Se escucha Nevermind, de Leonard Cohen, en la Sala Sidecar. Los músicos que acompañan a Natalie Mering, Weyes Blood, se entretienen poniendo en orden todo sobre el escenario. Y el público se entretiene mirándolos, cada vez más. Parece ser que había algunos problemas con el sonido, pero la naturalidad de Natalie hace que sea algo gracioso, casi premeditado. “Thanks for watching the opening act”, nos dice. Todo el mundo ríe. Hasta los que no han entendido el comentario, porque ella es tan mona y simpática que qué vas a hacer sino reírte con ella de todo lo que diga.
Empezó con Diary. No sé por qué esperaba que comenzase con esa. No es de las más aclamadas por el público, pero tiene algo que me enamoró la primera vez que la escuché. Siguió con Used to be, con ella al teclado. Ambas son de su cuarto y último disco Front row seat to earth (Mexican Summer, 2016), del que salieron todos los temas del bolo menos tres o cuatro, y que contó con los arreglos del gran Cris Cohen. Used to be en directo casi me emociona. Será que estoy sensible. Aunque miré atrás y no era la única. Muchas y muchos le estaban poniendo ojitos. Algunos dicen que es una artista folk, o pop folk, o incluso anti folk. No sabría cómo etiquetarla: solo sé que suena a experimental, a un verano que se está acabando, a delicadeza, a sentimiento expuesto con introspección. Tampoco sabría cómo etiquetar a la banda. Por poner un ejemplo, el teclista llevaba las uñas pintadas: rosa, azul, nada, verde, rosa. Para la tercera canción, Be free, cogió la guitarra española.
How do I get through to you?
Tried to do the best I could
Loved you just like a girl should
La caja china que tocaba el batería le daba un toque. Como el orégano en un sándwich. Después de Hang on, de su anterior álbum The Innocents (Mexican Summer, 2014) llego el turno, al fin, de Seven words. Aunque es la séptima canción del disco, tiene casi un millón de reproducciones en Spotify, con una diferencia arrolladora en cuanto al resto de temas. Quizá sea porque el videoclip merece mucho la pena. Con el mismo traje azul dio su concierto en Barcelona. Un traje azul que, como en el videoclip, recordaba al mar azul. Llegados a este punto de la noche, además, todos estábamos irradiando un amor azul por ella. Weyes Blood cantaba con una pandereta en la mano: In time we’ll both / be free / from this ball and chain / hanging on to things. Y después de la siguiente, Away above, cantó Generation why, otra de mis predilectas; más por la letra que por la música:
I can give it away everyday
I can fly and spend all my seconds
Like they’re my last
It’s not the past that scares me
Now what a great future this is gonna be
Después de esta canción tan sentida, va y cuenta un chiste. Y dice “lo conté en Alemania y se quedaron callados, lo conté en Reino Unido y creo que no lo entendieron, a ver qué tal aquí”: “What’s the difference between a virgin and a washing machine?” Vete a un concierto suyo para saber la respuesta. Y se fue la banda y cantó ella sola Bad magic, de su anterior disco. Ya en los bises nos deleitaría con dos piezas de su sencillo Cardamom Times (Mexican Summer, 2015): In the beginning y Cardamom. Antes de eso hizo una cover del grupo inglés Soft Machine y nos hizo tararear a todos con su Do you need my love, uno de los puntos álgidos de la actuación. Natalie llevaba una pulsera del Primavera Sound. Lógico porque era un concierto organizado por ellos. Y lógico también es que la veamos en el festival del próximo verano. Estaremos esperando.







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