Doble cartel en la Sala Vol de dos grupos que tienen muchas cosas en común. Entre ellas, que, partiendo de referentes punk, crean su propio camino, con sonoridades propias y con una capacidad de generar energía para electrizar a sus audiencias. Uno de esos conciertos de proximidad que te permiten comprobar que la guitarra eléctrica tiene mucha vida si, tras ella, hay cerebros dispuestos a abrir nuevas vías de expresión.
La sorpresa de la noche fue Surroca, trío que se define como “punk rock emotivo con actitud llorica”. Si esa definición no te hace esbozar una sonrisa es que tienes un mal día. La aparente falta de pretensiones no cuadra con una propuesta sorprendente, por lo bien elaborada que está, para un grupo que el año pasado publicó su primer disco, coherentemente llamado “Acte de presència” (Discos Pinya). El primer power trío de la noche, con unos sorprendentes riffs de guitarra y contrapuntos entre guitarra y bajo que, en temas como Bruxisme o Mémora pueden recordar a, ni más ni menos que a King Crimson o Slint. Ahí es nada.
Teniendo en cuenta que el guitarrista y cantante, Vidal Soler, cuenta con una larga trayectoria como músico para reconocidos artistas como Els Pets i Joana Serrat, entiendes lo bien cocinado que está todo. Si le añades el bajo trepanante de Sofi Martori y la contundente batería de Guillem Marín, que ha substituido a Víctor García, el éxito está asegurado.
Temas que beben de diferentes fuentes y, siempre, con una gran carga social, como L’eix del mal, dedicado a Estados Unidos, o Rosario Endrinal, un recuerdo a la mujer quemada salvajemente en un cajero de Barcelona por una pandilla de ultraviolentos. El mundo está muy mal, pero el punk inteligente de Surroca mueve cuerpos y remueve consciencias. A seguir muy atentamente.
A continuación, Saïm, desde ses illes. Ellos ya tienen una trayectoria aquilatada de una década. Presentaban su disco Precipitacions (BCore Disc/ Bubota Discos/ Saltamarges), también con un sonido más crudo. Joan Roig, cantante, guitarra y compositor, se movió como perro viejo que ya se sabe los trucos del escenario. A su lado, los hermanos Natàlia y Daniel Gómez, al bajo y a la batería, ofrecieron intensidad y una gran capacidad de creación de atmósferas ingrávidas, acompañando esas guitarras shoegazer que tan bien sabe crear Roig. Natàlia Gómez añadía voces para aportar toques de suavidad en una propuesta realmente sugerente.
Empezaron, igual que su disco, con Just asullà y sonó la desequilibrante e inquietante Angle Mort y la energética Extrasístole, entre otras piezas de su nuevo disco, y la actuación se convirtió en una fiesta, que, acabó con algunos parroquianos surfeando sobre el resto de público.
¿Vuelven los 90? Una cosa es tener a referentes como Jawbreaker y Aina, pero eso no implica mirar al pasado, si los materiales de partida son sólo un punto inicial para trasladarnos al futuro. Porque pocas veces he visto un concierto de dos tríos guitarreros que partieran del pasado para mirar tanto hacia delante. Bien por ellos.
Autor de este artículo





