Nacho Vegas es sinónimo de canción de autor y compromiso político. En la última década, el artista asturiano se ha convertido en una referencia de la música independiente en castellano. A una semana de su concierto en Barcelona, nos atiende (por teléfono) desde su Xixón natal. El estilo de su discurso, siempre suave y contenido, contrasta con su mensaje, más duro, directo y combativo.
Es un final de gira especial para Nacho Vegas porque en estos tres conciertos que quedan te vas a despedir de tu actual banda, los Leones. ¿Cómo vive eso un músico?
Nos va a hacer un poco de penina… Pero va a ser algo muy bonito y emocionante. Los Leones son compañeros con los que hemos compartido muchas aventuras musicales y también extra-musicales.
Al tratarse de un concierto del final de la gira Violética, ¿veremos un repertorio especial?
Sí, incorporaremos alguna canción que no hemos tocado en ningún otro concierto. Estará toda la gente que nos ha acompañado en esta gira, entre ellos el Coru Antifeixista Al Altu La Lleva, e intentaremos que sea una noche especial.

No podemos dejar de decir las cosas que sentimos porque nuestro oficio perdería el sentido.
En tu bio de Twitter describes tu trabajo actual como “canciónicas agitadóricas”. ¿Te consideras un músico agitador?
(Se ríe) Es un guiño a Violeta Parra, a su Mazúrquica Modérnica, pero sí, en realidad, creo que las canciones tienen que agitar almas de alguna manera, tienen que removerte por dentro. Cantar es algo que no es en absoluto inocente. Cuando cantas te posiciones respecto a la realidad que estás reflejando.
¿Crees que vivimos en un momento en el que esta agitación es más necesaria que nunca?
Estamos viviendo en una época en la que hay una represión brutal por parte del estado. Al final, consiguen un ‘efecto Streisand’. Buscan sentencias ejemplarizantes, pero consiguen que la gente esté apoyando a personas como Valtònyc o Pablo Hasél, de los que no hubiéramos oído hablar nunca, si no formamos parte de los círculos en los que se mueven. La consigna es “no callarem” y cualquiera que se dedica a esto sabe que no podemos dejar de decir las cosas que sentimos porque nuestro oficio perdería el sentido.
El pasado mes de marzo se hizo viral un hilo en Twitter escrito por ti en el que criticabas la falta de sensibilidad de cierta izquierda en relación con el movimiento independentista en Catalunya y te solidarizabas con los presos políticos. ¿Crees que cierta izquierda en nuestro país está un poco anestesiada?
Hace poco organizamos unas jornadas en Oviedo tituladas Asturias por el derecho a decidir porque sentíamos la necesidad de expresarnos frente a esa izquierda que se pone de lado con el conflicto en Catalunya. Hay que insistir en que lo que sucede en Catalunya es un ataque contra la democracia. No es una cosa entre independentistas y constitucionalistas, sino que hay que verlo como democracia y falta de democracia, entre la gente que quiere que se resuelva por la vía política, con una consulta vinculante, o la gente que quiere impedirlo, por la vía de la represión y de la violencia.

Hubo un momento en el que se decía que con internet la música y su mercado era más democrático, pero no lo es.
Me llamó mucho la atención una frase que dijiste en una entrevista. Decía que hoy en día la gente “consume música” en vez de “escuchar música”. ¿La música ya se ha convertido una mercancía más con la que comerciar?
El lenguaje no es inocente. Tenemos que seguir reivindicando el “escuchar música”, porque si no calificas la música como una mercancía, como un valor de cambio y no de uso. Cuando escuchas música te conviertes en un oyente activo, en alguien que realmente se mete en lo que está escuchando y participa de ello. Cuando consumes algo, simplemente, lo que busca el mercado es que eso te distinga, no que te influya o que cambie tu manera de pensar.
En este sentido, el uso de la música ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Los músicos tenéis el soporte de las grandes plataformas de streaming para llegar al público. ¿Cómo vives esta transformación?
Con contradicciones. En el fondo no ha cambiado tanto, siempre ha existido una industria musical que lo controla todo. Ahora son estas grandes plataformas, antes eran los grandes sellos discográficos y los grandes grupos de comunicación. Hubo un momento en el que se decía que con internet esto era más democrático, pero no lo es. El mercado sigue estando ahí, solo ha cambiado del formato analógico al digital.
Quizá este cambio de formato es el punto positivo de esta transformación.
Sí, ahora puedes editar un disco y que la gente lo escuche en todo el mundo. Pero obviamente tienes que pagar un peaje. Son ellos los que te dicen cómo y cuándo tienes que editar tu música y qué música se visibiliza más.
¿Entonces, te preocupa esta anunciada desaparición futura del formato disco?
Me parece una gran mentira. Precisamente, el gran fenómeno musical del año pasado fue Rosalía, con su maravillosos álbum El Mal Querer (Columbia, 2018) que es un disco conceptual que se oye de inicio a fin. Y la misma Rosalía también ha tenido éxito con sus single lanzados en formato digital. Se pueden hacer las dos cosas a la vez.

En tu tema Ideología hablas sobre de que estamos rodeados, incluso en las acciones más cotidianas, de ideología. ¿Es esta la gran derrota de la izquierda, el haber abandonado esta lucha ideológica de base?
Sí. Existen una serie de ideas hegemónicas que son el individualismo y las lógicas de consumo y a través de ellas nos movemos todos. Creo que debemos revertir eso y buscar esa pureza que hace que podamos escapar a este tipo de paradigmas.
Tras este final de gira, está previsto que empieces a trabajar en tu nuevo disco. ¿Cómo es eso para un músico, el desaparecer casi literalmente durante un tiempo, para luego volver con nuevo material?
Es algo necesario. Un proceso muy bonito, que me gusta, pero en el que acabas agotado, con ganas de tocar y con la intención de no grabar un disco nunca más en tu vida. Mi idea es lanzar el próximo año un recopilatorio con canciones inéditas y rarezas. Y para 2021 sacar nuevo álbum, que es en lo que me centraré este año.
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