando muslos y convenciendo a descreídos.
Los Happy Mondays actuales (mucho ha cambiado su formación desde su nacimiento) no llenaron el Razzmatazz, pero sí convencieron a todos los presentes, demostrando que aquella mixtura libre, desenfrenada y alborozada, no difiere, en demasiado, de muchas de las ofertas que se nos venden como modernas hoy en día. Buena parte del aplauso generalizado posee tres nombres claves: Shaun Ryder (carismático y en perfecta forma vocal), Firouzeh Berry (excelente sucesora de la añorada Rowetta) y el guitarrista Mark Day, alma y señor de los mejores apuntes sonoros de la noche. No queremos desmerecer al resto del grupo, convincentes en todo momento, de todos modos, nadie se enfadará si ensalzamos lo evidente.
Una introducción, de carácter electrónico (casi dance) empalmó con Kinky Afro (uno de sus hits). En ella ya apareció el agudo timbre de Firouzeh que impuso el tono soul que necesitaba la confluencia de estilos propuesta. Si a alguno le sonó el estribillo al Lady Marmalade de Labelle, no se equivoca lo más mínimo. Happy Mondays utilizan, sin ruborizarse, alguna estrofa (camuflada) de canciones inmortales. Si escuchan la estupenda Loose Fit, quizá recuerden el Why did you do it de Stretch o disco music, sin tapujos, en la tremenda Bob’s yer uncle e incluso acentos “stonianos” en Mad Cyril. Nunca pretendieron inventar nada, tan solo tocar lo que les gustaba; el engaño les sobra.
Los seguidores habrán comprobado que su propuesta, en esta gira, no supera el 2000. La idea de Ryder era mirar atrás, homenajear lo parido cuando era su momento y obviar lo posterior (épocas de distensiones y rupturas). Completando la ristra de temas interpretados, nos gustó Donovan (voz en plenitud), la ruda Rave on y por supuesto 24 Hour Party People, la imprescindible Step on (alboroto general) o el bis Wrote for luck, otro “back to the 80”, como repitió varias veces el jefe Shaun Ryder.
No nos queremos olvidar de Mark “Benz” Berry, un mero figurante, animador, danzarín y con maracas en las manos que repartió sonrisas y simpatía, porqué aparte de esto, musicalmente no nos dejó nada en el recuerdo. ¿Es necesario? Lo dejo en cuarentena.
Happy Mondays siguen aportando lucha, ritmo y ganas. Si quieren mentiras, diríjanse hacia otros lados.
Como preámbulo tuvimos la suerte de escuchar a The Gulps, formación residente en Londres, pero que cuenta con los españoles Javier Sola (vocalista) y Juan Carlos Ruiz (guitarrista) como líderes de un combo multicultural. Sin apenas probar sonido (problemas en el motor del coche), reafirmaron sus posibilidades, demostrando el porqué de los halagos de la prensa especializada.
Primoroso doble espectáculo al que tan solo le faltó algo más de público. Lástima.
Autores de este artículo
Barracuda
Aitor Rodero
Antes era actor, me subía a un escenario, actuaba y, de vez en cuando, me hacían fotos. Un día decidí bajarme, coger una cámara, girar 180º y convertirme en la persona que fotografiaba a los que estaban encima del escenario.





![Concierto de Amen Dunes en La [2] de Apolo. Foto © Víctor Parreño.](https://qualsevolnit.com/wp-content/uploads/2018/09/180924_Amen-Dunes_©VPV_054-DESTACADA-768x384.jpg)