La música está recorrida por un eco lejano, un sonido suave e hipnótico que siempre evoca a un lugar de otro tiempo, a un espacio anacrónico cercano al mar. La música de Lana del Rey se inventa a sí misma desde una posición anhelante, como si las cosas que ofrece el mundo de hoy fuesen siempre e inevitablemente insuficientes. La lámina onírica con la que Elizabeth Woolridge –que así se llamó al nacer, un día como hoy en 1985– recubre su música no deja de ser un artefacto puramente pop y contemporáneo, y es por ese motivo por el que acaba resultando tan interesante: por tomar distancia respecto al panorama actual pero empleando con soltura sus códigos; por abrazar al presente pero suspirando por un pasado que resulta incluso desconocido. ¿No es así como todos vivimos hoy?
Lana del Rey: ficha básica
1. Tristeza de verano
Primera cosa: ¿de qué habla la música de Lana del Rey?
Un análisis rápido de su universo lírico nos despeja las primeras dudas: sus canciones referencian la necesidad lacerante e inherente a lo millennial de sentir cosas muy fuertes todo el tiempo. Es posible que esta mirada no sea estrictamente original, dado que otras artistas contemporáneas a Lana del Rey la han afrontado de manera más directa, empleando un lenguaje –en lo lírico y lo musical– más fácilmente identificable con las narrativas de nuestro tiempo. Pienso, claro, en Taylor Swift, Lorde o Carly Rae Jepsen.
Sin embargo, Lana se aleja de este grupo de artistas pop que construyen discurso desde una sensibilidad apegada al presente y presenta una estética abiertamente vintage, un universo de referencias al Hollywood más kitsch. Este juego de manos nos ofrece la primera certeza sobre su música: nos habla del verano desde la tristeza, busca siempre el sol y la playa y el amor y la pasión pero, en el fondo, un pálpito de anacronía la aleja de todas esas emociones.
El mar golpea las rocas con fuerza, embravecido, como a punto de estallar. El viento traza los contornos de una joven estrictamente peinada, vestida, casi el dibujo de un ideal procedente de un imaginario perverso. Lana del Rey canta como aspirando hacia adentro, reventando las impresiones: su apariencia de estrella extemporánea no es más que un mecanismo de disuasión. Ella está llorando aquí, ahora, porque le da la gana, en este loquísimo verano que estamos viviendo.
2. Por eso somos chicas
La aproximación a la perspectiva de género en la música de Lana del Rey se puede interpretar a brocha gorda desde su álbum debut, Born to die, como una reivindicación de la libertad que la artista –la artista mujer, apunto– debería tener para ser la versión de sí misma que ella decida. Por eso ese alejamiento tan brusco de las estéticas del presente: para competir en discurso desde un lugar de extrañeza, como si realmente fuese imposible que alguna mente humana pudiese asociar los sentimientos a la feminidad. Lana del Rey habla de sentimientos porque los sentimientos son la única cosa que existe, subraya.
A partir de Ultraviolence, el acercamiento se vuelve más agresivo, más crudo. Sin perder su atmósfera evocadora, Lana del Rey se las arregla para endurecer su discurso, en sintonía con el nombre del propio álbum: un disco capaz de capturar las violencias asumidas en el interior de las relaciones románticas, extraer de ellas la idealización y exponerlas de una manera que desmonta el aprendizaje. De la violencia no se aprende nada.
3. Una mañana más en la playa
Y, pese a todo, el amor.
Todo en la música de Lana del Rey pivota alrededor del amor. Del amor como un pálpito lejano, como un recuerdo venido del mismísimo futuro. Como Lana canta desde un pasado que desconoce, toda su proyección sobre el presente se antoja casi un sueño, un paisaje onírico y bellísimo en el que el amor se perfila como el único bote salvavidas, una vez desanudada la fuerza ejercida por las violencias del día a día.
La música de Lana del Rey es una fiesta postadolescente en la playa en verano, es el decorado de un after para heridos y solitarios; la música de Lana del Rey es arma pero también bálsamo, comprende las reivindicaciones necesarias pero no renuncia jamás a la proclama de la belleza, a la defensa a ultranza de las cosas bonitas que nos ofrece el recuerdo del pasado.
Así que todas esas canciones vuelven a amanecer, desde Summertime sadness a la recientísima Hope is a dangerous thing for a woman like me to have – but I have it, uno de los adelantos de Norman fucking Rockwell, su sexto álbum, cuyo lanzamiento está anunciado para este 2019.
4. Vasta y vacilante, como el océano
Lana del Rey habla, nosotros callamos.
«Siempre fui una chica inusual. Mi madre me decía que tenía alma de camaleón, sin brújula moral que apuntase al norte, sin personalidad fija; sólo equipada con una indecisión que brotaba de mi interior, una indecisión vasta y vacilante, como el océano»
5. Un detalle naturista
Tras la beligerancia de álbumes como Ultraviolence o Lust for life, Lana del Rey lleva un tiempo abonando el terreno para presentar Norman fucking Rockwell, un álbum realmente esperado para el que ya ha presentado un total de cuatro adelantos en forma de singles. El primero de ellos, lanzado a finales de 2018, fue Mariners apartment complex, que anunció una nueva línea estética: sin perder el sello de su evocación, Lana del Rey aparcaba su dureza melancólica para abrazar una mayor ligereza, para entregarse de lleno a los brazos del anhelo. Su bellísima letra dice así:
«They mistook my kindness for weakness / I fucked up, I know that, but Jesus / can’t a girl just do the best she can? / catch a wave and take in the sweetness / think about it, the darkness, the deepness / all the things that make me who I am / and who I am is a big-time believer»
«Tomaron mi bondad por debilidad / lo jodí todo, lo sé, pero Dios mío / ¿no puede acaso una chica hacerlo lo mejor que pueda? / cazar una ola y asumir la dulzura / piénsalo, la oscuridad, la profundidad / todas las cosas que me hacen ser quien soy / una gran creyente: eso es lo que soy»
5 canciones fundamentales
1. Summertime sadness, de Born to die (2012)
Desesperada, veraniega, melancólica hasta el hierro, Summertime sadness fue y sigue siendo el canto vertebral sobre el que se sostiene la mirada de Lana del Rey. Una voz mecida entre suspiros canta desde el otro lado del mundo, rebozada en arena de playas inimaginables. Es verano, somos jóvenes, estamos enamorados y todas esas cosas y… no sé cómo hemos hecho para acabar estando tan tristes.
2. Young & beautiful, de The great Gatsby (2013)
La adaptación que Baz Luhrmann realizó para cine de la novela de Fitzgerald resultó ser un producto verdaderamente deforme, incapaz de atinar en la sensibilidad volátil del verbo del escritor norteamericano. Llegados los créditos de la película, la voz de Lana del Rey se alzaba golpeando en el centro de las cosas, recuperando esa sensación de frustración juvenil perpetua que registraba Gatsby, un personaje tan desubicado en su propio tiempo que aterriza con inusual fuerza en nuestro presente. Young & beautiful es un himno silencioso de nuestra intimidad frágil.
3. High by the beach, de Honeymoon (2015)
Pues eso, queridos: el título de la canción lo dice todo. En el álbum más lúdico, apasionado y ¿feliz? de Lana del Rey, este es el eje central.
4. Lust for life, de Lust for life (2017)
Lust for life fue un disco en permanente revisión, una mirada con voluntad de conjunto sobre toda la obra previa de Lana del Rey. Lust for life se erigió así, seductora, cándida y profundamente emocionante. En colaboración con The Weeknd, Lana del Rey reniega de la posibilidad de frenar su máquina de producción de emblemas generacionales. Bum, bum, bum. Necesitamos enamorarnos todos los días, nosotros los jóvenes. Lo contrario… bueno, lo contrario sería morirse, ¿no?
5. Venice bitch, de Norman fucking Rockwell (2019)
Anunciado el naturalismo al que se aproxima su nuevo álbum con el lanzamiento de Mariners apartment complex, Lana del Rey lanzó su segundo single: una relectura de la épica de la intensidad millennial titulada Venice bitch, posiblemente la canción más ambiciosa de toda su carrera. Una auténtica piedra Rosetta desde la que estudiar toda su concepción del arte.
Imagen de portada © Andreea Dragomir
Autores de este artículo

Adrián Viéitez

Andreea Dragomir
Hice mi primer curso de dibujo cuando tenía cinco años. Ahí comenzó mi camino. Años después me doy cuenta de que no podría haber sido más bonito. Soy diseñadora gráfica y tengo un bebé, la marca Meraki Design, que ilustra tradiciones.