Teníamos muchas ganas de regresar a la emblemática sala barcelonesa El Molino que, gracias a Barcelona Events Musicals (organizadora del festival Cruïlla), ha vuelto a abrir sus puertas con una programación estable donde convivirán diversas clases de géneros, dando prioridad al jazz.
Después de alguna previa, el teatro, con capacidad para 250 personas, por fin inauguró las actuaciones oficiales con la presencia de Kahil El’Zabar Ethnic Heritage Ensemble, un cuarteto exuberante que emocionó a la parroquia en un día tan señalado.
Es evidente que nuestro Molino (el Rojo se queda en París) nunca volverá a ser el mismo que fue. Ni volverán las variedades ni el concepto music-hall, las nuevas tendencias no tienen piedad de los recuerdos y, además, el aspecto de la sala cambió completamente con la reforma finalizada en 2010. A pesar de las inevitables añoranzas, mirar atrás, casi siempre, tan solo nos conduce al lloro. Debemos vivir el momento y felicitarnos por esta nueva etapa que tiene visos, musicalmente hablando, de ser más que interesante.
Nos alargaríamos en demasía citando el inmenso currículo del percusionista de Chicago, tanto en solitario como con el Ethnic Heritage Ensemble, formación creada en 1973. Su sentido del ritmo percutivo fue valorado por Dizzy Gillespie, Pharoah Sanders, Nina Simone o Stevie Wonder y por el Ensemble han pasado músicos de la talla de Kalaparusha Maurice McIntyre Joseph Bowie o Ernest Dawkinks, por citar tres. Lo dejamos aquí, dejando el resto de la búsqueda de su historial a los lectores, tienen trabajo de sobra.
El’Zabar y su actual trio compuesto por: Corey Wilkes (trompeta), Alex Harding (saxo barítono) y Ishmael Ali (cello), han decidido celebrar el cincuenta aniversario de la agrupación, editando un disco titulado Open Me, A Higher Consciousness of Sound and Spirit (2024) con la correspondiente gira. El resultado del trabajo, tanto en estudio como en directo, es escandalosamente bueno. Los interesados en la música negra espiritual no deben dejar escapar la oportunidad de disfrutarlo.
Aunque cada uno de los músicos poseen un instrumento preferente, deberíamos llamarlos multiinstrumentistas, ya que añaden a su especialidad, la habilidad de explayarse, también, con numerosos artilugios de percusión que elevan el concepto sonoro hacia cotas inclasificables. Pocas veces he escuchado un “groove” tan sólido y bailable como en la noche vivida; los pies se desencadenaron.
Resumir todos los estilos incluidos en la llamada black music en hora y media sólo está a la altura de colosos y eso es, sencillamente, lo que hicieron, expresado desde el sentimiento africanista, por supuesto; sirva como muestra la camiseta, con la imagen de Malcom X, que lucía el señor Harding. Escuchamos desde gotas de góspel, blues, bop, free, spoken word a lo Gil Scott Heron (The Whole Word) e incluso trazos impresionistas de George Gershwin. Un festín de primera, vaya.
Kahil El’Zabar se desdobló dirigiendo y tocando la batería, el cajón, campanillas atadas a sus piernas y cantando o, mejor dicho, llorando frases contenidas, expulsadas desde el fondo del alma, con una cualidad tan poco ortodoxa como penetrante. Demostración de talento portentosa.
Espectáculos de esta dimensión no se explican con palabras. Las sensaciones que nos dejó la estratosférica versión de Caravan (Juan Tizol) hay que experimentarlas, cuatro líneas no sirven para nada.
El próximo 8 de noviembre repiten. Obligada asistencia, así de paso opinan sobre este resplandeciente El Molino que ha empezado con muy buen pie el nuevo camino.







Autores de este artículo

Barracuda

Miguel López Mallach
De la Generación X, también fui a EGB. Me ha tocado vivir la llegada del Walkman, CD, PC de sobremesa, entre otras cosas.
Perfeccionista, pero sobre todo, observador. Intentando buscar la creatividad y las emociones en cada encuadre.