¿Podemos salir de un concierto soberbio con un sabor agridulce e incluso algo cabreados? Pues sí y les aseguro que no fue culpa del artista principal ni de los magníficos instrumentistas (incluyendo coristas, 5+2) que le escudaron.
Kiko Veneno intentó presentar sus últimas, íntimas y preciosas canciones ante un público alborotado, en demasía, que tan solo pretendió alterarse con lo conocido. No es ninguna ocurrencia extraña comentar que, en muchos casos, el público decide charlar, beber o hacer caso omiso de lo acontecido en el escenario. Dato curioso cuando uno se ha gastado una pasta para, en teoría, gozar de un cantante predilecto. Se nos podría calificar de intolerantes, extremistas o lo que les pase por su atolondrada cabeza, pero este dictamen no aparece sin ton ni son, el protagonista se quejó de la ausencia de respeto, a su discurso, pasadas cuatro canciones del más reciente repertorio; referencia nada baladí.
El inspirado cantautor se atrevió a lanzar seis temas, de tono introspectivo y novedoso, ante los que pedían los éxitos manidos de siempre. Kiko no es, precisamente, un principiante y sabe a lo que juega. De todos modos, ni él ni los admiradores esperaban un ninguneo tan ruidoso hacia esas creaciones tan limpias y jugosas creadas con la intención de conmover. Si alguien está interesado, las pueden encontrar en Kiko Veneno en La Carbonería (2025), pequeña joya grabada en vivo.
Todo este discurso sería una loca invención sino fuera porqué el mandamás pidió mutismo cuando quiso atacar Puentes Romanos, aunque la mosca ya le había subido a la nariz en Olivia o en la hermosísima Helicrisum, gema de mucho peso. Alterarse no es su talante habitual, pero si la consideración escasea, uno debe rebelarse; aplaudimos el desafío.
A pesar de estos innecesarios disgustos, el resto de la noche salió del modo esperado. En el momento de aterrizar en lo gastado (nadie habla de deterioro) la fiesta se tornó grandiosa. En este largo apartado, aparecieron La Casa Cuartel, Lobo López, Los Delincuentes, Autorretrato, Dice la Gente, Superhéroes de Barrio, Los Tontos, La Rambla de Barcelona (estupendo guiño a rumba catalana), la incombustible Echo de Menos la maravillosa En un Mercedes Blanco y Volando Voy, inevitable, también consecuente. Quedó pendiente la anunciada Memphis Blues Again, nos tememos que el bueno de Kiko estaba harto de tanto follón y decidió desaparecer.
Lejos de querer atacar a la multitud presente, creemos necesario incidir en que los festejos no deben ser, únicamente, carne de distracción. Quizá mirar o congraciarse (de tanto en tanto) con lo que acontece en escena, podría ser imperativo. Kiko Veneno y otros artistas genuinos elaboran su trabajo con devoción y perseverancia; olvidarse de este significativo detalle es, sin tapujos, una canallada.
José María López Sanfeliu y sus colosales compinches, se marcaron un espectáculo de órdago en el que aparecieron ecos de Dylan, funk latino, flamenco y otras variedades estilísticas. Lidiaron el desafío con nota muy alta; no fue nada sencillo.
Las modas pasan, él se queda. 74 primaveras son pocas si existe talento. Veneno lo posee por arrobas. No decaigas maestro, se te quiere.
Autores de este artículo
Barracuda
Òscar García
Hablo con imágenes y textos. Sigo sorprendiéndome ante propuestas musicales novedosas y aplaudo a quien tiene la valentía de llevarlas a cabo. La música es mucho más que un recurso para tapar el silencio.





