Tras la gira de N.S.C.A.L.H. (2021), Joan Pons se sintió bloqueado, la saturación y el saber que la fórmula se estaba repitiendo, le hizo tomarse un descanso que se antojaba imprescindible. Un lustro después, se ha vuelto a embarcar en un nuevo proyecto titulado ERIL ERIL ERIL (2025) que suena fresco, vigoroso, libre y que muchos han calificado como su mejor trabajo cocido hasta la fecha. A guitarra y pulmón abierto, este Eril por triplicado es una excelente dosis de pop elegante e inteligente que ya se ha incrustado en el corazón de sus fans más aguerridos; los que prácticamente llenaron la sala Razzmatazz que está cumpliendo 25 años de trayectoria.
El poeta metafísico Martí Sales encendió la velada con unos versos de tono surrealista y galáctico que concluyeron con un: “Amb tots vosaltres”, El Petit de Cal Eril.
Terminada la curiosa introducción, aparecieron Pons (guitarra y voz) y su trio acompañante, formado actualmente por: Dani Comas (guitarra), Jordi Matas (bajo) e Ildefons Alonso (batería). Entre los cuatro, montaron un show completísimo, de un nivel instrumental notable y que contó con una óptima sonorización. El set programado estuvo compuesto por siete de las nuevas piezas y una docena de lo mejor de su repertorio.
Sin miedo al desafío de lo novedoso (aunque con algún tiempo muerto innecesario) el despliegue melódico lo encabezó el sexteto recién creado en el que destacaron la introductoria Aigua fosca, Jo ja no sóc qui era, Ni rei ni déu ni pàtria (toques psicodélicos a lo Pink Floyd) o La por i l’oblit. Finalizada la presentación de las recientes obras, El Petit de Cal Eril se enfundó el traje de los recuerdos infalibles para desencadenar un tsunami de harmonías reconocibles, aquellas que consiguen volver locos a los más allegados.
Con la colaboración de su antiguo teclista Artur Tort, fabricaron un maravilloso tridente con Pols, Cada dia surt el sol y Sento. De vuelta al cuarteto inicial, siguieron con Ara no sé què dir-te (muy coreada), Amb tot y El plor, una de sus mejores bellas composiciones y en la que les echó un firme cable el aplaudido Ferran Palau, otra de las sorpresas de la noche.
En este tramo final (donde no hubo tregua de hits), regalaron Som transparents, Totes les lleis dels homes y un cierre fino y delicado con Si no fos tant fàcil.
Con el clima creado era imposible que no alargaran la dicha de los entusiasmados espectadores. Lo hicieron interpretando Ei! Sents com refil·la l’òliba?, Partícules de Déu, Decapitació y Cendres, emotiva despedida.
En resumen: El Petit de Cal Eril (“és molt gran El Petit”, gritaba el público enfervorizado) han vuelto por la puerta grande. Motivados, cañeros e iluminados. Esperemos que la nueva inspiración dure una larga temporada.
Como telonera (aunque su rango merece una altura mayor) apareció la cantautora de Vic, Núria Graham, quien nos ofreció un intenso concierto de 40 minutos repleto de temas que hacía tiempo no cantaba. A base de juntar su voz, tan linda como lánguida, con espléndidos guitarrazos de su solista principal, mostró el talento que posee, el que le ha llevado a ser una de las voces más consagradas, del territorio nacional, en el campo del indie-folk.
Intensa noche. Gran regalo de Papá Noel.
Autores de este artículo
Barracuda
Víctor Parreño
Me levanto, bebo café, trabajo haciendo fotos (en eventos corporativos, de producto... depende del día), me echo una siesta, trabajo haciendo fotos (en conciertos, en festivales... depende de la noche), duermo. Repeat. Me gustan los loops.





