Concierto de The Hives en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
Concierto de The Hives en Barcelona. Foto © Víctor Parreño

The Hives: Nueva lección de contundencia

Los suecos The Hives sepultan en sudor y gritos a sus fieles de Barcelona en el concierto en la sala Razzmatazz, demostrando seguir tan en forma como siempre y presentando en sociedad su nuevo àlbum 'The Death Of Randy Fitzsimmons'

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¿Se puede permitir una banda de rock una década de silencio discográfico? La respuesta teórica sería un rotundo no: hay que sacar un álbum para poder hacer una gira y luego otro para la siguiente. Pero The Hives, seguramente en su deliberada arrogancia, han dicho sí, año tras año, recorriéndose el mundo una y otra vez con sus temas clásicos a cuestas y publicando únicamente dispersos sencillos. Este 2023, por fin, rompen el hiato creativo marcado en 2012 con Lex Hives y vuelven a la carga con The Dead Of Randy Fitzsimmons (Disque Hives/No Fun Records, 2023), un trabajo fresco y clásico a la vez, que no pierde ni ápice de su esencia. Un disco Hives de manual.

En la primera de las paradas estatales de su tour europeo, la sala Razzmatazz de Barcelona presentó un aspecto fantástico para recibir una nueva visita de sus suecos favoritos. Con la excusa de la muerte de su supuesto compositor/descubridor Randy Fitzsimmons, la marcha fúnebre dio comienzo a una velada fugaz pero intensa, convertida en el velatorio más festivo jamás visto. Desde la celebrada Bogus Operandi hasta Tick Tick Boom, el show cumplió con todos los altos estándares de calidad autoimpuestos por Pelle Almqvist y sus secuaces.

Cero artificios, sólo rock

 

Como decíamos, el primer tema de su último largo abrió la noche y la sesión continua de gritos, saltos y empujones entre el público. Encima del escenario, Howlin’ Pelle empezaba a hacer de las suyas –a pesar de que su micro no funcionaba correctamente– y su hermano Niklas, a la guitarra, reclamaba más al público, con una mirada amenazadora y de lo más sospechosa.

Aquí no hay trucos ni artificios, es todo calidad: una puesta en escena sencilla, sus trajes (en este tour negros con rayos y corcheas que brillan en la oscuridad) y el desparpajo que derrochan les bastan para ofrecer uno de los mejores espectáculos de guitarras que se pueden ver en el planeta. Eso es el rock, al fin y al cabo: música y actitud. Que su nombre luzca bien grande sobre el telón, eso sí.

En perfecto castellano –repitiendo constantemente eso de “señoritas, señores y todos lo demás, ¿están listos?”– el bueno de Pelle dio una nueva lección de todo a lo que nos tiene acostumbrados: salta, grita, da patadas voladoras, lanza el micro, lo recoge, se agarra a los pies del público sentado en la parte alta y no duda en darse baños de masas cada vez que el tema se lo permite. Ah, y tampoco le falla la voz. Esta vez, eso sí, no se partió la ceja con el micro como hizo hace unos meses en Manchester, dando pie a una gran estampa ya icónica para los fans de su banda (pudimos comprobar que los vendedores de merch pirata ya han tomado nota de ello). Qué tendrá Suecia, que nos da frontmans tan fantásticos como Almqvist o Cecilia de The Baboon Show.

La primera mitad abarcó cortes como Walk Idiot Walk (presentada simpáticamente como “un canción de idiotas”), Good Samaritan o Stick Up, moviéndose perfectamente entre lo mejor de su discografía. Antes de una de ellas, Pelle dio una sencilla orden: “Sacad los móviles, seguidnos en redes y ahora guardadlos para el resto del concierto. Los treinta y cinco euros que habéis pagado son para vivir y disfrutar de la experiencia única del rock”. Gesto que fue aplaudido por la mayoría, aunque a alguno no le pareció quedar claro y tuvo que escuchar la riña del líder y el abucheo de la sala hasta que finalmente bajó el brazo. Peor suerte tuvo alguien en la primera fila a quien Almqvist le quitó su dispositivo de las manos y lo lanzó al escenario. Bien hecho. Genio y figura.

Sudor, tatuajes y bombas

 

La tormenta solo dio tregua con puntuales medios tiempos como Rigor Mortis Radio o I’m Alive. Está última sonó con un toque stoner muy convincente y luciendo un fantástico juego de luces que enfocaba a la banda desde la parte trasera.

Quizás el único pero que se le puede poner al concierto fueron los descansos entre tema y tema, que impidieron un setlist más extenso. Cierto es que ese es su estilo y que se desenvuelven bien entre bromas y alardes de grandeza, haciendo que la interacción con sus seguidores sea amena y cómplice. A petición de una seguidora que celebraba su cumpleaños, nuestro maestro de ceremonias le diseñó su próximo tatuaje: el logo de The Hives que aparece en la portada del sencillo Blood Red Moon (2015) y en su trabajo homónimo de 2007.

Los nuevos temas tuvieron gran protagonismo, sumando casi la mitad del repertorio e intercalándose con acierto entre los cortes de las décadas pasadas. El quinteto demostró plena confianza en sus composiciones recientes, colocando hacia el final la jovial Smoke & Mirrors y Countdown to Shutdown como épico cierre erigido en nuevo clásico. El poderoso riff de esta última funcionó de forma realmente espectacular. Poco antes, el hit por excelencia Hate To Say I Told You So había desatado la locura, formando una dupla letal al enlazarla con la urgente y agresiva Trapdoor Solution, también de su reciente publicación.

Para el bis, dos últimas bombas como Come On y Tick Tick Boom. Moshpit al grito de “everybody come on!”, caídas y perdidas de objetos varios, para después agacharnos todos y explotar una última vez. Algunos, ya pasados de rosca, consideraron oportuno el lanzamiento de vasos hacia el resto de público, esperemos que sin mayores consecuencias. Contundentes y efectivos, como siempre, The Hives agotaron en hora y media a todos aquellos que se les pusieron enfrente, en una sudorosa muestra de músculo que va camino de arrasar media Europa y Estados Unidos.

Concierto de The Hives en Barcelona. Foto © Víctor Parreño
The Hives | © Víctor Parreño
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Víctor Parreño

Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.

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