Tras su breve pero intenso concierto en Vic, la segunda actuación en tierras catalanas de Thalia Zedek se saldó con una exhibición de entrega y contundencia sin límite, aparte del temporal.
Cabe destacar que el repertorio que interpretó estaba casi por completo basado en su último disco The Boat Upside Your Window, publicado este mismo año y que es un gran logro dentro de su prolífica y apreciable carrera. Sólo se quedó fuera Naming Names, lo que demuestra su confianza en la calidad de su última producción.
Y fue una gran decisión porque la intensidad que logró con sus nuevas canciones nos hizo recordar los tiempos de los históricos Come, un grupo que muchas veces ha quedado bajo el radar popular pero que es uno de los más interesantes y creativos dentro de los asimilados al grunge.
Zedek, con su voz raspada por la vida vivida, a la manera de Marianne Faithfull, y su sempiterna guitarra Hagstrom 1 con la pegatina FCK NZS –que deja bien clara su querencia por los nuevos señores del orden mundial ultraderechista–, se acompañó de un trío de músicos, formado por sección rítmica (mención especial al look Bjorn Borg del bajista) y pedal Steel, que aportó solvencia, contundencia y elegancia en la interpretación de los temas.
La actuación fue energética, intensa, honesta, con una puesta en escena minimalista que muestra el trabajo constante de una artista que habita miles de escenarios y que se deja la piel en cada uno de ellos. Así volvió a pasar en la Damm, cuyo público se fue incendiando con la propuesta, aumentando la intensidad de los aplausos conforme avanzaba la actuación.
A Thalia se la veía contenta y agradecida por la recepción. Poeta existencial, es una creadora que toma como punto de partida las incongruencias y heridas de la vida para plasmarlas en letras confesionales, llenas de sufrimiento y esperanza, y que apelan a la audiencia como si entablara un diálogo con nosotros. Me la imagino esbozando una media sonrisa mientras guardaba su guitarra en el estuche para dirigirse al próximo concierto, intérprete trashumante mientas su cuerpo aguante.
Ofició la apertura de la velada el cantautor Ferran Orriols, a la guitarra, que reconocimiento a Heron incluido, ofreció una actuación pausada de folk kilómetro cero que se mira en luminarias como Nick Drake para intentar ofrecernos una belleza susurrada que contrarreste los tiempos de ruido que habitamos. La calma contemplativa de su propuesta fue la antítesis perfecta para que la descarga energética de la Zedek nos quitara el aliento todavía más.
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